Ocho años después, casi la misma historia

José Mourinho levanta a Bacary Sagna en un lance del partido (Foto: Focus Image Ltd).

Acabó 0-0, pero el duelo londinense del Emirates dejó la sensación de que, una vez más, Arsène Wenger no había podido con José Mourinho. Salvo en los últimos diez minutos, en los que el Arsenal consiguió acercarse con peligro real en un par de ocasiones, el control defensivo del Chelsea fue absoluto. Se jugó a lo que había previsto el técnico de Setúbal. Le faltó el gol a la contra para redondearlo. Pero su gran triunfo fue demostrar que, varios años después, su receta anti-gunner sigue dando resultados. Özil y Ramsey pasaron prácticamente inadvertidos durante todo el choque. Cuando el galés despertó en el tramo final, el técnico de Setúbal recurrió a David Luiz para reforzar esa zona que se había comportado de la misma manera que lo habían hecho los Essien y Makelelé en los tiempos en los que empezó a manifestarse, aún en Highbury, esta preponderancia del portugués sobre el alsaciano.

José Mourinho levanta a Bacary Sagna en un lance del partido (Foto: Focus Image Ltd).
José Mourinho levanta a Bacary Sagna en un lance del partido (Foto: Focus Image Ltd).

De hecho, el partido me recordó por su guión -que no por su resultado- a ese 0-2 del 18 de diciembre de 2005, cuando el triunfo blue instaló una histórica diferencia de 20 puntos entre ambos contendientes antes de Navidad. Ese día escribí:

Fue un partido intenso, muy duro. Y sobre todo fue un partido de espacios. Escasísimos en el centro del campo, donde el Arsenal no encontraba la forma de mover el balón con profundidad. La presión del Chelsea era asfixiante, juntando sus piezas con una diligencia casi mecánica. Y espacios inmensos entre la última línea “gunner” y su portero, una autopista que encontraron Robben y Joe Cole en cuatro ocasiones. Dos de ellas terminaron en gol. Las estrellas estuvieron discretas: Henry sólo apareció para disparar al poste en la ocasión más clara por parte local. Lampard colaboró en ese trabajo de equipo pero se descolgó poco y lució menos. Highbury acabó sintiendo impotencia porque parecía imposible crearle peligro a esa máquina azul.

A Mourinho le faltó que esas llegadas claras del final del primer tiempo acabaran en gol para que la descripción de hace ocho años fuera perfectamente válida para explicar el partido de anoche cambiando sólo algunos nombres. Y lo realmente preocupante es que Wenger no tocó nada: ni un cambio, ni una alternativa. Han pasado ocho años, la historia se había repetido ya en un duelo de Capital One Cup esta misma temporada, y Wenger no probó nada nuevo ni cuando resultaba evidente que el Arsenal no se encontraba a sí mismo durante el partido. Mourinho se fue con una media sonrisa pese al empate: se fue sintiendo que sigue ganándole al de Estrasburgo todas las batallas tácticas.

Otras visiones del partido:

“Un 0-0 que no pasará a la historia”, por Sergio Santomé.

“¿Por qué José Mourinho dejó libre a Mikel Arteta?”, por Carlos Rosende.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

 

Related posts

2 comments

Heché en falta algún cambio por parte de Wenger,aunque curiosamente los mejores momentos del Arsenal fueron los últimos 10 minutos, por lo menos para intentar algo distinto.

Deja un comentario

*