Bienvenidos al milagro del Carpi

CARPI Piazza giuseppe Garibaldi (Piazzetta) -  FOTO: Massimo Regonati

Carpi tocó el cielo. Pocos fuera de Italia podían situar en el mapa esta población antes del histórico ascenso de su equipo a la Serie A. En Carpi, seguramente sin pensar en ello, han seguido el mismo camino del Eibar, del Bournemouth o el Ingolstadt alemán.

Con poco dinero y sin nada que perder, el Carpi se ha abierto lugar y jugará entre los mejores la próxima temporada. Su principal vecino, a la espera de si el Bolonia asciende, será el Sassuolo, otro milagro local. Cuesta imaginar qué piensan los hinchas del Modena viendo a dos equipos de su provincia en la Serie A mientras ellos están en la B. Cada milagro también tiene damnificados y en este caso la Emilia-Romaña, región de gran tradición deportiva, vive un auténtico terremoto. Si el Bolonia no asciende, los clubes grandes no estarán en la Serie A. Ni Bolonia, ni Modena, ni Reggiana, ni Piacenza o Cesena entre los mejores. Y el Sassuolo o el Carpi, sí. De locos.

Ya contamos un poco cómo es Carpi. En su momento contamos que si no has nacido en Carpi, conoces de su existencia, seguramente, por el infierno. Por la existencia de un campo de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial y el terremoto de 2012. En Italia, cada rincón tiene dolor y también héroes con historias magníficas, como Dorando Pietri, hijo de un campesino que vendía fruta en Carpi. Pietri se enamoró de las carreras y, sin querer ser protagonista, se puso a correr sin imaginar que llegaría a ser uno de los favoritos en la maratón de los Juegos Olímpicos de Londres en 1908. Y Pietri los ganó, aunque fue descalificado ya que entró medio desmayado al estadio y se equivocó de dirección al acceder a las pistas. La meta estaba a su izquierda y se fue hacia la derecha. Cuando los jueces lo avisaron, se desplomó. Los jueces, compasivos, le ayudaron para que se levantara. Y esta ayuda física provocó la descalificación.

Esta ciudad de 70.000 habitantes disfruta ahora con el histórico ascenso del Carpi, club fundado en 1909 por estudiantes y con un pasado en categorías inferiores. En 2010, por ejemplo, jugaba en la Serie D, entonces la quinta categoría del fútbol italiano. Esta ciudad de la provincia de Módena nunca destacó por su equipo de fútbol. En 1996/97, eso sí, había vivido una gran campaña, cuando perdió la final del play-off de ascenso a la Serie B contra el Monza por 3-2. El entrenador era un trotamundos de los banquillos, Luigi de Canio, el actual técnico del Catania: el mismo que llegó al Nápoles, al Queen’s Park Rangers o al Genoa en dos ocasiones. Y a sus órdenes, un tal Marco Materazzi, cedido por el Perugia. Materazzi marcó 7 goles en 18 partidos con el Carpi, que se quedó a un tanto del ascenso, frustrado por ese Monza con Abbiati de portero.

Sin ascenso, el Carpi volvió a lo suyo: ascensos y descensos, la típica bancarrota que ha afectado a casi todos los equipos italianos y empezar de nuevo desde la sexta división, ocupando la plaza del segundo equipo de la ciudad, el Dorando Pietri (sí, el nombre del corredor de maratones). En la temporada 2000/01, bautizado como ‘Football Club Carpi 1909’, el equipo acabó en la 12ª posición de un grupo de sexta por detrás de clubes como el Boca Granarolo, de un barrio de Bolonia o el Matulliauto Massalombarda. Ahora, el Carpi supera en la clasificación al Bolonia, el equipo grande de la región.

Poco a poco, el Carpi ascendió peldaños y en la temporada 2008/09 llegó la segunda oportunidad. De nuevo, un play-off con el objetivo de ascender a la Serie B, como en 2001. Y, de nuevo, derrota por 3-1 contra la Pro Vercelli, todo un gigante de otras épocas. En la temporada 2012/13, el Carpi lo intentó y se metió otra vez en el play-off. En esta ocasión el rival era el Lecce, el gran favorito. El equipo de la Apulia había descendido en los despachos y con jugadores como Chevantón, Giacomazzi o Jeda y tenía una plantilla casi de Serie A. Pero en el partido de ida, el Carpi se impuso en su viejo estadio por 1-0. En el partido de vuelta, delante 40.000 hinchas, el Lecce marcó primero. Pero a los 73 minutos, Kabine empata de falta. El Carpi ascendió en una noche caótica, pues los ultras del Lecce invadieron el césped, persiguieron a sus jugadores y lo destrozaron todo. Aunque en una nueva metáfora italiana, dolor y felicidad convivían en el mismo estadio, ya que los ultras del Lecce respetaron la fiesta de los jugadores del Carpi con sus hinchas, valorando su gesta y culpando a los suyos. Fue una imagen puramente italiana. Jugadores del Carpi en calzoncillos, después de regalar camiseta y pantalones, marchando del césped entre ultras del Lecce que los dejan pasar.

Los primeros años en Serie B significaban conseguir la salvación sin sufrir y jugar el gran derbi local, contra el Módena, la capital de la provincia, a pocos minutos en coche. Históricamente, el Módena juega derbis con el Bolonia, el gigante de la región con 7 títulos de liga. Y el Bolonia busca derbis con la Fiorentina. Pero de repente, el Módena y el Bolonia vieron cómo le crecían los enanos, ya que el Sassuolo, otra población de la provincia, ascendió a Primera. Y el Carpi, a la Serie B. La rebelión de las poblaciones pequeñas.

