El nuevo Antonio Conte

Cagliari Sant'Elia - Alessandro Cani

Tommaso Giulini tuvo el triste honor de descender en su primer año como presidente del Cagliari. El club sardo encadenaba 11 años en la Serie A, aunque con demasiados problemas en los despachos. La reforma del estadio de Sant’Elia, el exilio jugando en Trieste por falta de campo, falta de dinero y un propietario, Cellino, que se empeñó en comprar el Leeds entre conciertos (toca la guitarra) y demandas.

Cuando Cellino, cansado, le vendió el Cagliari a Giulini, empresario milanés de 37 años, parecía un negocio peligroso. Y así fue: descenso. Giulini apostó por entrenadores con mucho nombre y fama de jugar bien, como Zeman y Zola. Fracasó.

Orgullo sardo

Este año el Cagliari juega en la Serie B. Golpe duro. El único club sardo que ha jugado en la Serie A llegó a Primera solamente en 1964. Aunque en 1970 ganó su única liga, esa con Gigi Riva marcando goles. Fue la primera vez que un equipo del llamado ‘mezzogiorno’ ganaba el scudetto. Antes que el Nápoles. Ese año, 1970, los sardos se sintieron orgullosos. La relación de Cerdeña con el resto de los italianos nunca fue fácil: muchos entienden la isla solamente como un destino turístico de cierto nivel, con sus playas y centros residenciales de lujo. Muchos sardos se sienten, en parte, como colonizados.

Los mejores años del Cagliari fueron, curiosamente, los más duros en la isla. El impacto del turismo y la industria pesada alteró la forma de entender la vida tradicional: la agricultura y la pesca fueron barridas por grandes químicas y fábricas. Además, su situación, en medio del Mediterráneo, muy estratégica, provocó que Cerdeña se convirtiera en una gran base militar de la OTAN. Muchos sardos se organizaron a nivel político, afirmando ser herederos de los grupos de bandoleros que se oponían ya a los piamonteses en el siglo XVIII.

Se vivieron manifestaciones, luchas, detenciones y violencia. Incluso grupos se vivieron secuestros de famosos o sus hijos que venían de turismo a la isla, por parte de grupos de montañeses sardos que pedían dinero (el cantante Fabrizio de André fue secuestrado y salió del secuestro enamorado del idioma sardo). En medio de todo esto, el Cagliari ganó su liga. Los sardos son duros.

El delantero odiado en Nápoles 

El Cagliari se ha convertido los últimos años en un equipo bastante grande, pese al descenso. Ya no aspira a Europa, como en los 90, aunque su sitio no es la Serie B. Y en junio, casi seguro, será otra vez equipo de Serie A. Giulini, el presidente, ha apostado por un entrenador joven sin la fama de Zeman o Zola. Y funciona: Massimo Rastelli. Rastelli cada vez suena más como uno de los entrenadores jóvenes con más talento del fútbol italiano. Sus resultados así lo indican.

Si en Cagliari no acaba de gustar tener un presidente de Milán, gusta más tener un entrenador del sur de Italia, aunque no sea sardo. Rastelli es terrone, terrone. De Torre del Greco, cerca de Nápoles, nacido a la sombra del Vesubio. Rastelli tiene esos ojos bondadosos que imaginas en los pescadores del sur, una narizota de bonachón y la piel tostada de quien ha jugado en la playa. Como entrenador, lleva solamente seis años en esto. Como jugador, tiene mil batallas en sus espaldas, aunque casi todas, derrotas, victorias pírricas, años lejos de la Serie A.

Rastelli, delantero, se pasó años en la Serie C y B con equipos de cierto nivel. Clubes que pueden llenar estadios con 10.000 hinchas en sus buenos días, aunque viven lejos de los grandes escenarios, como el Catanzaro, el Mantova o la Lucchese toscana. Luego, con casi 30 años, llegó al Piacenza cuando este club jugaba en la Serie A, viviendo cuatro años mágicos en que esta modesta entidad. De los 4 años en el club lombardo, tres fueron en la Serie A.

Fueron años bonitos. El Piacenza derrotaba a equipos grandes y cada año evitaba el descenso como podía. En la temporada 1997/98, la primera de Rastelli en el club, marcó en los últimos minutos del partido contra el Nápoles con los dos equipos luchando por no bajar (1-0). Y bajó el Nápoles, su equipo del alma de niño.

La temporada 1998/99 fue entrenado por Giuseppe Materazzi. Sí, el padre de Marco. En ese Piacenza jugaba el veterano Pietro Vierchowod, campeón del mundo en 1982. Y un chaval nacido en la ciudad, en Piacenza, llamado Simone Inzaghi. El hermano mayor, Filippo, formado en el club, ese año ya jugaba en la Juve. La dupla Inzaghi-Rastelli jugó buenos partidos, como este contra el Cagliari, su actual equipo.

