Allegri, la sonrisa del toscano burlón

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Suele suceder. En muchos barrios aparece un chico con talento y sus amigos consideran que llegará muy lejos. Los otros vecinos, mientras escuchan, dan la razón, aunque cuando pueden, por la espalda, dejan claro que fracasará. Como si lo desearan. El caso de Massimiliano Allegri es uno de estos. En Coleto, un barrio de Livorno, los amigos de Max decían que llegaría a la Serie A. Y los otros afirmaban que ese chico delgado con las mejillas chupadas fracasaría, aunque lo decían por detrás. En algunos sitios la gente encuentra placer en ver cómo fracasan carreras y proyectos de sus vecinos. Allegri creció en un ambiente así. Como jugador, sus amigos defendieron que triunfó y los otros, que no llegó lejos. Cuando hace 15 años volvía al barrio, muchos aún consideraban que era un secundario en esto del fútbol.

Los toscanos son gente muy complicada. Curzio Malaparte, que se llegó a definir antes toscano que italiano, decía que el toscano es ese tipo que en el servicio militar se cuadra a las órdenes del superior aunque el superior, cuando mira al recluta, duda sobre si la expresión facial es seria o de burla. Y el toscano, cómo no, por dentro se burla del superior, demasiado listo como para ser pillado. En ocasiones Allegri mira así a los periodistas, con una sonrisa encantadora, de oreja a oreja, aunque puedes deducir en sus ojos que pone esa cara para que no lo puedas criticar, aunque por dentro considere las preguntas estúpidas. Son gente soñadora, de esos que por momentos tienes la sensación que pierden el tiempo. Y de repente, salen con una genialidad. Gente que sabe convertir en arte su trabajo, y también sabe convertir en arte el tiempo libre. Un buen vino, buena ropa, buena comida. ¿Hay algo que sea de mala calidad en la Toscana más allá de algunos souvenirs para los turistas?

Toscana es esa tierra donde muchas ciudades fueron en su momento Repúblicas independientes que libraban guerras entre ellas. Por eso Siena aún no puede ver Florencia. Los toscanos son orgullosos e independientes. Y no les gusta perder, pues su cultura se ha conformado así, compitiendo, ya sea en el Palio de Siena, el Calcio Storico de Florencia o las regatas de Pisa. Tradiciones militares en las que se trata de humillar al barrio vecino. Allegri, cómo no, es toscano. De Livorno, en su caso, la ciudad donde también empezó Chiellini. Aunque Livorno, a diferencia de las otras, tiene una historia diferente, más moderna, ligada a su puerto y los movimientos obreros. Un feudo de izquierdas. Allegri nació en una familia de izquierdas, con un padre que trabajaba, cómo no, el puerto. La típica familia de Livorno. Aunque el chico salió con ideas propias. Se enamoró de la pelota y aunque vuelve cada verano allí, también dejó enemigos. No tiene buena relación con el club local, el Livorno, por cómo lo trataron como jugador, caso similar al de Chiellini. Y en el barrio de toda la vida, los padres de Max aún deben soportar miradas de odio de la familia de la primera novia de Allegri: él la dejó plantada tres días antes de la boda, con todo organizado y pagado. Allegri siempre ha ido por libre y tiene hijos con dos mujeres diferentes. En Italia tiene fama de seductor y de persona que no entrega el corazón a nadie, ya sea club o persona.

