Cinco claves tácticas del fin de semana

Carlo Ancelotti vuelve a encontrarse con James. Foto: Antonio Polia/Focus Images Ltd

Vinícius para Benzema y Benzema para Vinícius

El Real Madrid consiguió tres puntos vitales en su visita a San Sebastián. Con esta victoria el cuadro de Zinedine Zidane depende de sí mismo en las ocho jornadas que quedan. El equipo blanco adoptó una postura parecida a la de hace un par de jornadas ante la SD Eibar: posesión de control, mucho pase repetido en algunas zonas y una circulación, eso sí, algo más baja que ante el cuadro armero a fin de atraer la primera línea de presión de la Real Sociedad. Cuanto más arriba defendiese la Real, queriendo robar arriba para transitar cerca de la portería de Courtois, más espacio encontraría Vinícius a la espalda de la defensa. Y así sucedió durante buena parte de los primeros 45’. El brasileño fue una amenaza constante en su duelo individual ante Gorosabel. Recibiendo en medio campo, a una distancia de 45-50 metros con respecto a la portería de Remiro, Vinícius se ocupó individualmente de acercar la pelota (que no al equipo) al área defendida por la Real Sociedad. El brasileño no es un futbolista que vaya a juntar el bloque en campo contrario, como sí suelen hacer futbolistas como Hazard o Isco cuando han jugado en su misma posición esta temporada, sino que a él lo que le pide el cuerpo es acelerar rápidamente hacia línea de fondo para recortar y chutar o buscar el centro. La otra gran novedad del once titular del Real Madrid fue James, que arrancó el partido por derecha como si de un extremo al uso se tratase. El colombiano recibió muchas veces muy abierto a pie cambiado, pero una vez superada la primera media hora (y el primer tiempo muerto) Zidane decidió liberarlo para que jugase por dentro. Todo ello en un partido en el que la Real volvió a dar claras muestras de que el parón no le ha sentado bien. Ni táctica ni emocionalmente. 

Ancelotti planteó un partido trampa en Goodison 

El Everton plantó cara en el Derbi de Merseyside ante el Liverpool. De no haber sido por Alisson y la madera de Goodison Park bien pudo haber acabado ganando el encuentro ante los de Jürgen Klopp. Carlo Ancelotti apostó de inicio por atraer muy abajo la presión del Liverpool para superar y progresar en largo a través de sus futbolistas más alejados. Con Richarlison y Calvert-Lewin en punta, moviéndose por detrás de Fabinho, el Everton trató de explotar esta zona para adentrarse en campo contrario a partir de los duelos de sus dos delanteros ante los centrales del Liverpool. Sin embargo, con Matip, Van Dijk y Milner (posteriormente entró Joe Gómez como improvisado lateral izquierdo tras la lesión del inglés), viendo siempre estos envíos largos de cara, chocando con los dos puntas del Everton y achicando el espacio entre su línea y la defendida por Fabinho, el Liverpool consiguió adueñarse de la segunda jugada para reiniciar todas sus acciones desde una posición intermedia. Por derecha jugó en la primera mitad Minamino. Y el japonés, para bien y para mal, demostró ser una suerte de parche ante la ausencia de Salah. Minamino actuó como segundo punta en la banda derecha pero su movilidad, pisando el carril central para facilitar una línea de pase en las pocas veces que el Liverpool debió iniciar el juego desde su portero o para aclarar la combinación exterior entre Alexander-Arnold (lateral derecho) y Henderson (interior), no llevó al equipo a jugar mejor. Tras el descanso Klopp introdujo a Oxlade-Chamberlain en ese extremo derecho, en detrimento de Minamino, y lo cierto es que el Liverpool estableció un dominio superior a través de la posesión, pero las constantes coberturas exteriores de los extremos del Everton, bajando casi a la misma altura que sus laterales, y la ya descrita acción en cada salida de balón, consiguieron espesar a un Liverpool que cerró el domingo (que no la jornada, porque esta acabará esta noche con el duelo entre Manchester City y Burnley) con una diferencia de +23 puntos (quedarán 24 puntos en juego) con respecto al segundo clasificado.

