Un día en Stamford Bridge

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5:00h

Había quedado con Jose a las 5:45h. La noche anterior acordamos quemarnos el móvil a base de llamadas tan pronto como uno se levantase. No podíamos perder el autobús que salía a las 6:00h. Él llamó primero; respondí al momento. El plan siguió en marcha: preparamos el desayuno, cogimos suministros como si nos fuésemos a inmolar, galletas por aquí, bollos por allí, y nos encontramos a la hora pactada en Piccadilly Gardens, a pocos minutos de la estación de autobuses de Manchester, con comida y cargadores de teléfono, auriculares, sudaderas extra y doble calcetín, cosas básicas y existenciales para los que vivimos por aquí.

6:00h

Con puntualidad milimétrica, el autobús arrancó en dirección a Londres con nosotros sentados. El viaje tenía una previsión de 5 horas, tiempo perfecto para empezar a recuperar el sueño. A las 6:07h ya estábamos durmiendo, por si acaso llegaba con antelación y nosotros despiertos.

10:50h

Recuperamos la consciencia en Baker Street, ya de día y sumergidos de lleno en la capital de Inglaterra. Calles llenas de gente, comercios, grandes marcas y sol. Sol. Sol en Inglaterra. Igual nos sobraban sudaderas, pero no había tiempo que perder: debíamos ir corriendo a Stamford Bridge a recoger nuestras entradas, no porque fueran a salir volando de allí sino porque habíamos quedado para recibirlas en mano. En el metro conocimos a un hombre, o más bien nos conoció él a nosotros. “¿Sois españoles, verdad? ¿De dónde?“, dijo con un acento un poco extraño. “Jose es de Bilbao y yo, de Madrid“, le respondí. Hablaban perfectamente castellano tanto él como su mujer, ambos por encima de los 50 años. “¡No me lo puedo creer! ¿De qué parte? Yo viví en Bilbao muchos años, ahora trabajo en Sheffield y somos aficionados del Everton“, se exaltó. “Yo cerca de la Plaza Moyúa“, dijo Jose, “y yo en El Retiro“, añadí al respecto. “¡Dos pijos!” fue su detallado análisis de la situación. Estaba emocionado porque en unas semanas iba a conocer en persona a Roberto Martínez gracias a una cena con su peña evertonian. El tipo nos habló de San Mamés, de lugares como Sestao o Barakaldo, temas que supo cubrir bien Jose porque a mí me pillaron un poco en fuera de juego.

Es probable que hayamos batido la plusmarca mundial entre Victoria Station y Fulham Broadway, con sprints por los alrededores del estadio, a falta de confirmación oficial.

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11:15h

Estábamos en hora y teníamos los tickets en la mano. Momento para entrar al estadio y devorar todo lo que teníamos en bolsas. Tres chequeos de rigor y para dentro. The Shed End, el fondo sur de Stamford Bridge, la grada que le corresponde (una mitad) a los aficionados visitantes y que la otra está considerada como la más ruidosa del recinto. Bueno. Quizás. El Everton llevó a 3.000 hinchas de los 41.000 totales que registró el partido contra el Chelsea. Con hora y media para que comenzase el encuentro, matamos el tiempo comiendo: unas patatas, pizzas del día anterior (muy buena idea, minipunto) y demás restos. Tuve tiempo de fijarme en el estadio de arriba a abajo y me llamaron la atención la cantidad de banderas de las peñas de todos los países que hay alrededor de las gradas: Macedonia, Grecia, Hungría, Bélgica, Bermudas (!), Malta, Suiza, etc. Unas fotos y listos para el partido.

Onces iniciales. Juega Lacina Traoré.

14:45h

Fin del partido.

Resulta que al final no jugó Lacina Traoré porque en cuanto las cámaras enchufaron al túnel de vestuarios vimos a Naismith, que partía como suplente. Lacina se había lesionado en el calentamiento y no nos enteramos (sin 3G la vida es dura, añado). Ganó el Chelsea por 1-0 con gol de Terry en el minuto 93 -frente a una pancarta que decía: JT Captain, Leader, Legend)- pero el partido entero fue muy igualado. Pudo ganarlo cualquiera, sobre todo el Everton si Mirallas o Barkley hubiesen estado más finos en varios contragolpes.

“El marcador es duro e injusto, no refleja lo que vimos”, Roberto Martínez.

“Lo siento por el Everton porque el punto habría sido justo”, Mourinho.

Artículo relacionado: Classic Chelsea

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15:40h

Así que dejamos Stamford Bridge entre la masa de gente, dando un paseo con tranquilidad porque teníamos todo el tiempo que nos faltó a la ida para volver al autobús. Volvimos a confirmar lo caro que es el transporte en Londres (más de 8 libras un billete diario de metro), aprovechamos una parada en Victoria Station para chupar un rato del wifi del Caffè Nero (red The Cloud, gratuito, capítulo 1 del manual del viajero en Reino Unido) y al autobús.

16:30h

Montados de regreso a Manchester ya sólo nos quedaba rezarle a Will Hoge y a su magnífico nuevo disco para conciliar el sueño pronto. Cuando llegué a Sometimes Home is Where the Heart Breaks caí fulminado, justo después de la preciosa Still Got You On My Mind, mientras Jose lamentaba la derrota repitiendo éxito -es decir, otra derrota- en nuestra casa de apuestas de cabecera. Poco a poco fue anocheciendo y, tras una cabezada, las dos últimas horas de trayecto fueron más duras que subir El Angliru en correpasillos.

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21:00h

Hablamos de nuestros planes de futuro y de lo que queda de temporada. Llegamos a Manchester a la hora esperada, nos despedimos y nos citamos para la próxima, que viendo nuestro historial será pronto, y mientras volvía a casa, hace justo un rato, además de pensar en la cena, me di cuenta de lo reconfortante que había sido un día así: duro pero gratificante.

No hay muchas cosas mejores que hacer lo que te gusta con la gente que te apetece.

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