Centrocampista bastante elegante, Allegri debutó como jugador en la Serie A con el Pisa contra el Milan, sin imaginar que ganaría una liga entrenando posteriormente al Milan. Solamente jugó dos partidos en el eterno rival del Livorno, el Pisa, donde llegó descubierto por Romeo Anconetani, histórico presidente pisano, exagente de jugadores y un tipo suficientemente loco como para proponer esos años fusionar el Pisa y el Livorno en un club llamado Pisorno. Sería como proponer fusionar el Sporting y el Oviedo. Los hinchas de los dos clubes lo insultaron. Allegri quizás no lo veía mal. Hijo de Livorno, quería jugar en el Pisa pues este club estaba en Primera entonces. O sea, quería ganar y no le importaba demasiado nada más. Aunque no triunfó, en Pisa, y volvió al Livorno para poder jugar. Tenía claro que necesitaba jugar, si quería brillar. Después de medio año, jugó en clubes como el Pavia hasta que su representante, Italo Allodi lo vendió al Pescara. Y aquí pudo volver a la Serie A,  siendo quizás el mejor jugador del Pescara 92-93, colista en la Serie A aunque recordado por golear por 5-1 a la Juve, con dos goles, curiosamente, de Allegri. Después jugó en clubes como el Perugia, el Cagliari o el Nápoles. En total, 11 en 19 años. Cada dos temporadas, Allegri fichaba por otro equipo, dejaba destello de elegancia y lectura de juego, y otro avión.

Head coach of Juventus, Massimiliano Allegri during the UEFA Champions League match at Stade Louis II, Monaco Picture by Stefano Gnech/Focus Images Ltd +39 333 1641678 03/05/2017
Massimiliano Allegri, técnico de la Juventus. Foto: Stefano Gnech/Focus Images Ltd.

Allegri empezó como entrenador en Agliania, una ciudad de 17.000 habitantes entre Florencia y Pistoia. Un sitio pequeño lleno de hinchas de la Fiorentina, donde Allegri colgó las botas, pues los toscanos, cuando pueden, vuelven a la tierra. En su caso en la temporada 2003/04, cuando con 36 años y más de 100 partidos en Serie A a sus espaldas, jugaba en cuarta en la Aglianese. La entidad se quedó sin técnico y la directiva apostó por Allegri, que se había sacado el título de entrenador en Coverciano, a 30 minutos en coche de Agliania. El primer partido lo perdió 2-0 contra el Cuoiopelli, curiosamente el primer equipo como jugador de Max. Allegri, en 1984, había debutado en cuarta como jugador en este club de Santa Croce sull’Arno. Y 20 años después debutaba como entrenador contra ellos. Perdió los dos partidos. Ese de 1984 y ese del 2004, aunque salvó del descenso a la Aglianese con una plantilla con algún veterano como Gianluca Sordo, exjugador de Milan y Torino.

Después de entrenar en la SPAL de Ferrara y en el Grosseto, su primera experiencia en Serie A fue como ayudante de Giovanni Galeone, uno de sus entrenadores de la época como jugador, en el Udinese. Allegri gustó a la directiva, que pensó en él para seguir en el banquillo cuando despidieron a Galeone. Aunque como esa temporada ya había entrenado en Grosseto, Allegri fue sancionado durante tres meses por haber dirigido por un día un club de Serie A. No fue un buen inicio. Su carrera cambió por completo en 2007, cuando dio al Sassuolo su primer ascenso a la Serie B. Esa hazaña, firmada con un juego atractivo, le llevó a la Serie A con el Cagliari. Dos años después ya estaba en el Milan. Una trayectoria imparable. Y después de alargar un poco la gloria de un equipo moribundo, le llegó su gran oportunidad en la Juve. La historia es conocida: Conte se largó con la temporada en marcha, en agosto, y apostaron por Allegri, pese a que los ultras juventinos lo recibieron con pintadas llenas de insulto por su paso por el Milan.

Como en el caso de Lippi, Allegri fichó por la Juve y algunos de sus amigos y familiares se alegraron, aunque a la vez, no les gustó, pues la Juve es un equipo mal visto, el media Italia. Y sobretodo el Livorno. En una ciudad de izquierdas, la Juve es el equipo del poder, de los Allegri. Aunque Max sigue volviendo cada verano a jugar en el puerto al fútbol estilo livornés, en una jaula, cuatro contra cuatro, como hicieron Picchi o Lucarelli. Como hacen todos los jugadores livorneses. Ahora vuelve entre elogios, aunque lo criticaron mucho, cuando empezó como entrenador.

