Romper con la tradición

Arsenal v FulhamBarclays Premier League

El domingo, para hacer la digestión, los aficionados de Tottenham y Arsenal se acercarán al Emirates desde la boca de metro de Islington y probablemente lo hagan convencidos de que volverán a sus casas saturados de goles. Normal. Dieciséis over 2,5 en los últimos diecisiete años les dan la razón, pero quizá las circunstancias actuales de ambos clubes terminen por romper la rutina goleadora del North London derby.

 Arsenal v Manchester United. Barclays Premier League

Emirates Stadium. Foto: Focus Images Ltd

El Tottenham es un equipo seminuevo en progresiva construcción que quiere ser algo diferente a lo que ha sido en los últimos tiempos: fiable. Fiable cada fin de semana. De haberlo conseguido, el jueves habría estado presente en el sorteo de la Fase de grupos de la Liga de Campeones. Un hecho histórico por lo que hubiese significado por primera vez en muchos años para el Arsenal.

De momento sólo podemos observar una silueta, pero parece que Villas-Boas tiene las ideas claras y por ello se apresuró a cerrar las contrataciones de Paulinho y Capoue, que le ofrecen un punto extra en la presión y le permiten moldear un centro del campo ordenado y poderoso, incluso un escalón más que su Oporto, con tendencia a acuñar como sello propio el 1-0 en casa y el 0-1 fuera. Suena a Tottenham “Invencible”: al dente atrás, desbordando por las bandas y apuntillando arriba con efectividad. El post-Bale, al menos en lo relativo a su ausencia en el terreno de juego, es Soldado esperando socios de última hora mientras conoce los entresijos de la Premier desde el punto de penalti. 6 de 6, poca fluidez, bastante menos ritmo del esperado y Lloris sentado en una tumbona con un mojito en la mano sin tener que girarse para recoger la pelota a su espalda. No está mal.

El Arsenal, por el contrario, es un equipo semidesnatado o casi en polvo en continuo camino a ninguna parte que quiere ser diferente a lo que ha sido en los últimos tiempos: quiere ser ganador. Ganador cada año. Y, para conseguirlo, no ayuda la tradicional plaga de quirófano, esparadrapo y Betadine con la que cierra cada verano, ni tampoco la desquiciante inoperancia en el mercado de fichajes. Hasta la fecha solo ha llegado Flamini, que es un SI. Un si no encuentro otro centrocampista mejor: Flamini.

El equipo juega partido en dos y Ramsey siempre entra en el campo con un peto: cuando la tienen los defensas, va con los defensas; cuando la tienen los delanteros, va con los delanteros. De un lado a otro, así no llegará a Navidad. En medio de esta incerteza ha sido capaz de resolver con facilidad en Europa, de ganar sin despeinarse en Craven Cottage y de pedir vez en el psiquiatra después de la crisis de ansiedad provocada por Benteke y sus villanos. Es un Arsenal reconocible y peligroso porque llega mucho al área y ve puerta con facilidad. Sigue sacando provecho del balón parado con Mertesacker como cebo y los partidos en el Emirates le sientan bastante peor que los jugados como visitante. Todo demasiado previsible. 1-3, 1-3 y cierto temor a repetir resultado por tercera jornada consecutiva e instalarse a las primeras de cambio en el pozo de la Premier, tal y como sucedió la temporada pasada.

Las ausencias de Bale y Podolski, el fútbol templado del Tottenham en este inicio de temporada y la previsible apuesta por Cazorla en la izquierda, dibujan un escenario menos tendente a la borrachera de goles. Pero es el North London derby. A las cuatro, hora inglesa, sobre la hierba más verde de toda Inglaterra.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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