La montaña rusa giallorossa

Rudi Garcia Roma - MarcadorINt

Por segunda jornada consecutiva, la Roma dejó escapar un resultado favorable y terminó empatando un partido que iba ganando. El conjunto giallorosso vive en una montaña rusa a nivel emocional que marca el ritmo de los hombres de Rudi Garcia, un bloque de enorme potencial a título individual que poco a poco se va alejando de los cuatro primeros clasificados de la Serie A. Las condiciones de sus jugadores, sus virtudes, siguen ahí, como demostraron los futbolistas en una primera mitad en la que la Roma fue muy superior a un Milan errático. Sin embargo, el problema parece psicológico. Cualquier contratiempo derrumba al conjunto capitalino, que venía de desperdiciar un 0-2 ante el Chievo en Verona y este sábado estuvo cerca de perder ante un Milan que tampoco pasa por su mejor momento. Es como si el muñequito rojo que representa el sentimiento de la ira en Inside Out se apoderara del equipo y empezara a aporrear sin sentido alguno el sistema de mando de la Roma a la mínima que algo sale mal.

Ocurrió al inicio del segundo tiempo, cuando el Milan arrancó con más ímpetu, acechó el arco de Szczesny y encontró la recompensa en forma del empate. De un plumazo, el gol de Kucka al inicio del segundo tiempo borró de la memoria romanista su notable primer periodo, aunque a diferencia del protagonista de Memento a la Roma no le valía con consultar sus tatuajes para recordar su propósito inicial. El tanto del jugador eslovaco tuvo un efecto devastador en la Roma, que quedó paralizada. Congelada. El equipo de Rudi Garcia se bloqueó y fue incapaz de encadenar varios pases seguidos. Cometió errores infantiles en zonas comprometidas e incluso Rüdiger, uno de los jugadores más fiables hasta entonces, perdió una pelota cerca de la frontal del área que no terminó en el 1-2 del propio Kucka de milagro. Minutos después Bacca remató al larguero. No quedaba rastro alguno de esa Roma que obligó a Donnarumma a intervenir en el primer minuto de partido; de la Roma que abrió la lata a balón parado mediante Rüdiger antes del 5′ y a la que solo frenó el joven guardameta italiano con una segunda intervención de gran mérito antes de la media hora de choque. Desapareció esa Roma que castigó el poco rigor defensivo de un Milan frágil, incapaz de defender el carril central y que limitó su ataque a lo que inventara Giacomo Bonaventura.

Tampoco quedaba rastro de Sadiq Umar, que arrancó con fuerza pero se fue diluyendo con el paso de los minutos. Sin embargo, el inicio de este delantero nigeriano de 18 años fue portentoso. Después de anotar dos goles en sus dos últimos partidos con la Roma, Umar repitió en punta y exhibió su zancada y movilidad. Hizo daño a la defensa del Milan cayendo a bandas, pero en el segundo tiempo desapareció junto con el resto de sus compañeros. Terminó sustituido por Francesco Totti, que jugó los últimos 20 minutos del encuentro. El capitán regresó a los terrenos de juego después de que una lesión lo apartara de la dinámica romanista a finales de septiembre de 2015. La entrada de Totti animó al público y calmó ligeramente los ánimos de una Roma que sufrió algo menos en la recta final, cuando se redujo la participación de Honda y Bonaventura en la elaboración del juego milanista. En cambio, sorprendió la aportación de Kevin Prince Boateng saliendo desde el banquillo, pues aportó cierto dinamismo en la mediapunta del Milan y se entendió bastante bien con Bacca, uno de los mejores del segundo tiempo. A pesar de la mejoría, el Milan no culminó la remontada y la afición de la Roma despidió a los suyos con pitos, algo que viene siendo habitual en los últimos tiempos: solo han ganado uno de sus últimos 10 partidos oficiales.

Foto de portada: MarcadorInt/T.Martíenz (Todos los derechos reservados).

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