Partido Polish Boyfriend: los campeones alemanes de 1991, rivales ahora en Tercera

Foto: Thomas Hilmes / http://www.der-betze-brennt.de

1992 fue el año soñado de Barcelona. La ciudad fue olímpica y el Barça ganó su primera Champions. En el camino hacia Wembley, donde un zapatazo de Koeman superó a Pagliuca, el Barça había viajado dos veces en pocas semanas a Alemania. Ahora puede ser normal, aunque entonces no lo era, pues solamente jugaba la Copa de Europa un club por estado. En la temporada 1991/92, el Barça eliminó primero al último campeón de la RDA, el Hansa Rostock, y al último campeón de la liga de la RFA sin clubes del Este, el Kaiserslautern.

El Hansa y el Kaiserslautern, campeones de liga en 1991, se citan este fin de semana en la Tercera División alemana. Las últimas temporadas esta categoría ha sido la casa habitual del Hansa, aunque en el caso del Kaiserslautern jugar en Tercera es una humillación. Además, el club no anda bien, en parte por culpa de la mala gestión, y está perdido en la mitad de la tabla. Seguramente no ascenderá. Mucho ha cambiado todo en 25 años. De plantar cara al Barça de Cruyff a la Tercera División. Detrás precisamente del Hansa.

Sábado 10 de noviembre, 14:00h, Hansa Rostock-Kaiserslautern

En Alemania, hablar de Kaiserslautern significa hablar de fútbol. Con Rostock es diferente. La ciudad de Rostock vivió unos años locos en 1990, 1991 y 1992. En 1991, el Hansa debutó en la Champions derrotando al Barça por 1-0, aunque perdió por 3-0 en el Camp Nou. En 1992, mientras en Barcelona se vivían los Juegos Olímpicos, Rostock apareció en todas las televisiones de Europa cuando se vivieron graves incidentes racistas. Alemania descubría como en los últimos años de la RDA comunista grupos de neonazis se habían ido organizando en parte en las gradas de estadios como el del Hansa Rostock. Y cuando llegó la democracia, su odio salió a las calles. Las noches del 22 al 24 de agosto de 1992, cientos de neonazis de Rostock incendiaron un albergue para refugiados en el pueblo de Lichtenhagen, cerca de Rostock. Un albergue sobre todo con gitanos rumanos que habían escapado de Rumanía en los últimos meses de poder de Ceaucescu. Durante esos años, centenares de extranjeros fueron agredidos y el estadio del Hansa Rostock se convirtió en uno de los más peligrosos de Alemania. Fueron los años en que nació una rivalidad temible con el St.Pauli de Hamburgo, club con aficionados de izquierdas.

Fechner.
Gino Fechner, internacional en categorías inferiores con Alemania, juega ahora con el Kaiserslautern. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

El Hansa fue fundado en los años 90 con un nombre que dejaba clara la historia de Rostock, puerto de mar. El escudo era una nave de vela de la Liga Hanseática, una federación comercial nacida en 1358 de ciudades del norte de Alemania y de comunidades de comerciantes alemanes en el mar Báltico, los Países Bajos, Suecia, Polonia y Rusia, clave en el nacimiento del comercio moderno en el Báltico. Y en parte, precursora de prácticas capitalistas en tiempos feudales. El club nunca destacó demasiado, aunque a finales de los 90 tenía una buena generación de jugadores. Justo cuando el Muro de Berlín se derrumbó y las dos Alemanias empezaron a trabajar para su unificación. La temporada 1990/91, pues, fue la última de la RDA, aunque oficialmente ya no se jugó con el nombre de ‘DDR-Oberliga’, el nombre oficial durante décadas. Esa temporada fue la NOFV-Oberliga, una liga organizada en un estado que tenía aún cosas de comunista y otras nuevas de capitalista. Así, directivos socialistas presidieron una liga en que ya se pudieron fichar extranjeros. El Hansa fichó a un entrenador de Alemania Occidental, Uwe Reinders. Y un jugador… de Estados Unidos, Paul Caligiuri. Eso sí fue pasar del comunismo al capitalismo en pocos meses.