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Massimiliano Allegri, en Mónaco. Foto: Stefano Gnech/Focus Images Ltd.

¿Cuál es la clave de Allegri? Quizás la clave se encuentra cerca, en Coverciano, en la Ciudad Deportiva de la Federación italiana. Allí se sacan los títulos de entrenador los italianos. Por aquí han pasado todos: Conte, Lippi, Ancelotti, Ranieri, Sacchi, Guidolin, Carrera…un Centro deportivo donde los entrenadores deben presentar un tesis y pasar por unas clases lideradas por el veterano Renzo Ulivieri. Este entrenador, toscano, como no, es un tipo particular. A la vez que entrenador, es regidor en el ayuntamiento de San Miniato, preciosa ciudad cerca de Pisa famosa por sus trufas. Ulivieri tiene en su mesa, en su despacho, un busto de Lenin. Se considera comunista y admite que en los 70 se volvía loco cantando los goles de Blokhin con la URSS. Admirador del fútbol total, Ulivieri quería ser como Kovacs, el húngaro con pasaporte rumano que influenció tanto en Holanda. Aunque cuando lo visitó, Ulivieri entendió que eso no funcionaria nunca en Italia, por falta de disciplina. Ahora, este anciano con cara de enfadado enseña a los futuros entrenadores que deben aprovechar las oportunidades. Que no deben intentar ser como los otros. En este sentido, Ulivieri prioriza al individuo por encima de las normas o leyes. “No existe el estilo italiano. Existe un partido y tus jugadores. No queremos formar entrenadores todos iguales, formamos personas para que sepan aprovechar las oportunidades” suelen afirmar. Antes que comunista, que lo sigue siendo, Ulivieri es toscano. Y prioriza el individuo y lo que encuentra por el camino.

Y eso es Allegri. En su carrera ha sido acusado de “demasiado ofensivo” en el Sassuolo, de “muy defensivo” en el Milan o de “no tener ideas” en su primer año en la Juve, pues seguía los pasos de Conte. Lo han acusado de gestionar mal los vestuarios por algunas broncas, aunque los resultados lo  defienden. Allegri simplemente aprovecha las oportunidades. Llega, analiza y saca provecho. Ese es el estilo de Allegri: su estilo. Y el estilo se puede ir adaptando. Si su primer año en la Juve fue eso de gestionar el legado de Conte, el segundo fue adaptarse a los cambios de jugadores. Este, le ha tocado crecer, modificando cosas, sacando provecho de todo. De un problema, un buen entrenador saca una solución. Cuando Mandzukic gritó en medio del vestuario que quería jugar y estaba enfadado, Allegri lo supo gestionar. No tenía intención de sentar a Higuaín, así que se inventó la nueva posición del croata por la banda. Así evitaba tener una bomba de relojería en el vestuario. En los duelos europeos contra el Mónaco, fue difícil definir la táctica defensiva. ¿Qué demonios era eso? ¿Línea de tres, de cuatro, de cinco, de siete? Lo importante es que funcionó, con Alves arriba y abajo, Barzagli sobre Mbappé y Mandzukic por momentos a la misma altura que Alex Sandro. Mientras muchos intentaban descifrar el estilo, Allegri sonreía con esa mirada burlona. Ese es su estilo: aprovechar lo que tienes y ganar.

En unos años, Allegri no dejará ningún legado táctico. Aunque cuando vuelva al barrio, todos lo mirarán con respeto. Y esa es su gran victoria.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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4 comments

Excelente, muy bien descrito el por que? y no el tipico análisis táctico, su idiosincracia y naturaleza humana. Muy bueno más como estos artículos.

De un tiempo a esta parte, me he llegado a dar cuenta que los “legados tácticos” están sobrevalorados.
Buen artículo, como siempre.

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