Una historia siciliana de Serie B

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70 kilómetros separan las ciudades de Trapani y Palermo. Si tienes un poco de dinero y quieres visitar la isla, sueles volar al aeropuerto de Palermo con una compañía de esas en que te dan merienda a bordo. Si vas corto de pasta, puede volar a Trapani con una low-cost. El trayecto entre las dos ciudades no dura más de una hora. Un trayecto que cuenta una historia de ‘calcio’. Una historia siciliana. Una historia de la Serie B. Este año el Palermo ha bajado y el Trapani ha ascendido. Los dos caminos se entrecruzaran en la Serie B.

La última vez que visité Palermo aún encontré algún recorte de periódico pegado al cristal de un bar con las noticias del ascenso a la Serie A del año 2004. En un bar cerca de ese eterno cruce de caminos entre Via Maqueda y Via Vittorio Emanuelle que es la plaza Quattro Canti, un camarero me mostró las fotos de los equipos que llegaron a finales de Copa aunque fuese un equipo de segunda en los años 70. Las perdió las dos. La historia del Palermo es una historia marcada por el dolor. En 1990 el estadio fue sede el Mundial pero el club, refundado, luchaba por campos humildes en la Serie C1. En 1998 el equipo bajó a la Serie C2 después de una temporada humillante en que perdió un derbi siciliano ya no contra el Catania, sino contra el Atlético Catania, segundo equipo de la ciudad con la que mantiene una rivalidad eterna. Posteriormente, con 15.000 hinchas en las gradas, perdió la promoción con la Battipagliese (vídeo del partido de ida) (vídeo del partido de vuelta). Pero ese mismo verano el Ischia quebró y el equipo siciliano salvó la categoría por milagro. Un verano más tarde, el propietario de la Roma, Franco Sensi, compró el Palermo y en 2001 se ascendió a la Serie B con una última jornada de infarto: el Palermo derrotó al Ascoli y el Messina perdió. Ese año los tres equipos históricos de la isla ocuparon las tres primeras posiciones en su grupo de la Serie C1: Palermo, Messina y Catania. Este vídeo narra de forma maravillosa esos días de locura y pasión. Cinco años más tarde los tres jugaban en la Serie A.

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El salto de la Serie B a la Serie A del Palermo llegó gracias al dinero de un empresario del norte alocado, Maurizio Zamparini, que compró el club ‘rosanero’ a Sensi y lo subió a Primera por primera vez en 31 años en 2004. Cuentan que la fiesta en la ciudad fue histórica. El Palermo subió, se consolidó y llegó a las competiciones europeas. Aunque la ciudad nunca ha amado a Zamparini, un tipo que con una extraña costumbre: cesar entrenadores para contratarlos pocos meses después. A su lado, Jesús Gil y Gil era un tipo con paciencia. Si sumamos su época como propietario del Venezia, en 26 años se ha cargado a su entrenador en 41 ocasiones. Esta última temporada, la locura de Zamparini ha convertido el Palermo en un chiste. En 8 meses, la secuencia de entrenadores del Palermo es esta: Sannino, Gasperini, Malesani, Gasperini, y Sannino otra vez. En un solo año, Sannino y Gasperini fueron contratados, despedidos y contratados otra vez. ¿El resultado? El descenso a la Serie B. Con Zamparini cuestionado por la hinchada, la reacción del presidente, que se ha dejado ver incluso en el banquillo durante algún partido, ha sido emitir un comunicado donde afirma que no se rendirá hasta devolver el equipo a la Serie A. Admite algún error, como contratar Gasperini otra vez, y acaba con un listado de errores arbitrales contra su equipo.

Con Zamparini, el Palermo se ha metido en Europa en seis de las nueve temporadas en la Serie A, jugando además una final de Copa. El club también ha celebrado una liga de juveniles y ha conseguido ser uno de los 9 equipos italianos con una silla en la asociación europea de clubs (ECA). Pero el descenso es un golpe muy duro para la hinchada, que escucha preocupada como Zamparini afirma que el descenso “no es un drama” y como mantiene conversaciones con jeques árabes para que inviertan dinero en el club reforzando su posición, pues “yo soy un referente para ellos”. De momento, la joven estrella eslovena Ilicic marchará seguro. Otros, como Abel Hernández, se quedan. Según Gasperini, claro.

