Un Stoke posesivo

Arsenal v Stoke Focus Images Ltd

Quizá sea necesario escribir un libro narrando las aventuras de todos los Arsenal v Stoke City y Stoke City v Arsenal de los últimos años; pero como el más indicado para llevar a cabo semejante proyecto sería J. R. R. Tolkien, lo mejor será dejarlo en una crónica.

Los de Wenger saltaron al campo con el once de gala a excepción de Gnabry por el lesionado Walcott, que se cayó de la alineación por problemas en el abdomen durante el calentamiento. El Stoke de Hughes, menos agresivo y más frágil que el de Pulis, con lo habitual: atrás los cuatro de siempre, Nzonzi repartiendo juego, Adam al mando de las acciones a balón parado y Jones chocando con los centrales y bajando balones para aprovechar las incorporaciones desde segunda línea. El elemento extraño era Arnautovic, que aún no conoce muy bien a que juegan sus compañeros o, si lo sabe, parece tener claro que él quiere jugar a otra cosa.

Murmullos, expectación máxima ante el debut de Özil en casa, abucheos unánimes a Shawcross y sed de venganza por la vieja afrenta cerrada con cicatrices en la pierna de Ramsey, que ya compra gomina porque al nivel actual sale a diario en la foto del partido. En esas nos encontrábamos cuando David Dein decretó el comienzo de lo que tradicionalmente era una batalla por la Tierra Media, y en poco más de lo que tarda Huth en rascar el tobillo del delantero rival, Aaron ya sonreía para los flashes. Tras dejar de posar en el photocall improvisado que se montó cerca del banderín de córner, el partido tomó un camino desconcertante.

El Stoke quiso tocarla -¡SÍ!- y al ex manager rojiblanco de la gorra le salió un sarpullido en su salón. El Arsenal retrocedió sin reparos como reposando la cena de la semana pasada en Marsella y de fondo se escuchaba a Mesut afilando el cuchillo para sentenciar a la contra. No lo usó. Tampoco recurrieron a su ADN los visitantes. Hughes quiere que su equipo juegue fluido buscando apurar la línea de fondo cuando se ven obligados a llevar la iniciativa, pero es tremendamente complicado alterar el estilo de juego del último reducto de puro fútbol inglés: Mark no dispone de jugadores con condiciones para practicar un juego medianamente asociativo y, por debajo en el marcador, los potters están acostumbrados a vivir del error del rival. En medio de todo ese desconcierto, Cameron igualó el marcador y Mertesacker lo volvió a desnivelar a balón parado.

Y el Stoke siguió intentando jugar la pelota, dominando la posesión -¡SÍ!- sin generar ocasiones claras de gol. Sólo Huth y Shawcross parecían recordar los tiempos de hierro y fuego cada vez que Giroud controlaba de espaldas y tenía intención de adentrarse en la Comarca del área. Poco más. A trompicones, el partido entró en los minutos decisivos y Özil se la puso con rosca a Sagna para dejar sentenciado el encuentro con un cabezazo en forma de globo.

El Arsenal, muy espeso, se llevó los tres puntos y el Stoke la posesión. Si no la van a usar, que la devuelvan.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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