Inercia de pentacampeón

Joshua Kimmich volvió a ser lateral derecho ante la suplencia de Pavard. Foto: Yannis Halas/Focus Images Ltd

El Bayern de Munich sumó su quinto título de cinco posibles en este extraño 2020 en uno de sus partidos menos vistosos. No fue un rodillo, no fue un deleite para los sentidos. Fue un equipo campeón, de los que ganan más desde la lógica que desde la lírica, y sumó su octava Supercopa Alemana a su palmarés. Lo hizo gracias a un grupo de jugadores que ya juegan con un aura de superioridad que va más allá de lo que demuestran en el campo y les hace dominar los momentos y dinámicas que podrían complicárseles. Erling Haaland estuvo a punto de enturbiar la prosa de este Bayern: su ímpetu irracional casi logró tumbar a los de Flick cuando sesteaban. Pero Favre decidió retirarle del campo y Kimmich apareció para personificar lo que ha llegado a ser este Bayern de la mano de Hans Dieter Flick: un equipo que gana títulos hasta de carambola. La inercia de un grupo campeón.

Bayern Munich 3 (Tolisso 18′, Müller 32′, Kimmich 82′)

Borussia Dortmund 2 (Brandt 39′, Haaland 55′)

FC Bayern vs Borussia Dortmund - Football tactics and formations

Ambos conjuntos venían de recibir un duro varapalo el pasado fin de semana. El Bayern había mostrado ya trazas de su humanidad en la Supercopa de Europa ante el Sevilla y pagó el desgaste acumulado de este impropio año cayendo goleado ante el Hoffenheim. También el Dortmund venía de una derrota ante el Augsburgo y, como el Bayern, contaban bajas sensibles de la talla de Burki o Jadon Sancho. Flick, por su parte, no podía contar con Sané ni Goretzka y reservó a Gnabry.

En un sorprendente movimiento, Flick le dio la titularidad a Javi Martínez, que hasta su heroico gol ante el Sevilla tenía pie y medio fuera del club. El navarro actuó como único pivote posicional con bastante soltura y responsabilidad sacando el balón en un centro del campo poco habitual. Kimmich ejercía como el interior más cercano al español, pero tenía mucha libertad y vuelo. En resumen, hacía casi más de Goretzka que de sí mismo, un nuevo rol que añadir a su dilatada polifuncionalidad. Tolisso esperaba un par de pasos más adelante, con Müller caído a la derecha y Coman abriendo el carril izquierdo.

Hans-Dieter Flick ha construido en tiempo récord un equipo campeón. Foto: Yannis Halas/Focus Images Ltd
Hans-Dieter Flick ha construido un equipo campeón. Foto: Yannis Halas/Focus Images Ltd

Lucien Favre respondió al intento de achicar el campo del Bayern con solidez en el centro y valentía en la defensa. Delaney acompañó a Dahoud en el doble pivote, buscando un control posicional para tapar los pases más verticales de los ataques bávaros. En la línea de tres centrales, Akanji estuvo especialmente serio defendiendo, pero Hummels primero y Emre Can después llevaron la voz cantante para sacar la pelota jugada desde atrás ante la asfixiante presión de los de Flick. El problema para el Dortmund venía cuando el balón llegaba a los costados. Meunier, en el carril derecho, estuvo muy poco fino con el balón e hizo preguntarse hasta qué punto Favre va a echar de menos la explosividad de Achraf para sortear encrucijadas. Por la izquierda, Passlack convertía el juego en un embudo por actuar a pierna cambiada: la mayor parte de las veces acababa girando de vuelta a los centrales. El juego del Dortmund sólo transmitía tener verdadero sentido cuando el balón llegaba arriba, y Haaland, Reus y Brandt lograban combinar a pocos toques y generar peligro.

Pero eso sucedía poco. El Bayern fue poco a poco imponiendo su dominio, desde la serenidad de Javi Martínez y la movilidad de Kimmich y Tolisso. El francés multiplicó su estado de inspiración técnica tras anotar el 1-0, culminando una contra de manual magistralmente iniciada por Davies. El propio Davies le pondría un centro de esos que enamoran a Müller para anotar el segundo. Al Borussia cada vez le costaba más encontrar a sus atacantes: la confianza y el estado físico de los encargados de sacar el balón se iba minando, y el Bayern reiniciaba una y otra vez sus ataques, cada vez mejor colocados. Se encumbró la figura de Lucas Hernández, de los menos habituales en las alineaciones de Flick pero que mostró estar en un estado físico excelente en las coberturas y una rapidez mental brutal a la hora de salir en la anticipación.

Julian Brandt brilló en el derbi de la cuenca del Ruhr. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd
Haaland y Brandt pusieron en serios apuros a la defensa del Bayern en la segunda mitad. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd

En uno de los pocos robos arriba que logró el Dortmund, Haaland encontró rápido a Brandt y éste puso el 2-1 con el que se llegó al descanso. Tras la reanudación no vimos al mismo Bayern. Javi Martínez mostró lagunas posicionales que humanizaron su buen partido, y por los huecos que abrió se empezó a colar el Borussia. Los robos de los de Favre comenzaron a sucederse y la concatenación de ataques ahora era de color amarilla. En una de esas, Delaney encontró a Haaland tras una recuperación de Akanji, y el delantero noruego reventó la red para empatar el partido tras un soberbio desmarque. Y pudo darle la vuelta al marcador en una acción calcada tan sólo un par de minutos después, pero Neuer demostró que sigue impartiendo su propia justicia. Haaland siguió tirando desmarques y peleando balones imposibles, dando una sensación de peligro inminente, pero Lucien Favre decidió retirarle del campo. Y ahí se acabó el conato de resistencia.

Favre rejuveneció su tridente ofensivo, dando entrada a Reyna, Jude Bellingham y Reinier. El joven brasileño cedido por el Real Madrid actuó como punta, dejando varios movimientos y combinaciones muy interesantes abarcando los tres carriles, pero muy lejos, como es lógico, del peligro que estaba suponiendo Haaland hacía unos minutos. El Bayern fue recuperando poco a poco el control y acabó encontrando el gol de la victoria en una acción paradigmática. Kimmich, encumbrando su sobresaliente 2020, sacó energías de la reserva para robarle la cartera a Delaney en la presión, combinar con Lewadowski en el área y rematar no una, si no dos veces a la portería de Hitz para lograr la Supercopa. La segunda, en el aire, cayéndose, gracias a un rechace afortunado, pero con toda la intención del mundo. Con la inercia de un campeón que se sabe capaz de ello.

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Así se cerró el quinto título de este Bayern, que ha arrancado la temporada en su versión más terrenal y aun así ha ampliado la vitrina con otros dos trofeos. Hansi Flick tiene ya una de esas tramposas estadísticas que da miedo leer, pues suma un título por cada ocho partidos que ha entrenado a este Bayern. El Hoffenheim rompió una racha de 32 encuentros sin perder que muestra a las claras el conjunto que ha creado: un equipo que, por norma, es superior a su rival. Una máquina de avasallar que, hasta en su versión menos engrasada, gana campeonatos. Veremos quién le hace frente esta temporada.

 Foto de Portada: Yannis Halas/Focus Images Ltd

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