Algo más que un penalti

José Osorio

El 22 de septiembre de 2013 pasará a la historia como el día en que Balloteli falló su primer penalti como profesional. Hasta la fecha, nadie había conseguido mantenerle la mirada y llegar a la cepa del poste para evitar que la pelota traspasase la línea de gol. Y los que se vencieron unas décimas de segundo antes del golpeo, para tratar de tomar la iniciativa en la liturgia del lanzamiento, vieron como el balón caminaba despacito por el centro de la portería envuelto en la sonrisa de Mario.

José Osorio

(Foto: José Osorio)

Hasta hoy. Pepe Reina, contrastado especialista en el arte de los once metros, se mantuvo firme durante el transcurso del trote del genio de Palermo, ni se inmutó. Arqueó su espalda, se dejó ir hacia delante para acortar un paso la distancia entre el punto de penalti y la porteria y se lanzó ágil a su derecha. Allí se encontró con la pelota, que salió rápidamente rebotada ante la cara de sorpresa de un lanzador (casi) infalible. El récord se quedó en veintiuno, pero el partido de Balotelli fue mucho más que eso.

El Nápoles era, a priori, tan superior línea por línea al AC Milan, con o sin bajas, que el reto se presentaba muy complicado. A día de hoy solo Balotelli puede aguantar la comparación con su par, Higuaín, que asiste, anota y juega muy fácil al espacio en el equipo de Benítez. Es tan manifiesta la diferencia entre ambos equipos que al conjunto del sur le bastaron un par de minutos de presión alta al comenzar el partido para noquear a su rival: a Behrami se le fue por centímetros, la tuvo Higuaín rozando el palo derecho y en una falta lateral bien preparada, Miguel Britos adelantó en el marcador a los visitantes. Tan sencillo, tan rápido. En un ida y vuelta frenético, Zapata y Mexes estaban absolutamente desbordados y las continuas pérdidas en la salida de balón abrían surcos en el borde del área. Los rossoneri, cortocircuitados, no levantaban cabeza.

El encuentro era plácido y los de Benítez, con un Hamsik desaparecido, se acostaron atrás para mantener el resultado y poder cerrar el partido en una contra rápida o en una jugada a balón parado. Ahí emergió la figura de Balotelli: bajando a recibir, asistiendo a sus compañeros, haciendo de centrocampista y de delantero, ejecutando córners y faltas, agobiando a Albiol, chocando en el aire con Britos… Lo intentó de todas las maneras y siempre creó peligro. Higuaín, con un movimiento de nueve del más alto nivel, amplió la diferencia a dos goles, pero Mario siguió a lo suyo. Incluso después de fallar el penalti, medio aturdido, siguió peleando con todos, insistiendo en que el partido no estaba perdido. Con el encuentro casi finalizado, agarró la pelota en el borde del área y se la coló a un Reina que nada pudo hacer ante semejante parábola. Un gol que hacía justicia a los incontables méritos del punta italiano. Al acabar el encuentro, la frustración lo llevó a intercambiar palabras subidas de tono con el colegiado, que no dudó en expulsarlo. Mario no estará en Bolonia y el Milan se queda todavía más huérfano. Sólo Balotelli podía ponerle un broche así a una noche difícil de olvidar… y él tardará en hacerlo.

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