Partido Polish Boyfriend: la lucha contra el nazismo en un partido de cuarta división alemana

Babelsberg -  Henning Supertramp bajo licencia Creative Commons 2.0.

El fútbol alemán vive días complicados, marcados por un fuerte debate que amenaza con romper un equilibrio que se ha mantenido estos últimos años. Un fútbol modélico en que se ha conseguido evitar que proyectos con mucho dinero se adueñen de clubes, como ha sucedido en otros lugares. El debate sobre el modelo de gestión de clubes, cada vez más fuerte, especialmente por la irrupción de la marca Red Bull en Leipzig, es un ejemplo más de cómo se vive el fútbol en una tierra en que los hinchas tienen voz. Y la usan. Estos días, las hinchadas, unidas, han plantado cara a la propuesta de jugar los lunes. Y los hinchas más pasionales del Bayern han usado su voz para dejar claro que no quieren una Superliga europea cerrada, pese a que su directiva es una de las impulsoras de la idea, tal como se publicó en una filtración de ‘Football Leaks’.

Alemania tiene cultura de club, tiene una tradición en las gradas en que un equipo de fútbol no se puede entender como un negocio cerrado. Los hinchas viven conectados a las calles y, en los últimos meses, coincidiendo con el ascenso de la extrema derecha, algunos clubes se han manifestado contra el racismo. El presidente del Eintracht de Frankfurt llegó a decir que los racistas y votantes de extrema derecha no tienen lugar en su estadio, recibiendo el apoyo de la mayor parte de la hinchada. En muchos estadios, especialmente en el este, la extrema derecha ha usado históricamente las gradas para llegar a jóvenes. A inicios de los años 90, muchos grupos de extrema derecha se organizaron en las gradas de Rostock, Cottbus, Berlín o Chemnitz. En otras gradas, se organizaron personas con ideas opuestas. Y este fin de semana, en la cuarta división, dos clubes politizados se encuentran en un partido de alto riesgo.

El Babelsberg no puede ocultar su orientación. Juega en el estadio Karl-Liebknecht, el político comunista que lideró el movimiento espartaquista en 1919, cuando fue asesinado durante un levantamiento de grupos de extrema derecha. Babelsberg es un distrito dentro de Potsdam, no muy lejos de Berlín. Al sur de la capital alemana, hacia el oeste, se encuentra esta zona preciosa llena de lagos, ríos, palacios y bosques. Una zona llena de historia, por donde han pasado fronteras, ejércitos y delegaciones. En esta zona, en 1945, se vivió la conferencia de Potsdam, cuando Stalin, Truman y Churchill decidieron el futuro de Europa y medio mundo, residiendo en mansiones incautadas a dirigentes nazis en Babelsberg. Villas que ocuparon militares soviéticos durante años, pues la zona quedó en manos de la RDA comunista.

El Babelsberg juega en el estadio Karl-Liebknecht, que lleva el nombre del político comunista que lideró el movimiento espartaquista en 1919

La zona, residencial y aristocrática, creció un poco y Babelsberg se convirtió en la zona más popular de Potsdam. Su club, fundado en los primeros años del siglo XX y siempre secundario, llegó a la segunda división de la RDA en los años 70 cuando formaba parte de una asociación deportiva vinculada a una fábrica de motor cercana. A partir de 1991, el club empezó una nueva época entre la cuarta y la tercera división de la Alemania unificada, jugando en un estadio al que los hinchas no lo quisieron modificar el nombre. El estadio se encuentra aquí, en una zona idílica. En un guiño de la historia, siempre traviesa, un estadio con nombre de un judío comunista se alza en una zona llena de palacios de monarcas protestantes. Todos, unos y otros, fueron víctimas de la historia alemana. Y todos escribieron sus páginas.