Sicilia pues, se quedará sólo con el Catania en la Serie A. El Palermo ha bajado, aunque podría ser peor. El Messina por ejemplo, quebró, se refundó y este año ha ascendido de la Serie D (la quinta categoría) a la Serie C2, jugando derbis no muy agradables contra el modesto Citta di Messina.

El Trapani: 6 años, 4 ascensos

El Palermo de Zamparini pasará en pocos meses de jugar derbis contra el Catania a jugar otros con el Trapani. El equipo ‘granata’ ha ascendido por primera vez en su historia después de ganar un partido de locos en el campo de la Cremonese por 3-4 (vídeo del partido). El equipo siciliano le ha ganado en la ‘foto finish’ al Lecce, que aún puede ascender via play-off. El año pasado el Trapani ya se quedó sin ascenso por poco, pero finalmente debutará en la segunda división en una página histórica del fútbol siciliano.

Como casi todo equipo italiano modesto, el Trapani también se ha refundado muchas veces. Hablar de fútbol y Trapani era recordar que aquí jugó de muy joven Marco Materazzi en 1994. Poco más. Materazzi se labró su camino por campos modestos y en 1994 llegó al Trapani con 18 años procedente del Marsala. En Trapani me contaron que la rivalidad entre las ciudades de Marsala y Trapani es muy fuerte. “Si nuestros abuelos se pegaban por las tierras o por las zonas de pescas, nosotros nos pegamos por el fútbol o las chicas” me comentó entre risas un chico de Trapani una vez. A los de Trapani no les gusta nada que Marsala sea más famosa por su vino. A los de Marsala no les gusta que la capital de la provincia sea Trapani. Y supongo que no les gustó que Materazzi dejara su club y fichará por el vecino, con el que jugó y perdió una promoción de ascenso a la Serie B.

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La ciudad de Trapani es conocida por su sal, su pescado, sus playas y las escapadas a la preciosa villa de Erice, municipio donde se encuentra el estadio del Trapani. Y poco más. Ahora le llega el turno a su equipo, gracias al dinero de un empresario napolitano, Vittorio Morace. Morace es el propietario de la ‘Ustica Lines’, la compañía naval que gestiona los barcos que conectan las islas sicilianas, como aquellos que salen de Trapani y te llevan a preciosas islas Egadas, como Favignana o Marettimo. A diferencia de Zamparini y el Palermo, Morace ya tenía una relación evidente con Trapani. Aquí instaló la sede central de su compañía, por su situación ideal en el mapa. Fue el alcalde quien le insinuó que comprará el club en 2005, cuando este se hundía camino de sexta división. Morace lo compró, se cargó al entrenador… y no evitó el descenso. Su primer proyecto lo inició en sexta división, evitando el descenso a la séptima división en la promoción contra el Terrasini. Seis años después de ese partido que evitó el descenso a la séptima categoría, el Trapani ha ascendido a la Serie B. Cuatro ascensos en seis años. Y la temporada pasada el ascenso se escapó en el último partido de la promoción.

Acompañado por más de 2000 hinchas que volaron hasta Cremona, el Trapani se ganó el cielo y se une al selecto club de equipos sicilianos que han llegado a la Serie B, club formado por el Palermo, el Catania, el Messina, el Acireale (1993-1995), el Siracusa (1946-1953) y el Licata (1988-1990). Para el Palermo es un retorno al pasado. Un pasado con derbis modestos, luchas por el ascenso y partidos en el Poliesportivo de Erice, feudo del Trapani. Curiosamente, el Palermo jugó aquí sus partidos como local del 1988 al 1989, cuando su estadio de La Favorita se reformó para ser sede de partidos del Mundial de Italia’90. Aquí perdió una promoción de ascenso contra el Foggia en 1989. Era otros tiempos. Otra estética. La misma pasión.

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