Caligiuri había destacado en el Mundial de 1990 y acabó en una ciudad donde te podías encontrar bustos de Lenin y neonazis. El presidente del Hansa, el aún entonces comunista Robert Pischke, lo convirtió en el único ciudadano americano que vivía en Alemania del Este en una operación de mercado arriesgada. En tiempos socialistas, el Hansa había dependido de la empresa naviera local, pues en la RDA, como en la URSS, los clubes se vinculaban a estructuras estatales. En 1990, pues, Pischke se buscó la vida fichando a Caliguri y Reinders, que tenía fama de entrenador alocado. Los otros jugadores, todos locales, entendían que uno de los símbolos de libertad era el peinado, y parecían todos estrellas de rock glam de dudoso gusto. Era una banda salvaje que aprovechó que las autoridades ya no podían adulterar la competición a favor de clubes como el Dynamo de Berlín, el club de la stasi, la policía secreta, para sorprender ganando esa liga. Pese a que esa temporada 1990/91 en Rostock se sospechó que la stasi aún intentó evitar su victoria, el club finalmente pudo ganar su única liga el último año de la RDA. Lo hizo con un presidente comunista, una estrella americana, un sistema capitalista y ultras neonazis. Y un escudo con una nave medieval. Todo juntito.

El Hansa se ganó así un lugar en la Bundesliga unificada 1991/92, aunque descendió a Segunda rápidamente mientras Pischke intentaba encontrar soluciones, como un convenio de colaboración con el Werder Bremen, que pagó al club dinero por el fichaje de un jugador, Axel Kruse, que se había fugado de Rostock en 1989 saltando el muro aprovechando un partido amistoso. Los años 90 vieron un Hansa en la Bundesliga después del ascenso, aunque duró poco y el club ha jugado sobre todo en Segunda, Tercera e incluso Cuarta, con el Ayuntamiento evitando la desaparición en dos ocasiones. Y muchas sanciones por el comportamiento de sus radicales. En en unos años en los que la extrema derecha sube, tienen en las gradas de Rostock un bastión.

Esta temporada el Hansa quiere ascender. Y quiere derrotar al Kaiserslautern. El K’lautern siempre fue uno de los clubes con más tradición y con un estadio más hermoso, el Fritz Walter, sede del Mundial de 2006. Con más de 100 años de vida, el club aportó la columna vertebral de la selección alemana campeona del Mundial en 1954, cuando Alemania necesitaba una alegria después de la oscuridad del nazismo y los años de posguerra.

En las últimas temporadas el club, en Segunda, ha sufrido una gran crisis económica y finalmente, en 2018, descendió a la Tercera división del fútbol alemán por primera vez al perder 3-2 con el Arminia Bielefeld. Campeón de la liga en 1991 y en 1998, semifinalista de la UEFA el año en que perdió con el Alavés y presente en unos cuartos de final de la Champions en 1999, el club se ha ido hundiendo poco a poco. En 1998 incluso ganaron la liga justo el año en que volvían a Primera, después de un descenso no previsto. La Bundesliga 1997/98 parecía destinada a ser del Bayern, aunque con Otto Rehhagel en el banquillo el Kaiserslautern ganó el trofeo con jugadores como Miroslav Kadlec, Pavel Kuka, Ciriaco Sforza o un chico llamado Michael Ballack.