Everton 0
Liverpool 0

Everton vs Liverpool - Football tactics and formations

Erling Haaland: jornada sí y jornada también

El Borussia Dortmund se aseguró este sábado la segunda plaza de la Bundesliga tras vencer en el Red Bull Arena. El partido se jugó en dos partes muy diferenciadas en las que ambos equipos jugaron roles parecidos pero con una diferencia de 45 minutos. En la primera fue superior el cuadro de Lucien Favre a través de la posesión, superando y rajando la presión intermedia del RB Leipzig a partir de las conducciones y los envíos largos de su defensor central, Matts Hummels, y golpeando en zona de remate con un Erling Haaland muy activo en el desmarque y la finalización; y en la segunda fueron los de Julian Nagelsmann los que más (pero no mejores) cosas ofrecieron con la pelota. De partida Lucien Favre introdujo un once con unas cuantas caras poco habituales, como Mateu Morey (carrilero derecho) o Giovanni Reyna (mediapunta, con Hazard, por detrás del delantero noruego). La entrada de Dani Olmo poco antes del descanso (tras la lesión de Sabitzer) y el posterior ingreso de Adams tuvieron su peso en el desarrollo de los últimos 45 minutos. Con el norteamericano sobre el césped, compartiendo doble pivote con Kevin Kampl, Dani Olmo pudo dar un pase al frente a nivel posicional para jugar por detrás del delantero de su equipo (Schick). Pero la mejoría colectiva que experimentó el Leipzig no se tradujo en un torrente de ocasiones sobre la portería de Burki. De hecho, ya en el descuento, Erling Haaland consiguió el segundo tras un robo y una rápida transición (defensa-ataque) al espacio. Pero esta fue solo la puntilla de un encuentro que el Borussia Dortmund controló a través del espacio. Con y sin balón. Con más y menos posesión. El cuadro de Lucien Favre ha completado así, a una jornada del final, el único objetivo que le quedaba vivo en este último tramo: jugará la Champions con la medalla de plata colgada del cuello.

El FC Barcelona se estrella ante Koundé

El FC Barcelona se dejó dos puntos en su visita a Sevilla que bien pueden acabar siendo muy determinantes en la pelea por LaLiga. Después de una primera media hora buena a nivel de juego, viviendo en campo rival y obligando al Sevilla FC a replegar abajo a través de la pelota, el fútbol del Barça se fue deteriorando con el paso de los minutos. Cierto es que tuvo ocasiones para haberse ido ganando al descanso, como la falta que Jules Koundé le sacó a Messi en la misma línea de gol, pero en términos cuantitativos (y, por supuesto, también cualitativos) el Barça volvió a dejar a deber bastantes cosas. Sin Griezmann y con Braithwaite en banda izquierda, en una decisión que, además de tener la intención de premiar al danés, parecía encaminada a ayudar a Jordi Alba en el más que probable 2X1 que buscaría el Sevilla en banda (con Jesús Navas y Ocampos), y con Rakitic como interior izquierdo y no en el derecho, el Barcelona consiguió juntarse y crecer en campo contrario aprovechando los movimientos de Suárez y Vidal (que se posicionaba muchas veces como teórico delantero cuando el uruguayo se ofrecía en el apoyo), y las apariciones de Messi en el carril central (y no tanto desde la banda). Pero este guion de partido cambió tras el primer descanso para el avituallamiento. Y la entrada de Banega al descanso, ocupando su ya habitual interior izquierdo, acabó por confirmar esta tendencia. El Sevilla también gozó de oportunidades en la segunda mitad para haber acabado ganando incluso el partido. Pero la clave táctica a destacar es que la presencia del argentino le proporcionó ese timing tan necesario antes de lanzarse a correr al espacio; algo que no tuvo en la primera parte y que llevó al equipo a perder la pelota mal y demasiado pronto desde tan lejos del área de Ter Stegen. El cuadro de Julen Lopetegui acabó resistiendo cerca de su área a partir de un Fernando pletórico en el corte y un Koundé colosal en el rectángulo de penalti ante un Barça que no agotó los cambios, pero más sorprendente aún es que teniéndolos no acabase recurriendo al joven Ansu Fati.

Apoya los contenidos en MarcadorInt y conviértete en un mecenas del proyecto a través de Patreon. Puedes apuntarte aquí.

La clásica defensa en bloques de José Mourinho

El Tottenham de José Mourinho ya se ha acostumbrado a competir desde una inferioridad manifiesta. Durante largos tramos del encuentro ante el Manchester United, el cuadro ‘Spur’ consiguió contener la circulación de su rival a través de un concepto que Mourinho siempre ha tenido muy presente en su libreto. Sin asfixiar directamente al primer poseedor de la pelota (Maguire, Lindelof o Fred), que conseguía llegar con relativa facilidad hasta la divisoria de los dos campos, el Tottenham desarrolló una presión que le permitía controlar y dirigir los pases del Manchester United para forzar el robo en zonas muy localizadas. Orientando su circulación siempre hacia fuera, presionando con los puntas (Kane y Lamela) siempre perfilados hacia la banda, impidiendo que el United pudiera progresar por dentro, la presión en bloques de José Mourinho logró ensuciar una circulación que el sistema de Ole Gunnar Solskjaer demostró tener bien automatizada en su pizarra. Con su lateral derecho, Wan Bissaka, haciendo de tercer central exterior en cada fase de iniciación, su extremo izquierdo, Rashford, metiéndose siempre hacia dentro, y su mediapunta, Bruno Fernandes, realizando el camino inverso, de dentro hacia fuera para romper por delante del extremo derecho (James), el Manchester United consiguió encadenar una serie de pases a través de su hombre libre. Pero le faltó continuidad al equipo en sus posesiones para acabar de asentarse y dominar el repliegue de su rival. El tanto del empate llegó de penalti, en una acción provocada por Pogba en línea de fondo, que entró en la segunda mitad para sustituir a Fred; y esta, por sí sola, ya es otra de las grandes noticias que deja el fin de semana en la Premier: el futbolista francés ya está de vuelta.

Foto de Portada: Antonio Polia/Focus Images Ltd.

Related posts

Deja un comentario

*