El Atalanta baila al ritmo del Papu e Ilicic

Josip Ilicic of Atalanta BC bears down on goal during the UEFA Champions League match at the Etihad Stadium, Manchester
Picture by Matt Wilkinson/Focus Images Ltd 07814 960751
22/10/2019

El Papu se encuentra en ese momento de la vida en la que ya le resbala la presión. Disfruta de cada momento, saborea cada instante sin pensar en las oportunidades perdidas, sin el vértigo de quien teme equivocarse, pensando en positivo en el siguiente paso a dar. Si se equivoca, vuelve a pedir el balón y lo vuelve a intentar. El capitán del Atalanta es la cara más reconocible de la Dea en un lustro en el que el club y el atacante argentino han crecido de la mano hasta poner fin a más de dos décadas de sequía sin participar en competiciones europeas y romper el techo de cristal de la Champions League, un reto que parecía fuera de su alcance cuando el Papu aterrizó en Bérgamo el último día del mercado veraniego de 2014. El Papu Gómez corresponde a la figura que todo debutante necesita para competir en un torneo que le es ajeno y que funciona con sus propias normas: un futbolista maduro, que no necesariamente veterano, que emana dotes de liderazgo que refuerzan la confianza de todos los futbolistas a su alrededor. Afortunadamente para el Atalanta, no es la única estrella que responde a este perfil. El esloveno Josip Ilicic es su socio perfecto. Son Batman y Robin, Astérix y Obélix, Tintín y Milú. Una pareja inseparable, indisociable, que ha asumido la responsabilidad en el Atalanta y que demostró que la Champions no hace temblar sus piernas. Entre ambos acribillaron al Valencia en su primera eliminatoria de la Copa de Europa.

Gian Piero Gasperini dibujó un partido en la pizarra y a nivel ofensivo acabó ocurriendo prácticamente lo que había ideado en los prolegómenos. El técnico italiano dejó en el banquillo a Duván Zapata a cambio de reforzar la medular con Mario Pasalic en la mediapunta y juntar a Josip Ilicic y el Papu Gómez. Los dos futbolistas más adelantados eran los delanteros del Atalanta, pero ninguno ocupaba el área. Jamás. Caían a banda, se separaban, arrastraban a los defensas y buscaban zonas en las que recibir para desviar el foco de atención y permitir que otros compañeros percutieran al espacio libre. Pasalic era el martillo más poderoso en la caja de herramientas transalpina para pegar golpes al arco de Jaume Doménech y pronto se encargó de avisar con una irrupción desde la segunda línea: a los ocho minutos obligó al guardameta ché a lucirse. También se sumaron a la fiesta los carrileros e incluso Remo Freuler.

Atalanta 4 (Hateboer 15′, 62′, Ilicic 42′, Freuler 57′)
Valencia 1 (Cheryshev 66′)

Valencia vs Atalanta - Football tactics and formations

Las lesiones de la retaguardia valencianista no ayudaron a contener el torrente ofensivo del Atalanta. Ilicic y Papu se convirtieron en atacantes indetectables entre líneas. Siempre recibían solos, invisibles a los ojos del sistema defensivo. Sus movimientos, indescifrables, torturaron a Mangala y Diakhaby. El Papu Gómez fue el primero que lo entendió y quien empezó a participar con mayor asiduidad, pero con el avance de los minutos Josip Ilicic reprodujo sus movimientos en le sector derecho. Se alejaban, bajan a recibir y avanzaban al ver que nadie salía a su paso. Pronto el Atalanta se adelantó en el marcador gracias a una internada en la que el argentino asistió a Hateboer e Ilicic amplió la diferencia con un zapatazo al borde del descanso tras abrirse paso con el cuerpo. Ambos goles compartieron defecto en la zaga española: cedieron demasiado espacio para que los jugadores de mayor talento del Atalanta pensaran y ejecutaran.

Atalanta Manager Gian Piero Gasperini before the Pre-season friendly match at Carrow Road, Norwich Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 30/07/2019
El plan de Gian Piero Gasperini surtió efecto. Foto: Focus Images Ltd.