El Babelsberg, a diferencia de muchos clubes del este, no permitió que grupos neonazis usaran el fútbol para introducir sus ideas. Ya en los años 90, este club destacó por dar cobijo a grupos de izquierdas, unidos por una idea común: su oposición al racismo y el fascismo. En sus gradas se podían ver punks, hippies o skins con banderas jamaicanas. Eso, cómo no, provocó peleas cuando se enfrentaba a clubes que tenían grupos de derechas en sus gradas. Hace poco, en un partido contra el Energie Cottbus, un hincha visitante provocó saludando como lo hacían los nazis, con el brazo derecho firme, recto. La hinchada local reaccionó con cánticos, la cosa se calentó y el partido acabó con 19 expedientes policiales, sobre todo a hinchas visitantes. La policía documentó el gesto nazi y otro de un hincha local, con cresta, que gritó “fuera cerdos nazis”. Este gesto provocó una multa de 7.000 euros al Babelsberg. El club afirmó que se negaba a pagar, pues no apreciaba delito en ese grito. El caso acabó ocupando titulares en la prensa porque el club insistió en no pagar. Y al no pagar dentro de las fechas, recibía otras multas, que llegaron a ser de 100.000 euros. Y un club modesto no puede pagar eso. El caso acabó con una reunión entre la Federación y el club, con el ayuntamiento de Potsdam como mediador, en que se pactó que el club pagaría la multa inicial y un poco más, con la obligación de que ese dinero fuera usado por la Federación en campañas y charlas contra el racismo. En una campaña por internet, simpatizantes de medio mundo pagaron el dinero de las multas a un Babelsberg que mantiene, cómo no, una gran relación con el St.Pauli, el otro gran club antifascista de Alemania.

El Babelsberg es un club particular. Cuando hace años casi entra en bancarrota, fue salvado por un empresario local, un tipo llamado Archibald Horlitz que admitió que, de joven, ganó dinero revendiendo productos Apple y siendo pirata informático. Luego creó negocios de software libre, impartió cursos gratis… y acabó como presidente del Babelsberg. Horlitz actuó como portavoz del club cuando los socios decidieron iniciar una campaña de concienciación contra el racismo, después de ver como cada año se incrementan los ataques racistas, muchos de ellos contra edificios donde residen refugiados de la guerra de Siria. El club pidió a otros clubes, especialmente a los profesionales, sumar fuerzas en su campaña contra el racismo. La idea era hablar con los jóvenes y actuar cuando se detectan hinchas neonazis. “Se trata de actuar contra el nazismo. Si alguien es derechas, que lo sea. Una cosa es eso, la otra el nazismo”, dijo Horlitz.

En la actualidad, casi la mitad de los clubes profesionales alemanes trabajan en el proyecto inspirado por el Babelsberg, trabajando para expulsar aficionados racistas, que proclamen su odio a otras personas por su color, raza, orientación sexual o confesión religiosa. “Ya que la Federación no actuaba, actuamos nosotros”, resumió Horlitz. Clubes como el Borussia Dortmund han sido de los más activos, consiguiendo, poco a poco, expulsar a los neonazis de sus gradas, muy activos hasta hace poco.

Esta semana, el Babelsberg, que anda por la mitad de la tabla, visita el campo del líder de su grupo de Cuarta, el Chemnitzer. El partido se jugará sin hinchada visitante, por miedo a incidentes, pues la ciudad de Chemnitz se ha convertido en un feudo de extrema derecha, llamando la atención de medios internacionales en los últimos meses. En una pelea el último verano, dos ciudadanos de origen sirio e iraquí fueron acusados de la muerte de un carpintero, asesinato que provocó manifestaciones de grupos de extrema derecha con lemas como “fuera extranjeros” y gestos, en ocasiones, neonazis. Muchos de los más radicales, eran tipos que se habían conocido en las gradas del campo de fútbol de Chemnitz. Y juntos se manifestaron delante de la estatua, curiosamente, de Karl Marx, uno de los símbolos de una ciudad que durante muchos años, en tiempos de la RDA, fue llamada Karl-Marx Stadt. O sea, la ciudad de Karl Marx.