Detrás del Carpi, tres empresarios. Stefano Bonacini y Claudio Caliumi son propietarios del 71,66% (35.83% por cabeza). Bonacini toman las decisiones empresariales y dejando a Caliumi las tareas institucionales. Bonacini, con un pasado de jugador amateur, dirige una empresa de moda llamada ‘Gaudi’, potenciando la economía de un club modesto. Caliumi es empresario con pasado en los negocios de Milan, el tipo que en 2009 decidió que lo mejor era unir las dos entidades deportivas de la ciudad, el Carpi y el Dorando Pietri, para garantizar el futuro. “Si entonces me dicen que ascendemos a Serie A, les digo que es una locura. En 2009…jugábamos en la Serie D!”, aseguraba esta semana en una radio local.

CARPI Piazza giuseppe Garibaldi (Piazzetta) -  FOTO: Massimo Regonati

 Piazza Giuseppe Garibaldi, Carpi (Foto: Massimo Regonati)

El Carpi gasta poco y en 2013 facturó 3,15 millones. “Valemos poco, ni tres millones”, suelen decir en los despachos. Bonacini afirma que siempre ha seguido al Carpi, el equipo de su ciudad, y por eso ha sumado esfuerzos de amigos suyos. “Gestión modesta y sólida. Cuidando no gastar demasiado. Una plantilla muy joven, intentando fichar jugadores que luego pueden recibir ofertas por equipos más grandes. Somos uno de los equipos más jóvenes, con una media de 23 años”, decía.

El proyecto del Carpi es poder construir un estadio nuevo, pues el estadio Sandro Cabasi, con capacidad para 4.200 personas, es un viejo velódromo de 1928 adaptado. Las pistas del velódromo son evidentes y las instalaciones, modestas e insuficientes en caso de ascenso. El club “de la via Marx” (el estadio tiene su sede en la calle Karl Marx de la población) quiere ser el nuevo Sassuolo. El presidente Claudio Caliumi afirma que se presentará un proyecto para poder jugar en la Serie A en casa, aunque si la Liga no lo permite (la idea es reformar ciertas áreas del viejo estadio este verano), el club buscará otras fórmulas, como jugar en Módena o Reggio Emilia.

Claudio Caliumi: “Nuestra idea es jugar en la Serie A en nuestra ciudad. Aunque no depende de nosotros.”

En Carpi sueñan gracias, en parte, al director deportivo Cristiano Giuntoli, quien ha recibido ofertas de otros clubes por su buen trabajo. “Me quedo, tengo una deuda con este club que apostó por mi”, ha dicho Giuntoli, quien prometió 100.000 euros de prima al entrenador, Fabrizio Castori, en caso de ascenso.

Castori es un desconocido para el gran público. Ha entrenado siempre en equipos modestos, nunca más arriba de la Serie B. Después de conocer la sexta o la quinta división, subió al Cesena a la Serie B en 2004, en un play-off final contra el Lumezzane que acabó con una batalla campal. Castori fue sancionado dos años sin entrenar por dar mamporros a jugadores rivales, aunque al final fue indultado. Y pudo seguir entrenando entre la vieja Serie C1 y la Serie B. Ahora, por fin, entrenará en la Serie A con 61 años. Más vale tarde que nunca.

Claudio Caliumi: “Gracias al trabajo de Giuntoli tenemos un equipo barato con jugadores jóvenes e ilusionados. Este es nuestro camino. Queremos seguir con ellos en la Serie A. Si marchan, vendrán otros.”

El equipo destaca por su portero brasileño Gabriel (ex del Milan y el Cruzeiro), los goles del nigeriano Mbakogu (llegó al fútbol italiano con el Pádova) o la experiencia de Porcari (ex jugador del Novara). Y jugadores formados en clubes como el Milan o el Atalanta que buscan su sitio, como Lollo, Suagher o el defensa Romagnoli. “Gracias al trabajo de Giuntoli tenemos un equipo barato con jugadores jóvenes e ilusionados. Este es nuestro camino. Queremos seguir con ellos en la Serie A. Si marchan, vendrán otros”, dice Caliumi, quien admite que también es hincha del Milan. “Aunque el día del partido Milan-Carpi no tendré amigos en San Siro”, explicaba esta semana contento.

En Carpi se habla del milagro deportivo del equipo. Aunque en el fondo, detrás encontramos trabajo. Un ascenso diferente a esos de siempre, con clubes que gastan mucho en jugadores famosos. Un ascenso modesto, similar al del Empoli o el Cesena, aunque con una novedad. El Carpi nunca ha jugado antes en la Serie A. Bienvenidos.

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5 comments

El fútbol italiano, tan denostado, corrupto, en una crisis perpetua y sin embargo nos deja historias tan maravillosas como la del Carpi. Gran artículo, Toni.

Soy un asiduo a Marcador, y hoy estoy más que orgulloso porque desde hace un mes soy el Director Comercial y de Marketing para España, Andorra y Portugal de la marca que viste a Sassuolo y Carpi, Sportika. Tuve la ocasión de conocer a su plantilla en mi viaje a Italia para conocer los entresijos de la marca y su fábrica y es algo que nunca olvidaré.

Y este artículo, directo al Facebook para enseñarlo al mundo.

Ojalá consigamos en España esto con alguno de los equipos que queremos vestir. Ojalá.

Sensacional. Sorprende que estos equipos de bajo presupuesto esten llegando a la elite. Sucedio con el Eibar,Sassuolo y ahora con el Bournemouth,Carpi e Ingolstadt.

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