Una derrota

No sé muy bien qué se supone que debo escribir.

Si es mejor consolar, si tengo que recordar lo que pasó o si lo suyo es mirar al frente.

¿Cómo es posible que se junte todo para que esto se vaya a tomar por culo?

Ese todo es que el balón se estrelle en el palo y entre en la portería, que te falten tus tres centrales titulares porque están lesionados, que juegues 5 partidos en 14 días, que tu tercer cambio toque un balón y se lesione y ese todo, a modo de resumen, es el Wigan.

La del Swansea no ha sido una derrota más de las de uy qué mala suerte y, pim pam, pensamos en la siguiente jornada. No. Y no, porque precisamente se acaban las jornadas. La del Swansea ha sido una derrota que define: si en Wigan pides tomate te traen mostaza, si sales con paraguas va a hacer sol y si te montas en el coche te comes un atasco. O lo que es lo mismo, una derrota de esas de oye, espera, que si vas a marcar mejor me lo meto yo.

Y lo peor: una derrota que era una victoria. No son cero puntos, es restar tres en tu mente.

Entonces uno sale del estadio preguntándose si de verdad todavía es posible, si la salvación se puede conseguir y si no se ha ido ya de forma definitiva. El plan de rescate sobre el que quieren recuperarse es el siguiente: que Norwich y Newcastle pierdan el sábado. Y como el Wigan no juega hasta el martes (en el Emirates, donde ganaron el año pasado), ya sabrán los resultados. Te lo dicen y, macho, cómo no vas a creértelo si ya pasaron por lo mismo y se salvaron.

Nosotros no nos caemos de un acantilado. Y si nos caemos, vamos nadando hasta la orilla“.

Ayer se cayeron y el golpe fue monumental.

El sábado se van de fiesta, porque eso es la final de la FA Cup para ellos.

Luego toca nadar.

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