Después de un descenso en el año 2000 y un ascenso con el Piacenza en 2001, Rastelli volvió a casa: Al Nápoles. Ese año, el Nápoles jugaba en la Serie B después de un traumático descenso, el segundo en cinco años. El Nápoles fichaba un delantero experimentado de la región. Parecía el sueño hecho realidad de Rastelli: volver y ser héroe en el ascenso. Pues bien, fue villano: marcó pocos goles y en un partido clave para superar a la Reggina en la tabla lo falló todo delante más de 65.000 hinchas en San Paolo. Salió de Nápoles hundido, por la puerta de atrás. Aún hoy, los napolitanos se mofan de él: “fallas más que Rastelli delante el portero”. En Nápoles, no es amado, pues perdonó esos goles y luego se largó precisamente a la Reggina. Con el club calabrés jugó su último año en Serie A, como suplente: no marcó ni un gol.

Después, el delantero acabó militando en más equipos, siempre como suplente, siempre lejos de la Serie A: Como, Avellino, Sorrento o Juve Stabia, equipo, este, de la población vecina de Torre del Greco, su ciudad natal. En total, solamente marcó 8 goles en la Serie A con el Piacenza. Aunque el destino le tenía guardada una venganza. En 2005 jugaba en el Avellino, históricamente, el gran rival local del Nápoles. El Avellino es pura pasión: a nivel social es un club más grande que muchos de Serie A, aunque no juga en Primera desde 1988. Ese año, el Nápoles y el Avellino se encontraron en la Lega Pro, después de la bancarrota de los napolitanos. Pues bien, en la liga, el Avellino empató en Nápoles y luego ganó 2-0 en casa con un gol de… Rastelli. Además, los dos clubes se encontraron en el play-off final de ascenso: 0-0 en San Paolo y 2-1 en el Partenio, aunque sin gol de Rastelli. Sea como sea, Rastelli ascendió a Serie B con el Avellino contra el Nápoles. En Avellino es amado. En Nápoles, no.

El entrenador del futuro

Rastelli se retiró en la Juve Stabia y allí empezó como entrenador, en la Lega Pro Seconda Divisione, la cuarta categoría del fútbol italiano. Primer año, primer ascenso. Luego se marchó al Brindisi y el Portogruaro, consiguiendo la permanencia.

En 2012, Rastelli volvió al Avellino como entrenador. Y de nuevo, la cosa funcionó: primer año, y ascenso a la Serie B. Segundo año, permanencia en el bolsillo. Y en el tercero, play-off de ascenso a la Serie A. Solamente un gol lo dejó sin ascender contra el Bolonia. Y con un disparo en los últimos minutos al travesaño que casi significa el ascenso. En el Avellino demostró poder gestionar jóvenes talentos como Ely, el defensa cedido por el Milan. Y potenció jugadores como Zappacosta (Torino), Izzo (Genoa) o Trotta (delantero internacional su’21 del Avellino).

Este año, puede llegar su tercer ascenso en 7 años como entrenador. Con el Cagliari. El equipo sardo lidera la tabla por delante del sorprendente Crotone. Aunque los dos clubes han abierto un agujero sobre el tercero. Y los dos primeros ascienden. El Cagliari gana y gusta. Rastelli suele jugar con un 4-3-1-2, aunque en ocasiones juega con defensa de tres. Muchos lo consideran el nuevo Conte: del sur, peinado similar, misma pasión en el banquillo.

Muchos comparan a Rastelli con Antonio Conte. Foto: Focus Images Ltd.
Muchos comparan a Rastelli con Antonio Conte. Foto: Focus Images Ltd.

Estudioso de los rivales, Rastelli dispone de un bloque experimentado con Storari en la portería y jugadores como los defensas Capuano, Balzano o el esloveno Krajnc; Dessena (lesionado), el brasileño Joao Pedro o el ex jugador del Milan Di Gennaro en el centro del campo, y los delanteros Diego Farias, Melchiorri, Barrella o la gran estrella, Marco Sau. Sau, sardo, sufre problemas musculares, aunque sigue siendo la bandera del equipo. Y el colombiano Tello, cedido por la Juve, apunta buenas maneras.

Rastelli mantiene líder al Cagliari. Han perdido 3 partidos de 21, en casa solamente han cedido puntos curiosamente contra el colista, el Como, y ningún equipo mete tantos goles como ellos. Su defensa es buena (la cuarta más sólida de la Serie B) y el juego gusta. Rastelli empieza a sonar como entrenador de futuro. En la Serie A, lo siguen. Y él afirma que se quiere quedar tres años en Cagliari, los de su contrato. Rastelli es uno de los entrenadores de moda en Italia, junto al entrenador del Frosinone, Stellone. Juntos, por cierto, compartieron la delantera del Nápoles en 2002. No funcionaron. En los banquillos, sí.

Foto de portada: Alessandro Cani.

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