Partido Polish Boyfriend: Un derbi berlinés de extremos lejos de la Bundesliga

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Berlín vive estos años por primera vez un derbi en Primera, este Hertha-Union, un partido entre el club más grande y popular de la ciudad, el Hertha, con sede en el oeste, contra el Union, un club que gracias a su gente ha llegado a Primera con su coqueto estadio en el este. Aunque mucha gente ama otros clubes de la ciudad. Y uno de los que tiene más experiencias en Europa y más títulos es precisamente el protagonista de nuestro derbi, el Dynamo de Berlín. Su rival tiene menos títulos, aunque le compite cara a a cara en un duelo que juega su particular partido en las gradas, pues durante años, este duelo ponía cara a cara a las hinchadas más politizadas de Berlín. Unos por la izquierda, otros por la derecha.

Y curiosamente, el Dynamo, el club más grande en los tiempos del comunismo, tiene una hinchada famosa por sumar algunos tipos con nostalgia de otros tiempos cuando un austríaco con un bigote ridículo mandó en Alemania. Los giros de la historia, siempre traviesa, pues el fundador del club era Erich Mielke, un comunista que luchó contra Hitler. Aunque no era un santo, no. Mielke fue el siniestro ministro de seguridad de la RDA comunista.

Imagen del Palacio d Potsdam, en Berlín, Alemania. Foto: Visions of Domino bajo licencia Creative Commons 2.0
Imagen del Palacio de Potsdam, en Berlín. Foto: Visions of Domino bajo licencia Creative Commons 2.0

Cuando después de la caída de Hitler Alemania quedó divida en dos partes, en el este, bajo tutela comunista, el deporte se reorganizó tomando como inspiración el deporte soviético. Los clubes se vincularon al estado: El Lokomotiv era del Ministerio de Transporte, el Carl Zeiss del Ministerio de Industria, el ejército controlaba el Vörkwarts y el Dynamo de Berlín, por la Stasi, la policía secreta liderada por Mielke. Un tipo que en 1968 ya afirmó que era necesario “demostrar aún más la superioridad del sistema socialista en el deporte a través del fútbol”. Así, en 1954 Mielke decidió crear un club potente en Berlín Este. Una opción era empezar por el inicio, aunque cuando tienes poder siempre puedes saltarte esa fase. Mielke trasladó a Berlín por decreto al campeón de liga, el Dinamo de Dresde, con jugadores y técnicos incluidos. En un día, Dresde pasó de tener un campeón a tener un equipo en segunda que no volvería a primera hasta 1963. La decisión de crear un club controlado por la policía secreta en Berlín Este llegó un año después de la decisión del ejército, que en 1953 había tomado una decisión similar trasladando un club de Leipzig a Berlín Este, el Vorwälts. Puro centralismo. El ejército y la Stasi sacaron clubes de ciudades importantes para crear sus equipos en el Berlín Este de un plumazo.

Aunque en la RDA la policía secreta mandaba más que el ejército, y en 1971, justo dos años después de un título de campeón de liga del Vorwälts, Mielke encontró la forma de mandar más. Y se desembarazó del Vorwälts enviándolo de Berlín Este hasta la ciudad de Frankfurt del Oder. Mielke era capaz de todo para que el Dynamo de Berlín fuera grande. Sus operaciones acabaron teniendo éxito y de 1979 a 1988 el Dynamo de Berlín ganó la liga sin interrupción, con un penalti a favor dudoso en el minuto 96 de la última jornada incluido en 1987. Combatir contra el equipo de Mielke era casi inútil, ya que él controlaba la temible Stasi, la policía secreta que tenía tantos informadores. Decenas de jugadores internacionales, más de quince árbitros de primera y tres seleccionadores fueron informadores de la Stasi según los archivos desclasificados.

Molecule Man, obra artística en la ciudad de Berlín, Alemania. Foto: KK nationsonline bajo licencia Creative Commons 4.0
Molecule Man, obra artística en la ciudad de Berlín, Alemania. Foto: KK nationsonline bajo licencia Creative Commons 4.0

El Dynamo de Berlín dominó durante muchos años la liga, aunque parte de la población no amaba al club. La Stasi se volvió loca intentando evitar el contacto entre hinchas del Unión Berlín, del este, con esos del Hertha, en el oeste, hinchadas que se unieron en tiempos duros con el lema “Hertha y Unión, una nación”. Muchos hinchas seguían los resultados de la liga occidental y seguían con amor equipos perjudicados por las autoridades, como el Dinamo de Dresde o el Unión. Muchos jugadores tampoco querían jugar en el Dynamo, aunque no tenían otra opción. Bueno, tenían una: escapar, como Lutz Eigendorf. Eigendorf era uno de los jugadores con más futuro de la liga oriental y el Dynamo lo fichó. Pero, aprovechando un amistoso en 1979 en Kaiserslatern (RFA), se escapó. Cuando el autocar con el equipo hizo una parada en una gasolinera, Eigendorf huyó corriendo y se escapó con un taxi.

