Hasta nunca, Silvio

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Silvio Berlusconi debería sentir simpatía por algunos de los empresarios chinos que compran equipos europeos, pues tiene mucho en común con ellos. Como en su caso, no se trata de niños nacidos en una cuna de oro que aprovechan la fuerza de un apellido para tener las puertas abiertas saltándose diferentes pantallas que otros jóvenes sí tienen que superar. Berlusconi, que cantó canciones en cruceros delante de turistas, tiene un mérito indudable: todo lo que tiene, todo lo que le ha sucedido, lo ha conseguido él. Lo bueno y lo malo.

Después de 31 años, Berlusconi ha decidido vender el Milan. Han sido meses de negociaciones con diferentes empresarios y grupos asiáticos. Normalmente, las negociaciones se rompían, pues Berlusconi se resistía a perder su juguete, su Milan. Y eso que hace unos 45 años el fútbol le importaba poco: solamente pensaba en ganar dinero. Después de la construcción, Berlusconi se metió en la televisión. Y allí descubrió los derechos para poder emitir fútbol. Pronto entendió que en este sector tendría poder, dinero y una plataforma única para construir la imagen de ganador que siempre soñó con tener. Así que el Milan ha sido especial para él y no lo quería vender aunque era evidente que se trataba de lo más lógico. Para ceder, lo ha hecho a cambio de mucho dinero. Rossoneri Sport Investment Lux, un conglomerado inversor chino creado con esta misión y liderado por el empresario Yonghong Li, paga unos 740 millones de euros, además de asumir más de 200 millones de deudas. Todo tiene un precio.

Han sido 31 años en los que el Milan ha sido envidiado y admirado. Sí, los últimos cinco o seis más bien han sido de chiste, aunque si miramos el global, Berlusconi se ha salido con la suya. Su Milan ha ganado 29 títulos, entre ellos ocho ligas y sobre todo, cinco Champions. Sumadas a esas en blanco y negro, el Milan cuenta con siete Ligas de Campeones. Solamente el Madrid suma más. La Juve únicamente tiene dos. El Inter, tres. En el período Berlusconi, el Milan ha ganado tantas Champions como Inter y Juve juntos en más de 60 años.

Celtic v AC MilanUEFA Champions League
Aficionados del Milan (Foto: Focus Images Ltd).

Berlusconi ascendió al cielo entre mentiras y verdades. Una vez contó cómo vendió su primer piso. Gracias a su padre, trabajador en un banco, consiguió apoyo para comprar un terreno y levantar su primer edificio. Él mismo, sin camiseta, pintaba el garito instalado en el acceso al terreno que se convertiría en la oficina de venta. Y fue entonces cuando llegaron los primeros interesados. Berlusconi, con el torso sudado y desnudo, balbuceó una excusa, se hizo el tonto y desapareció. Cinco minutos después llegó un joven aseado y vestido elegante. De forma informal, aunque elegante. Y vendió el piso. Era el mismo Berlusconi, quien pidió perdón a los compradores por el carácter de su primo. Es decir, se inventó la existencia de un primo, al que definió como “tontito y bondadoso”, cuando en verdad era el mismo. El arte de saber vender.

Y nadie vendió mejor el Milan y el Calcio que Berlusconi. Mientras potenció una televisión de nivel vergonzoso, con programas-basura que conseguían grandes audiencias y en los que el papel de la mujer siempre era humillante, mostrando carne y sin hablar demasiado (fue Berlusconi el que importó este modelo a España, aunque fracasó en Francia), convirtió un Milan arruinado, que había vivido dos descensos, uno en los despachos y otro en el terreno de juego, en una máquina. Fichó a Arrigo Sacchi del Parma, a los holandeses, a Ancelotti, a Donadoni… y sumados a los Maldini o Baresi, de la casa, el Milan explotó. En pocos meses ganaría la liga y no tardó mucho en ganar la Champions, en el año 1989, contra el Steaua en Barcelona. El equipo jugaba bien, era mediático, era imbatible. Ya el día que se presentó como propietario, Berlusconi ideó una puesta en escena genial: descendió sobre el campo, el Arena Civica, lugar de la presentación, en helicóptero mientras sonaba la música de Wagner que, unida a los helicópteros, nos hace pensar a todos en Apocalypse Now. Llegaba como un conquistador. Y lo conquistó todo.

Luego se metió en política y lo volvió a conquistar todo. En pocos años ganó las elecciones, mandó en Italia y veraneó con Putin o George Bush hijo. El Milan lo controlaba su fiel Adriano Galliani, y pese a los errores cometidos a la hora de fichar entrenadores o jugadores, el Milan siempre se mantuvo entre los mejores. Y Milanello era la ciudad deportiva envidiada por todos, con su modélico Milan Lab.

Luego empezaron a llegar los problemas con la justicia. Bien, siempre existieron, incluso antes de comprar el Milan, aunque los últimos años fueron especialmente duros. Y la crisis económica. Y la lucha de poder entre Galliani y su hija, Barbara Berlusconi. El Milan dejó de ser intocable. Berlusconi empezó a perder el control sobre sí mismo, con casos mediáticos y judiciales con prostitutas, adolescentes y fiestas bunga bunga. Berlusconi, el hombre que levantó un Milan casi perfecto, el tipo que ideó una imagen de ganador a su medida, se convirtió en un guiñol. Tocaba vender.

