“Hopp: eres un hijo de…”

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Durante varios segundos se pudo leer esta pancarta en la grada de los ultras del Eintracht Frankfurt en el partido de la Copa Alemana contra el Werder Bremen. Al final revelaron la última palabra que fue… madre. Era el 4 de marzo 2020 y habían pasado cuatro días desde el acto más pasivo en la historia del fútbol alemán desde 1982, aquel infame partido en el que los jugadores de Alemania y Austria se aprovecharon de la aritmética fallida de los grupos de tres equipos en la fase de grupos de los Mundiales. 70 minutos de tiki-taka en Gijón. 20 minutos de tiki-taka en Hoffenheim. ¿Fue infame que los jugadores del Hoffenheim y los del Bayern se pusieran a jugar a tiki-taka durante 20 minutos porque los aficionados del grupo ultra Schickeria habían levantado una pancarta? En ella se leía: Alles bleibt beim Alten: Der DFB bricht seine Wort. Hopp bleibt ein Hurensohn. Un mensaje que se podría traducir como: “No se cambió nada. El DFB no cumple con lo prometido. Hopp sigue siendo un hijo de p***”.

Deportivamente no fue incorrecto, fue lo mejor que les había podido ocurrir a los chicos del Hoffenheim. Iban perdiendo por 0-6 en casa contra un Bayern sin Lewandowski. Otra goleada de turno que el Bayern le endosa regularmente al proyecto del Hoffenheim, que nunca llega a dar fruto en términos de títulos a los millones invertidos por Dietmar Hopp. Supongamos que el coronavirus no para las competiciones indefinidamente y que uno o dos goles no serán decisivos en la batalla por la ensaladera al final de esta campaña 2019/2020.

¿Fue perverso el acto solidario de los jugadores de ambos equipos? Ocurrió después de que el árbitro hubiese parado el partido y en la zona de los banquillos se hubiesen juntado Dietmar Hopp y Karl-Heinz Rummenigge, autoridad máxima del club bávaro en después de la jubilación de Uli Hoeness. Una imagen muy fuerte y descriptiva: un grupo de aficionados de tu equipo insulta al inversor del equipo rival y tú, su presidente, te pones al lado de la víctima. Los jugadores de tu equipo también le dicen NO al odio en las gradas. Solidaridad con la víctima. Todos hemos soñado con esto, todos estamos hartos del racismo y de otras groserías que ocurren, pero por fin se cumplió. ¡Fiesta!

Karl-Heinz Rummenigge of Bayern Munich during the pre season friendly match at Stadion Am Bruchbaum, Lippstadt, Germany Picture by EXPA Pictures/Focus Images Ltd 07814482222 16/07/2016 *** UK & IRELAND ONLY *** EXPA-EIB-160717-0012.jpg
Karl-Heinz Rummenigge se posicionó al lado de Hopp cuando los hinchas del Bayern se manifestaron en contra del propietario del Hoffenheim. Foto: Focus Images Ltd.

¿Fiesta? Algunos de los lectores pensarán: ¿No insultaron hace unas semanas a un jugador de piel negra (Torunarigha, del Hertha Berlin) en el estadio del Schalke y, en vez de parar el partido, el árbitro no le mostró la segunda tarjeta amarilla cuando este perdió los nervios? Se acuerdan bien. ¿Alguien podría decir que aquel acontecimiento fue el que provocó la reacción más fuerte por parte del DFB? Lo pongo en duda porque la legislación del DFB dice que el acto de odio tiene que ser manifiesto y obvio. Se decretó que este no había sido el caso en Gelsenkirchen. Sin entrar más en detalles queda abierta la pregunta: ¿por qué se hizo este acto solidario por primera vez en la historia con un miembro de la máxima élite de piel blanca? Abandonamos esta bifurcación hacia Gelsenkirchen y volvemos a la pancarta de Hoffenheim.

El plan de tres escalas

Allí se aplicó el plan de tres escalas en caso de ataques o insultos contra minorías en las gradas. Primero, el árbitro pide avisar por megafonía para que se paren los insultos o se retire la pancarta. Segundo, el árbitro interrumpe el partido temporalmente. Tercero, si aun así no se terminan los insultos el árbitro cancela el partido.

¿A qué se refiere la pancarta? ¿Realmente estuvo insultando a un grupo minoritario?

