Pulis

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El Stoke de Tony Pulis es como la concha roja del Mario Kart: temible y efectiva. Pulis es Wario. Pulis formó parte de la Comunidad del Anillo no para destruirlo sino para hacerse colega de los orcos. Pulis es un poco Van Morrison en sus conciertos: se sienta, no saluda, toca sus canciones, no se despide y se pira. Si te gusta, muy bien; si no, te aguantas.

A Pulis le dieron un equipo de fútbol y creó un ejército.

Yo me imagino las charlas tácticas del cuerpo técnico del Stoke City en una habitación a media luz, en una mesa camilla con un tablero, reglas para medir distancias y papel de fumar. En una de las paredes, un mapa enorme en un tapiz antiguo. Supongo que hablarán de flancos en lugar de bandas, de tropas en lugar de jugadores y de catapultas para referirse a la estrategia a balón parado. Para el Stoke, el Britannia Stadium sería su campamento, su área sería la trinchera, el campo rival, algo así como territorio por conquistar, y el banquillo, la enfermería.

El otro día Robert Huth, el central del equipo, despedía la temporada de una manera muy peculiar: “No me he roto la nariz y sólo me han puesto 28 grapas este año, ¡definitivamente, un buen curso!”. Y es que encima se salvaron, que es su objetivo porque ellos así lo quieren, no porque los demás estén de acuerdo. El Stoke City ha gastado un dineral desde que ascendió en 2008 (sólo al alcance de lo invertido por Manchester City, Chelsea y Liverpool), lo cual habría supuesto un cambio de objetivos para cualquier otro club pero para ellos no. Han terminado todas las temporadas entre el 11º y el 14º (con una final de FA Cup) aunque no han sufrido por perder la categoría lo más mínimo, salvo apenas unas jornadas en este 2013.

El Stoke ha sido un equipo duro como una roca. A veces, muchas veces, más de lo que debía. El Stoke también ha sido un equipo muy trabajado. Casi siempre, más de lo que se decía.

Ahora Pulis se va y ya no sabemos qué será de ellos.

(Foto: nist6ss)

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