Una receta familiar

Mancini Inter Focus

El Inter de Milan de Roberto Mancini se ha topado con una fórmula para ganar. La victoria contra el Torino fue la octava del Nerazzurri esta temporada, e increíblemente su séptimo triunfo por 1-0 (o 0-1). En términos de goles marcados, normalmente un barómetro bastante preciso del nivel de un equipo, el Inter ocupa la duodécima posición en el Calcio, pero los trofeos no son otorgados solo por marcar goles. En realidad los de Mancini lideran la liga italiana y sólo la Fiorentina está en una posición en la que podrían superarlos (necesita ganar en Genoa contra la Sampadoria).

Sería fácil menospreciar el récord del Inter, atribuyéndolo a la suerte y claramente hay un aspecto de fortuna en su éxito actual. Además, al ver una cadena de victorias apretadas, puede ser fruto de una suerte muy prolongada, o considerar que debe existir algún otro factor que contribuye a esta consistencia. Obviamente, Roberto Mancini no instruye a su equipo que marque exactamente una vez en cada partido, pero la eficacia de sus resultados no es un fenómeno enteramente casual. El italiano es un entrenador que desarrolla equipos con el objetivo principal de no encajar goles. Eso no es una crítica; la actitud de Mancini es pragmática. Sabe que una defensa tacaña representa los cimientos perfectos para un equipo que aspira al éxito. Su Inter ha encajado 7 goles en 12 jornadas, una estadística cada vez más llamativa cuando se considera que cuatro de estos goles fueron concedidos en un único partido, la derrota por 1-4 contra la Fiorentina. Aquel día, los de Mancini jugaron con tres defensas centrales, como ante el Torino, pero tuvieron que jugar con David Santón y Gary Medel en el eje de la defensa. Obviamente, ésta no fue una situación ideal para el Inter, y quizás explica este resultado destacado en una temporada de pocos goles.

Contra el Torino, Mancini tuvo el lujo de seleccionar tres centrales auténticos, Jeison Murillo, Miranda y Juan Jesus. Con esta base defensiva, el Inter empezó el partido con confianza. Jugando como el equipo local, mantuvo la posesión pero no logró crear oportunidades claras. De hecho, fue el equipo local el que casi abrió el marcador en el 30’. El Inter consiguió despejar la pelota después de un envío de córner, pero Benassi desde fuera del área chutó al larguero. Este momento de invención individual sirvió como un recordatorio de la fragilidad de la fórmula de ganar partidos por 1-0, ya que no se puede siempre garantizar que no marque su rival. Pero sólo minutos después de esta demostración de su vulnerabilidad vino un ejemplo de la eficacia del Inter ante la portería rival. El tiro libre de Yuto Nagatomo fue desviado por Rodrigo Palacio y Geoffrey Kondogbia, llegando en el área pequeña, marcó de volea su primer gol con la camiseta del Inter.

Dadas las características del Inter, se puede pensar que el resto del partido se caracterizaría por su solidez y profesionalidad, pero el equipo local regresó del descanso con un ímpetu renovado. Maro Benassi y Andrea Belotti encontraron huecos en la defensa visitante y el veterano delantero Fabio Quagliarella provocó dos paradas de Samir Handanović. Acostumbrado a estas situaciones, Mancini retiró a Mauro Icardi y introdujo a Ivan Perišić. El croata jugó al lado de Palacio en ataque, pero también contribuyó más en defensa que Icardi, asegurando que el Inter consiguiera ganar por el tanteo habitual.

La probabilidad es que no continúe así la temporada del Inter. Si no encuentra una manera de marcar con más frecuencia, habrá partidos que terminen en empate a cero cuando el gol no llegue, y habrá derrotas en que la defensa actualmente inalterable esté rota. No obstante, a estas alturas, Mancini logra utilizar los ingredientes que tiene a su disposición de una manera impresionante, y no necesita cambiar mientras que los resultados se mantengan.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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