Eigendorf intentó jugar en el Kaiserslautern, pero la UEFA consideraba que tenía ficha con el Dynamo y se pasó meses entrenando niños. En Berlín Este, el régimen espió a su mujer hasta conseguir que pidiera el divorcio. Cuando se volvió a casar, el segundo marido resultó ser un espía de la Stasi que controlaba que ella no estuviera en contacto con Eigendorf. El jugador acabó fichando por el Eintracht de Braunschweig, uno de los equipos de moda de la época. Mielke, sin embargo, no perdonaba que hubiera dejado su club y ordenó a la Stasi que asesinara al ‘Beckenbauer del Este’ en un accidente de tráfico que no se supo que había sido provocado hasta la desclasificación de los archivos de la policía secreta en los años 90.

El 'skyline' de la ciudad de Berlín, en Alemania. Foto: H.Helmlechner bajo licencia Creative Commons 3.0
El ‘skyline’ de la ciudad de Berlín, en Alemania. Foto: H.Helmlechner bajo licencia Creative Commons 4.0

El Dynamo ganaba casi siempre, con alguna actuación interesante en Europa, mientras la Stasi investigaba un fenómeno preocupante: los hooligans. En las gradas del este empezaron a aparecer jóvenes que buscaban pelearse con hinchas rivales, copiando la estética de los hinchas ingleses o italianos que veían en la TV. En ocasiones, estos hinchas dejaban pintadas nazis. La Stasi los persiguió y en ocasiones los deportó a la Alemania Occidental. Aunque con la caída del Muro, estos empezaron a campar a sus anchas. Muchos deportados volvieron, más radicalizados. Y muchos estadios del este se convirtieron en escenarios de batallas violentas con jóvenes que buscaban en los campos un espacio para sacar la frustración de vivir en una zona sin trabajo. Y ya sin la Stasi, la extrema derecha usó el fútbol para reclutar aficionados.

Para el Dynamo fue un momento complicado. Con la unificación alemana, la Stasi fue disuelta. Y como el club pertenecía a ella, el club también. Aunque se refundó como FC Berlín. Sin patrocinadores ni potencial para retener a sus mejores jugadores, el nuevo club se quedó a un punto de clasificarse para jugar la nueva segunda división unificada, por lo que acabó en Tercera uniendo en las gradas pocos hinchas. En una zona, viejos extrabajadores de la Stasi que no se relacionaban con los Skinheads neonazis que gritaban detrás de un gol. Hinchas, uno y otros, que en 1999 decidieron recuperar la denominación Dynamo. Aunque no pudieron recuperar su escudo y por tanto, el derecho de lucir en su camiseta estrellas para presumir de sus ligas ganadas, ya que los derechos comerciales de la marca del Dynamo los había comprado por 80 marcos un coleccionista de productos futboleros hincha del Hertha de Berlín.

El Palacio de Babelsberg, en Potsdam, Berlín. Foto: PodracerHH bajo licencia Creative Commons 3.0
El Palacio de Babelsberg, en Potsdam, Berlín. Foto: PodracerHH bajo licencia Creative Commons 3.0

Bautizado como BFC Dynamo, el club sufrió una bancarrota y los hinchas evitaron que acabara peor buscando dinero bajo las piedras. Así, gracias a la ayuda de los socios, pudo reinscribirse desde la quinta división y solventar su deuda en 2005. Ahora juega en Cuarta, con una nueva directiva que trabaja con la Federación y las autoridades para expulsar del estadio a los hinchas que solían colgar símbolos neonazis. Hinchas que se habían peleado muchas veces con la afición de su rival esta jornada, el Babelsberg.