Aun así, el planteamiento del Atalanta también poseía ángulos ciegos. El equipo de Gasperini no es un conjunto particularmente equilibrado en la faceta defensiva y asume riesgos en las marcas individuales que suele dibujar sobre el verde. Las persecuciones de los primeros minutos dificultaron la circulación del Valencia, pero al mismo tiempo abrieron vías rápidas hacia el área de Gollini cuando alguien rompía el guion de la previsibilidad. Cuando Guedes o Soler se escurrían entre líneas, Gayà avanzaba en conducción o Ferran Torres regateaba, el Atalanta se resquebrajaba. Sufrió especialmente Palomino, acostumbrado a jugar en el eje de la zaga y más exigido a saltar a tapar la banda ante la baja de última hora de Djimsiti. El Valencia sufrió atrás, pero también pudo golpear en el primer tiempo con un disparo de Ferran que se topó con la madera y una ocasión de Guedes marrada tras un pase de Gayà. Los chispazos del luso, escasos, bastaron para hacer saltar las alarmas en los locales.

El encuentro se abrió aún más en los primeros minutos de la segunda parte. Derivó en un intercambio de golpes y el Valencia salió peor parado a pesar de gozar de algunas ocasiones claras, como un remate de Soler tras otro centro de Ferran Torres desde la banda derecha u otra oportunidad desperdiciada por Maxi Gómez después de un error de Gollini con los pies. Más atinado se mostró el Atalanta, contundente en el área contraria ante las dudas valencianistas. El 3-0 y el 4-0 llegaron en acciones prácticamente consecutivas, con un disparo de Freuler desde la frontal que castigó la pasividad visitante y una arrancada de Hateboer desde atrás después de que Ilicic dejara pasar la pelota. El Atalanta golpeó con fuerza, pero Cheryshev evitó que el Valencia quedara noqueado con un zurdazo en su primera intervención que devolvió la vida al conjunto español.

Denis Cheryshev of Valencia shoots during the UEFA Champions League match at Stamford Bridge, London Picture by Jeremy Landey/Focus Images Ltd 07747773987 17/09/2019
Denis Cheryshev marcó en su primer contacto con el balón. Foto: Focus Images Ltd.

El tanto del extremo ruso dio pie a los mejores minutos del Valencia. Despertó la fe en el equipo ché y también el miedo en el Atalanta, que por un momento temió perder el precioso botín conseguido hasta ese momento. El Atalanta tomó consciencia del trabajo realizado y las consecuencias derivadas de encajar un segundo tanto en casa en un tramo de encuentro en el que las piezas italianas se separaron y se ampliaron las distancias entre las líneas. Sus mejores futbolistas, ya cansados por el desgaste del primer tiempo, no podían repetir los mismos esfuerzos ni tampoco amenazar con el mismo veneno a la espalda de un Valencia volcado en busca del 4-2. En ese instante, Gian Piero Gasperini realizó un cambio que resume a la perfección la mentalidad inoculado al combinado bergamasco en los últimos años: con 4-1, en el momento de mayor sufrimiento del partido de ida, sacó a uno de sus centrales para introducir a un delantero centro como Duván Zapata. Retrasó a De Roon a la zaga, Pasalic bajó un escalón y el Atalanta procuró defenderse atacando, tal y como manda su identidad.

No le faltaron oportunidades al Valencia para recortar la distancia, pero le faltó contundencia en el área para cosechar un resultado menos negativo de cara al enfrentamiento de vuelta en Mestalla. Maxi Gómez y Cheryshev no concretaron una doble ocasión muy clara en el minuto 70 y Gayà no logró dirigir a puerta un centro potentísimo de Wass, las dos mejores aproximaciones visitantes junto al abanico de jugadas de estrategia que hicieron temblar a la zaga italiana. Si en Mestalla el Papu Gómez y Josip Ilicic vuelven a pinchar la música que suena en el vestuario de la Dea, la remontada se antoja una utopía.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

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