En 2015, el tailandés Bee Taechaubol ofreció más de 500 millones de euros por el 60% del Milan. En 2016, un grupo de inversores chinos, 580 millones por el 51%. Y Berlusconi lo rompía todo entre la frustración de una hinchada que empezó a mirar a los palcos VIP porque quedar fuera de Europa una y otra vez era muy duro. El buen trabajo de Massimiliano Allegri, hasta 2014, apuntaló un proyecto acabado hasta que el actual entrenador de la Juve no pudo hacer más milagros. Empezaron a desfilar entrenadores que duraban tres meses. Berlusconi los vacilaba en publicó, como cuando exigió a Inzaghi, delante de las cámaras, gritar “¡Atacad!” como un loco. Justo antes de preguntar a Muntari si era cierto que su esposa era muy bella. “La quiero conocer” dijo, antes de soltar que no entendía que podía hacer una mujer bella con Muntari.

Milan Allegri Focus
Allegri, como entrenador de Milan (Foto: Focus Images Ltd).

“Vender el Milan es como vender un pedazo de mi corazón. Aunque la realidad es ésta. Ninguna familia italiana puede poner el dinero necesario si se quiere competir con los más grandes. Yo he sido el mejor presidente, lo hemos ganado todo. Ahora, este modelo no puede seguir. Si llega un buen inversor, vendo el Milan. Si no llega, me quedo con un proyecto: un Milan sólo con jugadores italianos. Como una selección. Hay demasiados jugadores extranjeros”, dijo tomando copas después de un acto electoral en Génova en 2016. Ese mismo año, soltó algo peor: “Los chinos comunistas dejaban morir a sus hijos y se los comían. ¿Y tengo que vender el Milan a estos chinos?”. Convertido en un bocazas incontrolable, perdió incluso el control en su partido político, Forza Italia. Y finalmente, vende su Milan. A los chinos, cómo no.

La operación es buena, aunque pocos saben a la perfección quién es la cara visible de este conglomerado, Yonghong Li, con inversiones en el sector minero y la construcción. Involucrado en un caso de estafa en los inicios del boom constructor en China, Li ha conseguido finalmente cerrar el período de Berlusconi. Y todo, justo antes del primer derbi de Milan con los dos clubes en propiedad de grupos inversores asiáticos.

Berlusconi, un ser despreciable por sus bromas racistas, su sexismo, su desprecio a la cultura, su falta de tacto y sus más de diez acusaciones por corrupción, se marcha del Milan. Cuando lo compró tenía deudas, y ahora también. Cuando llegó tenía un palmarés correcto, y ahora el palmarés es muy bueno. En 1986, el Milan tenía ultras de izquierdas, él los expulsó y potenció a ultras de extrema derecha. A su llegada, el Milan era poco admirado; y ahora acumula 25 años en los que sido uno de los clubes más envidiados, goleando al Madrid por 5-0 o al Barça por 4-0. Berlusconi, el bufón, nunca fue un bufón. Siempre ha sido un ganador. Ha ganado más que ha perdido. Durante toda su vida, casi siempre se ha salido con la suya. Y los últimos años no pueden borrar eso. Aunque no guste aceptar que el Milan que muchos admiramos y gozamos tenía detrás a un tipo profundamente oscuro. La cara y la cruz del fútbol, en la misma moneda. Esa de Don Silvio, el tipo que siempre tenía monedas en los bolsillos.

Durante años, la única cosa que me gustaba relacionada con Berlusconi era su Milan. Ver a Maldini, quien cómo no, ha acabado peleado con Berlusconi. Ver a Sheva, ver a Kaká, ver a Pirlo. Hasta hace poco no me había cansado del Milan de Berlusconi. De Berlusconi me cansé desde el primer día. Hasta nunca, Silvio.

Foto de portada: Carta de despedida de Silvio Berlusconi compartida por el Milan a los medios de comunicación.

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7 comments

Magnífico artículo, como siempre.
Tengo que preguntar, aunque no sea de fútbol, sobre el tema de la tele. Te refieres a que él exporto el modelo televisivo o a qué fue copiado en España y en Francia también pero no triunfo? Entiendo el tipo de programa al que te refieres, pero en este caso tiene nombre y apellido?

Creo que Toni va más en la línea de que Berlusconi y su grupo Mediaset desembarcaron en España con la idea de todo vale para conseguir audiencia, la misma táctica que le funcionó en Italia. Y es por eso que hemos tenido que soportar en TV las majaderías de Tele5 y Cuatro, ésta última cadena, además, que no tiene nada que ver con la programación que tenía en su origen y se ha transformado de la peor manera tras adquirirla la empresa dirigida por Paolo Vasile, Mediaset España. Por cierto, que el lema de este individuo es ” hacemos TV para vender publicidad”, y eso ya dice bastante…

Si, sabia que tipo de tele es. Me interesaba el tema por la comparativa con Francia. Y con ejemplos me parecía más contundente. No está de más recordar estas cosas cuando sacamos pecho por nuestro estupendo “carácter mediterráneo”.
Lo del lema no lo sabia Juanjo, muy ilustrativo.

Cuantos nos hicimos fan del Milan con los holandeses (Gullit, Van Basten, Rijkaard), un gran equipo, a la gestion de Berlusconi le han sobrado al menos los ultimos 10 anhos, hay que quedarnos con los buenos momentos de su gestion que como menciona el articulo son muchos.

Gracias Toni, todo verdad.
Lamentablemente, y lo digo siendo de Milán como Berlusconi, es que su legado va mucho más allá de los titulos ganados, los barrios construidos, los periodicos vendidos y las audiencias conseguidas.
Por mucho que se le critique, en el fondo en Italia su forma de ser se ha convertido en modelica.

Solo discrepo con la frase sobre Allegri. Ganó un Scudetto con Ibra y Thiago Silva, todavia habia dinero.

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