El Dynamo tiene algunos hinchas neonazis. Y el Babelsberg, hinchas comunistas. Caminos cruzados en un partido caliente. Este club tiene su sede justo a las puertas de Berlín, en la zona de Potsdam. Una zona de parques y palacios imperiales. Una ciudad preciosa. Con lagos, grandes avenidas, edificios elegantes. Aquí jugaba un club llamado SV Nowawes que en los años 30 jugó alguna vez en Primera, cuando el fútbol alemán tenía un sistema diferente con grupos regionales. Con el final de la Segunda Guerra Mundial, esta zona quedó en manos comunistas. Las villas imperiales acabaron ocupadas por militares soviéticos. Y el club se reorganizó, bajo el nombre BSG Motor Babelsberg, vinculado a una fábrica de coches que se levantó cerca modificando el perfil social de la zona. El Motor Babelsberg siempre jugó en Segunda o Tercera en la vieja RDA. Y con el nacimiento de la nueva Alemania, una de las pocas novedades fue un nuevo nombre. Llamado Sportverein Babelsberg 03, jugaba en Tercera y Cuarta, sin pena ni gloria, aunque reuniendo nuevas caras de hinchas en las gradas. Potsdam, antes residencial y aristocrática, se había convertido en una zona con familias más trabajadores que llegaban para trabajar en fábricas cercanas. Una zona que generó un nuevo sentimiento de comunidad que modificó la identidad del club. E incluso el nombre del estadio.

Domingo 6 de noviembre, 13:30h, Babelsberg-BFC Dynamo

Así, el Babelsberg juega en el estadio Karl-Liebknecht, el político comunista que lideró el movimiento espartaquista en 1919 cuando fue asesinado durante un levantamiento de grupos de extrema derecha. El Babelsberg, a diferencia de muchos clubes del este, no permitió que grupos neonazis usaran el fútbol para introducir sus ideas. Especialmente a mediados de los años 90, este club destacó por dar cobijo a grupos de izquierdas, unidos por una idea común: su oposición al racismo y el fascismo. En sus gradas se podían ver punks, hippies o skins con banderas jamaicanas. Eso, cómo no, provocó peleas cuando se enfrentaba a clubes que tenían grupos de derechas en sus gradas. En 2017, en un partido contra el Energie Cottbus, un hincha visitante provocó saludando como lo hacían los nazis, con el brazo derecho firme, recto. La hinchada local reaccionó con cánticos, la cosa se calentó y el partido acabó con 19 expedientes policiales, sobre todo a hinchas visitantes. La policía documentó el gesto nazi y otro de un hincha local, con cresta, que gritó “fuera cerdos nazis”. Este gesto provocó una multa de 7.000 euros al Babelsberg. El club afirmó que se negaba a pagar, pues no apreciaba delito en ese grito. El caso acabó ocupando titulares en la prensa porque el club insistió en no pagar. Y al no pagar dentro de las fechas, recibía otras multas que llegaron a ser de 100.000 euros. Y un club modesto no puede pagar eso. El caso acabó con una reunión entre la Federación y el club, con el ayuntamiento de Potsdam como mediador, en la que se pactó que el club pagaría la multa inicial y un poco más con la obligación de que ese dinero fuera usado por la Federación en campañas y charlas contra el racismo.

El Babelsberg es un club particular. Cuando hace años casi entra en bancarrota fue salvado por un empresario local, un tipo llamado Archibald Horlitz que admitió que, de joven, ganó dinero revendiendo productos Apple y siendo pirata informático. Luego creó negocios de software libre, impartió cursos gratis… y acabó como presidente del Babelsberg. Horlitz actuó como portavoz del club cuando los socios decidieron iniciar una campaña de concienciación contra el racismo después de ver como cada año se incrementan los ataques racistas, muchos de ellos contra edificios donde residen refugiados de la guerra de Siria. Así, el Babelsberg se convirtió en el impulsor de una campaña contra el racismo en las gradas que estas últimas temporadas ha sido adoptada por la nueva directiva del Dynamo de Berlín.

Berlín, pese a no tener clubes en Europa o ganando títulos, sigue escondiendo grandes historias. Tanto en sus barrios y zonas, como en sus estadios. Una historia en evolución. Poco imaginaba Mielke que su club llegaría a tener aficionados que cantaban “queremos el retorno del Führer”. Y poco imaginaban los emperadores que vivían en Potsdam que su ciudad tendría recintos con el nombre de comunistas.

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Foto de portada: Jorge Royan bajo licencia Creative Commons 3.0.

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1 comments

La novela ‘Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo’ trata también el caso de Eigendorf, por si alguien quiere ampliar sobre el tema. Buen texto, Toni.

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