Sábado 8 de diciembre, 13:30h, Chemnitzer-Babelsberg

Chemnitz es una ciudad industrial importante, aunque con el fin de la RDA, como sucedió en otras ciudades, el poder adquisitivo se desplomó en comparación a la RFA. Y la llegada de extranjeros provocó incidentes muy graves ya en los años 90. Incidentes que han vuelto estos últimos años. El Chemnitzer ha sido multado ya algunas veces por cánticos racistas, mientras intenta dar gloria a una ciudad que pocas victorias ha visto. La única excepción fue la liga de la RDA de 1967, cuando el club se llamaba FC Karl Marx-Stadt, y una semifinal de copa en 1993, poco después de la caída del muro, con un guion sorprendente, pues el club fue eliminado en esas semifinales por el filial del Hertha de Berlín. En una de las copas más raras de la historia alemana, el Hertha Berlin fue eliminado en octavos de final y su filial llegó a la final, eliminando al Chemnitzer. Luego perdió por la mínima con el Bayer Leverkusen.

Foto: Sandro Schmalfuß bajo licencia Creative Commons 3.0.
Chemnitz. Foto: Sandro Schmalfuß bajo licencia Creative Commons 3.0.

Como Chemnitz había sido un feudo nazi de Sajonia y tenía valor, las autoridades de la RDA habían optado por ese cambio de nombre, usando el del padre del marxismo, aunque no consiguieron dar a la urbe un gran club. En 1953 incluso llegaron a decretar que el Wismut Aue, un club de una zona minera que ganó ligas, fuera trasladado a Karl Marx-Stadt, decisión que provocó una huelga de mineros que triunfó. El Wismut se quedó en Aue, y las autoridades tardaron algo más en armar un buen equipo en la actual Chemnitz. La liga de 1967, con el club vinculado a una fábrica local, fue el mejor año futbolístico de una ciudad con tasa de paro y pobreza alta.

Las gradas del Chemnitzer, pues, se llenaron con el tiempo de propaganda neonazi y el grupo ultra “Kaotic Chemnitz” fue uno de los convocantes de las manifestaciones de este año con el lema “Nuestra ciudad: nuestras reglas”. Ya en los años 90, el club había prohibido un grupo llamado “HooNaRa” (Hooligans nazis y racistas) que había provocado graves incidentes, aunque muchos de sus miembros acabaron en este nuevo grupo. Y en el mundo de la política. La última vez que el Babelsberg jugó en Chemnitz, insultaron a un jugador negro rival y usaron banderas militares imperiales, las más parecidas a esas que les gustaría poner y no pueden, pues están prohibidas: las nazis. En las manifestaciones de este año, con pasamontañas, sí se vieron salutaciones nazis, así como agresiones a personas de otras razas.

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El club ha admitido preocupación, justo el año que sueñan con el ascenso a Tercera. El partido contra el Babelsberg enfrentará dos formas diferentes de ver el presente y soñar el futuro, con un club que se opone abiertamente al racismo, y otro que con la boca pequeña dice estar en contra, mientras sigue dando entradas a hinchas que, con un gesto de burla, imitan un mono cuando ven alguien de una raza diferente.

Foto de portada: Henning Supertramp bajo licencia Creative Commons 2.0.

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3 comments

Importante recordar que:
“Ser trata de actuar contra el nazismo. Si alguien es derechas, que lo sea. Una cosa es eso, la otra el nazismo”, dijo Horlitz.

Un auténtico fan de la sección Polish Boyfriend. Escribes auténticas joyas Toni Padilla. El único pero que le pongo es que me gustaría que el lunes editaras el artículo añadiendo al final el resultado. Porque realmente consigues que empatice siempre con alguno de los equipos sobre los que escribes.

Secundo la propuesta. Quizá no editar el artículo, pero sí incluir un comentario con el resultado. Por lo demás, me encantan estos artículo, muchas gracias!

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