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La segunda derrota del Inter como local en la liga italiana (1-2) llegó a manos de una Lazio reconocible. Por fin los de Stefano Pioli mostraron la identidad que llevó al equipo romano a alcanzar la tercera posición en la pasada Serie A, vía directa para la disputa de la previa de la Liga de Campeones este mismo verano –donde fueron superados con claridad por el Bayer Leverkusen–: un entramado defensivo sólido y solidario capaz de desplegarse rápido en ataque cuando recupera la pelota. Con Antonio Candreva de dulce, el centro del campo visitante puso el rigor táctico necesario para sostener la propuesta de los biancocelesti. A mayores, para doblegar al líder en su casa siempre se necesita una pizca de fortuna y esta vez la entidad presidida por Claudio Lotito gozó de la condescendencia de un Felipe Melo nervioso hasta el extremo. El brasileño perdió los papeles cuando el partido exigía manejar los tiempos con delicadeza –no es la primera vez ni será la última–: cometió un penalti absurdo que a la postre serviría a la Lazio para sentenciar el choque en el 89′ y acto seguido sería expulsado al golpear en el hombro a Lucas Biglia con su pierna derecha. Quizá no hubo malicia en su acción, pero la patada del mediocentro pareció más propia de un arte marcial que de un intento de despeje.

Los neroazzurri comienzan a sentir la presión de la Juventus en el cogote, además de la incomodidad que provoca levantar la cabeza y observar la presencia permanente de Fiorentina y Nápoles en el espejo retrovisor, por lo que deberán limitar al máximo este tipo de errores si quieren competir por el título hasta las últimas jornadas. No es un tópico, es una necesidad: un equipo construido a partir de futbolistas experimentados no puede cometer imprudencias de este corte cuando persigue convertirse en campeón. Por mucho que Felipe Melo tenga un rol fundamental como ancla y sea un jugador del agrado de Roberto Mancini, estos cortocircuitos se pagan caro a medio plazo. “No me gustó el partido, pero nos las estábamos arreglando para sumar un empate y lo tiramos a la basura por culpa de una acción estúpida“, dijo el técnico italiano en sala de prensa. “No jugamos bien, pero la Lazio no hizo nada para llevarse los tres puntos. Esta derrota debe servirnos de lección”. Encauzar a Melo a estas alturas de su carrera es prácticamente imposible; impedirle que deje de competir cuando sus compañeros más lo necesitan sí es imprescindible.

Escenarios complicados como el diseñado por la Lazio pondrán a prueba el autocontrol del Inter en el futuro. Y no les sobra. 

Pese a otro gol de Icardi (ya suma 6 después de un inicio de liga sin puntería), el Inter no pudo con la Lazio. En parte, por los errores de Felipe Melo. El brasileño, muy amado ya por la hinchada, se entrega siempre. Y en ocasiones se equivoca. Cometió un penalti sobre Milinkovic-Savic y acabó expulsado después de ver dos amarillas, una por poner la bota en la oreja de Biglia. Melo afirmó que su intención no era hacer daño al argentino. Sea como sea, el daño fue a su equipo. Turrones amargos en casa del líder. Los rivales se acercan. [Una jornada en el Calcio con Felipe Melo].

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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