El Scudetto de Max

Allegri Juventus Focus

Despedido por el Milan a principios de 2014, Massimiliano Allegri se pasó viajando sus primeros meses en el paro en años visitando ciudades deportivas y entrenadores. Y también en su Livorno natal, jugando al fútbol cerca del mar, en una pista en forma de jaula tradicional de la ciudad toscana. Allegri le había dado una liga al Milan y lo había mantenido a flote pese a que la entidad se hundía detrás del telón. Seguramente sin él, la crisis de uno de los clubes europeos más prestigiosos habría empezado antes. Las últimas temporadas con una plantilla discreta mancharon un poco su currículum, no tenía buena prensa.

No era un entrenador top. Cuando la Juventus lo fichó para ocupar el vacío de Antonio Conte, pocos lo comprendieron. “Entiendo el escepticismo de los aficionados. Les convenceré con trabajo, respeto y profesionalidad”, dijo. Dos años más tarde, la Juve se ha entregado a Allegri. “Solamente le falta ganar la Champions League. Ha mejorado a Conte. Fue un acierto”, afirmó Marcello Lippi acerca del entrenador. “Ha demostrado ser un gran entrenador, ha gestionado de forma estupenda la crisis de resultados, ha reconstruido el equipo y le ha dado una personalidad definida. Me gustaría ver ahora a esos que pedían su cabeza en octubre”, escribía en un artículo con pasión Cesare Prandelli.

Es el Scudetto de Max, ha admitido Gigi Buffon. En su primer año, el míster italiano trabajó sobre la base de Conte y ganó la Liga y la Copa. Y casi la Champions. En su segundo año, ya es la Juve de Allegri. Sin Pirlo, Vidal o Tevez, le ha dado otro aire. Superó los problemas iniciales y consiguió convertir el peor inicio de competición en uno de los Scudettos más celebrados. Remontando, callando bocas, como le gusta a la Juve. “Nunca se puso nervioso. Es un entrenador tranquilo”, expresó Claudio Marchisio, ahora lesionado. En un momento, Allegri, con su acento toscano cerrado, les dijo a los jugadores que si la cosa no mejoraba caería su cabeza. Y que, por tanto, ellos debían trabajar con calma. “Si estamos concentrados, los resultados llegarán”, les anunció, dejando que Buffon y Evra se encargaran de los gritos. Supo dejar al equipo gestionar las emociones en determinadas situaciones. Y les ofreció soluciones tácticas. Así nació su Juventus.

Ha sido un largo camino el que le ha llevado a tocar el cielo. Hace 12 años se encontraba en Agliania, una ciudad de 17.000 habitantes, entre Florencia y Pistoia. “Aquí casi todo el mundo ama a la Fiorentina. El equipo local es demasiado modesto “, refleja Mirko Marett, quien en la temporada 2003-04 jugaba en la Aglianese, el equipo local, que había subido un año antes a la cuarta categoría del fútbol italiano. La entidad se quedó sin técnico y la directiva apostó por uno de sus jugadores que colgaba las botas: Massimiliano Allegri. El primer partido lo perdió 2-0 contra el Cuoiopelli, pero el equipo evitó el descenso. “Nos sorprendió cómo se relacionaba con los jugadores. Era muy directo, decía las cosas sin esperar pero con sinceridad y respeto. Es un buen gestor de grupos”, comenta Marett, que pudo jugar con Allegri y Gianluca Sordo, exjugador de Milan y Torino, en esa Aglianese.

Centrocampista bastante elegante, Max debutó en la Serie A con el Pisa contra el Milan. Jugó en clubes como el Perugia y el Nápoles. Y con el Pescara le hizo dos goles a la Juve en 1993, en un sorprendente triunfo por 5-1, ya que el Pescara estaba descendido. Nunca fue internacional y se retiró en la Aglianese, donde comenzó una carrera de técnico en la que ha conseguido los éxitos que, por su talento, muchos le pronosticaban como jugador. “Si como futbolista hubiera tenido el mismo carácter que tengo ahora, habría llegado a la selección”, admitió en 2012.

Después de entrenar en la SPAL de Ferrara y en el Grosseto, su primera experiencia en Serie A fue como ayudante de Giovanni Galeone, uno de sus entrenadores de la época como jugador, en el Udinese. Allegri gustó a la directiva, que pensó en él para seguir en el banquillo cuando despidieron a Galeone. Aunque como esa temporada ya había entrenado en Grosseto, Allegri fue sancionado durante tres meses por haber dirigido por un día un club de Serie A. No fue un buen inicio.

Su carrera cambió por completo en 2007, cuando dio al Sassuolo su primer ascenso a la Serie B. Esa hazaña, firmada con un juego atractivo, le llevó a la Serie A con el Cagliari. Dos años después ya estaba en el Milan. Una trayectoria imparable. Y después de alargar un poco la gloria de un equipo moribundo, le llegó su gran oportunidad en la Juve. Y no ha fallado.

Si su primer título liguero fue un éxito sobre la base del trabajo de Conte, éste lleva su sello. Y eso que no pudo fichar a Draxler, como quería. Pese a las lesiones de Morata, Mandzukic o Khedira. Pese a los problemas de corazón de Lichtsteiner. Después de dar tumbos buscando la táctica ideal, Allegri apostó por un 1-3-5-2 en el derbi contra el Torino en el que salvó el cargo, el primer triunfo de los 24 en 25 jornadas. La clave ha sido ir perfeccionando la idea y mejorando los pequeños detalles. Su personalidad es perfectamente reconocible sobre el césped. Y ahora afronta un nuevo reto: competir mejor la próxima temporada en Europa.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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