La ciudad, de 100.000 habitantes, siempre había sido de las más pequeñas con equipo en Primera, aunque el club tenía hinchas en diferentes zonas. Era un clásico. Aunque últimamente nada les sale bien e incluso la última temporada su entrenador Jeff Strasser sufrió un ataque de corazón en medio de un partido. Strasser no pudo acabar la temporada. En unos 10 años, el club pasó de jugar en Bundesliga, como siempre, a un descenso traumático. Múltiples factores han provocado esta situación. En 2006, por ejemplo, el estadio fue elegido para ser sede del Mundial por delante de ciudades más grandes y estadios más modernos. Era un premio a la tradición, aunque eso significó obras para ampliar el estadio de los 39.000 espectadores a los 50.000. El Fritz Walter Stadium, propiedad municipal, pues, fue ampliado y con ello el club pasó a pagar un alquiler superior, de unos 3,2 millones anuales. Cuando el grupo televisivo Kirch sufrió una bancarrota y no pudo pagar a los clubes, algunos como el Kaiserslautern sufrieron para pagar lo prometido.

Stefan Kuntz, leyenda del Kaiserslautenr.
Stefan Kuntz, leyenda del Kaiserslautern. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

El club bajó y con el mítico delantero del equipo campeón en 1991, Stefan Kuntz, en los despachos directivos, el Kaiserslautern evitó el descenso a Tercera, subió a Primera y volvió a bajar, aunque siempre con proyectos atractivos. Un error fue pagar más dinero a jugadores con el reto del ascenso. Pero el ascenso no llegó y el Kaiserslautern no pudo pagar más el alquiler de su estadio. Incluso se vendió la ciudad deportiva para poder saldar sus deudas. Finalmente, cómo no, llegó el descenso a Tercera.

El golpe fue duro para un club fundador de la Bundesliga conocido por sacar siempre jugadores de nivel. Con el descenso, el 80% de los jugadores pudieron rescindir su contrato por una cláusula que estipulaba que era válido solo para las dos primeras categorías. Así se ha quedado el Kaiserslautern sin compensación económica ni ingresos justo el año en el que ingresas menos dinero por la televisión al jugar en Tercera.

Para sobrevivir, en junio de este año el 92,13% de los socios votaron a favor de crear una sociedad empresarial nueva para gestionar el primer equipo, separada de la entidad histórica, una entidad polideportiva con diferentes secciones. Así se pretende poder sumar nuevos inversores. Además, el sistema futbolístico alemán tiene un fondo de dinero que permite ayudar a los clubes que sufren descensos complicados, y tanto el Kaiserslautern como el Eintracht Braunschweig recibieron una donación de 600.000 euros. Dinero para poder reaccionar poco a poco, en espera de poder ver otra vez fútbol de Primera en el Fritz Walter Stadium. Donde Bakero marcó un gol histórico, en esos años en los que Hansa y K’lautern eran clubes protagonistas en competiciones europeas.

Foto de portada: Thomas Hilmes / http://www.der-betze-brennt.de bajo licencia Creative Commons 3.0.

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5 comments

Llega la democracia y aparecen los neonazis en la RDA. Curiosa “democracia” la occidental, que aparezcan nazis donde no los habia

Los había, solo que no se mostraban abiertamente en un sistema Comunista, pero estar estaban allí no aparecieron de la nada.

Genial artículo, señor Padilla. Siempre es un placer leerle.
No sabía que el Kaiserslaurten andaba por la tercera alemana, pero me alegra conocer que el St. Pauli tiene un rival tan odioso. Eso hace que lo admire más.

Mi primer recuerdo futbolistico y por el que me hice del Barça es el gol de Bakero, luego he visto más veces resumido el partido en el que Zubizarreta por cierto estuvo absolutamente horrible cantando en dos de los goles, pero siempre he recordado el Kaiserlauten por aquel gol, la falta que cuelga Koeman, Bakero saltando casi sin angulo con dos torres Alemanas en el segundo palo y cruzando la bola de cabeza a gol en el minuto 90. Es probablemente un gol que cambio la historia del Barça, porque sin él se hubiera seguido con los eternos fracasos en la copa de Europa que tenían y ese complejo que se empezó a quitar con el Dream Team gracias a las ligas y a esa Champions.

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