Observemos los hechos: unos días antes de Navidad, el Borussia Dortmund juega en Sinsheim, en el estadio del Hoffenheim. Siguen insultando al inversor del Hoffenheim, Dietmar Hopp. Muestran varias pancartas. Igual que había ocurrido en tantas ocasiones antes, Hopp se queja ante la DFB y el órgano judicial decide dos meses más tarde, en febrero 2020, que los aficionados del BVB no podrán desplazarse a los partidos del Hoffenheim durante los próximos tres años. No sólo el grupo que ha cometido estos insultos, sino toda la afición del club aurinegro.

Esto va en contra de una decisión muy importante del DFB en agosto de 2017. En aquel entonces, el entonces presidente Grindel comunicó que no habría un castigo colectivo para los ultras si una fracción entre ellos cometía algún delito como, por ejemplo, encender pirotecnia o provocar peleas masivas. Cabe decir que en aquel momento la situación entre la DFB y los grupos ultras estuvo a punto de convertirse en una guerra. La DFB iba a ser cada vez más restrictiva para ganar el control sobre los estadios y esto los volvía aún más reticentes a los grupos ultras. No hace falta mencionar que el castigo colectivo es ilegal en Alemania.

Aquel comunicado fue la pipa de paz para todos. Desde entonces la situación ha estado menos critica, más pacífica. Y con su decisión en febrero de este año la DFB ha roto este acuerdo. Y con esta decisión del 20 de febrero de 2020 llegó la escalada posterior. La DFB cambió las reglas de su plan de tres escalas. Dijo que no solo se aplicase a grupos minoritarios, sino también a individuos. Y justamente por eso los aficionados del Bayern se pusieron a provocar con su pancarta. Porque a ellos les parecía otra ley Hopp.

¿Por qué la ley Hopp?

A pesar de una mejora de la situación general, la imagen de Hopp nunca ha tenido buena prensa entre las hinchadas rivales. ¿Cuál es el problema? ¿No es bueno el proyecto del Hoffenheim? El proyecto del Hoffenheim implica defender una idea de juego (de ahí las derrotas repetidas con seis goles contra el Bayern) y después de la salida de Ralf Rangnick, un proyecto mucho más sostenible que el del PSG o el del Manchester City. Pero aun así hay muchísima gente que lo odia. ¿De dónde viene eso?  ¿No es que el mercenario sea una figura positiva con todo lo que ha hecho? Pues los proyectos de medicina que apoya Hopp son muy interesantes. ¡No cabe ninguna duda! ¿Pero qué les pasa a los aficionados con el Hoffenheim? ¿Por qué siguen insultando a Hopp desde hace tantos años? ¿Por qué no valoran su aportación al futbol juvenil en su academia ejemplar?

Hoffenheim. Foto: MarcadorInt.
El estadio del Hoffenheim fue la sede de la final del Europeo sub-19 en 2016. Foto: MarcadorInt.

¿Qué sucede con Mateschitz en Leipzig? ¿Por qué no hay escalada allí? Es un caso aún más en contra del cuento 50+1. Compró un equipo en quinta división y lo llevo a la Champions League. No es en comparación un caso tan especial como el caso del Hoffenheim, que fue el club de la juventud de Hopp, que lo hizo subir desde las categorías más bajas hasta la Bundesliga. Así ha justificado la DFB la excepción del 50+1 en el caso Hoffenheim. Entonces, ¿por qué Mateschitz no sufre las mismas consecuencias? ¿Puede que los enemigos de los enemigos del 50+1 se midan de diferente manera? No. El odio es igual, es todavía más intenso, creo. Rangnick, Nagelsmann y sus predecesores sí sufrían y aún siguen sufriendo. Pero creo que a Mateschitz no le importa. Entiende que es parte del negocio y no se cree benefactor. De ahí no que no lo tome de manera personal. No responde a los insultos. Volvemos al recreo: si no respondes a insultos, en algún momento te dejarán en paz. Si te quejas y recurres a la profe, te ganas aún más odio por cobarde.

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En los ojos de los ultras y tradicionalistas, Hopp se ha vuelto el representante odiado de una nueva época de futbol. Representa a un fútbol que ya no tiene nada que ver con las ligas de donde venía el Hoffenheim. Un fútbol que convierte a los jugadores en piezas de una maquinaria táctica. Un fútbol que es para las familias que se sientan en el sofá de casa a comer palomitas. No conoce el frío en las gradas en invierno. Un futbol que solo quiere blanco y negro. El futbol que solo reconoce las emociones lindas. La derrota trae las lágrimas y la victoria, la sonrisa. Un futbol que solo celebra la belleza requerida por los medios de comunicación y los patrocinadores. Es un futbol que pretende ser un entretenimiento por ser lo que ocurre en el campo y donde el aficionado es pura decoración.

Yo confieso que hubo un tiempo en el que soñaba con este fútbol. Pero tuve que reconocer que no es una película de Hollywood en el suburbio de tal ciudad con un correo para ti. Tampoco ocurre todo en un día. El futbol y la vida son más bien Trainspotting. Tampoco estoy de acuerdo con los insultos contra minorías en el campo, siempre me ha paralizado escucharlos. De ahí que gozase tanto el momento en el que Dani Alves levantó uno de los plátanos que le habían tirado al campo y se lo comió antes de sacar un córner con el Barça. Es la reacción más sonriente a un insulto de este tipo. Supongo que Dani Alves siempre ha sufrido por estos insultos. Al parecer nunca les ha dado a los insultantes el placer de darse por vencido, aunque recientemente reconoció que sí le había herido muchísimo.

El caso Hopp

El caso de Hopp es diferente. No es alguien viniendo de abajo sufriendo insultos racistas intentando mejorar su estado social por arriesgarlo todo. Hopp es alguien que viene con muchísimo dinero a un mundo bien establecido con reglas claras y quiere tomar parte sin haberse clasificado por la vía preestablecida. Esta vía preestablecida es la que marca el 50+1. Es el cuento muy alemán de que, si sigues las reglas, puedes tener éxito y no te vamos a mirar de reojo. Pues vale. Algo sí, pero solo un poco, porque todos queremos estar donde estás tú. Si no sigues estas reglas, eres un Werksclub, un Leverkusen o un Wolfsburg, un nuevo rico que no cabe. El 50+1 hace que todos vengamos desde abajo. No como los del RB Leipzig. De familias populares, pues en la vida nosotros tenemos que luchar para llegar a ser por lo menos algo.

Ahora vienes tú, Dietmar Hopp, y te quieres sentar en la mesa con todos sin haber estado nunca. ¿Tú quién crees que eres?

Esto es algo que Hopp no entiende. Ha reaccionado con tanta ignorancia que ha imitado la técnica antidisturbios que usan los estados en la península arábiga para oprimir protestas. Usó esta arma de guerra que te vuelve loco por sonidos insoportables en su estadio por primera vez contra aficionados del Köln cuando estos le dedicaron cánticos pocos amistosos. Eso fue ya hace años. La DFB no hizo nada. Siendo no solo aficionado del Bayern, sino también del 1. FC Köln, en este momento me puse en contra de él. Por usar estas técnicas. La volvió a usar otra vez contra los aficionados del BVB que también cantaron cosas en contra de él. Entonces salió a la luz, en la prensa hablaron de ello y él abandonó este método. Por supuesto, él mismo no aplicaba ninguna máquina, pero le ordenaron a algún empleado herir los oídos de los aficionados enemigos. Muchos años más tarde Hopp sigue sin entender que se ha metido en la cola por delante. Además, les quiere decir a los otros que se han colado, cómo comportarse en la cola. No entiende las protestas y se enerva.

¿Dónde estamos ahora?

La reacción de las gradas populares desde la decisión de la DFB ha sido unánime. En todas partes surgen pancartas que juegan con las palabras hijo, put*, sucio, grueso… y mientras escribo estas líneas leo en la página web de kicker.de que la DFB ha decidido que los árbitros no van a parar más los partidos a causa de insultos hacia una sola persona. Ya no existe la ley de la minoría Hopp. Igual soy pesimista y no creo que sea el fin del conflicto. Por otra parte, también soy optimista y creo que van a parar el juego la próxima vez que insulten a uno por ser de diferente raza. Es la hora. Ahora más que nunca. Si no, habrán parado un partido solo una vez por un miembro de la élite. Esta imagen sería pésima. ¡No se atreverán!

Foto de portada: MarcadorInt.

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