El Barça hizo todo lo posible por obrar el milagro

Lionel Messi of FC Barcelona during the UEFA Champions League match at Wembley Stadium, London
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03/10/2018

Cuánta razón tenía Jorge Valdano cuando dijo que el fútbol es un estado de ánimo. Quedó meridianamente claro en la gélida noche de París, en la que el guión de la primera mitad indicó que la vuelta de la eliminatoria entre PSG y Barça podía tener mucha más historia de la que se esperaba. Los franceses, como hace cuatro años ante un Camp Nou abarrotado y un Barça con la MSN, salieron atemorizados, a pesar del 1-4 que traían de Barcelona y de estar jugando ante un equipo en transición al que la Champions le ha generado en el último lustro sus más dolorosos traumas. Por su lado, los de Koeman mostraron una confianza en sus posibilidades que iba en la línea de todo lo bueno que ha ocurrido en las últimas semanas, en las que el equipo ha encontrado un sistema que le funciona, se ha clasificado para la final de Copa tras una remontada mágica ante el Sevilla y ha visto que otro joven más como Ilaix Moriba oposita a tener un futuro brillante en la entidad. Además, la presidencia del Barça ha recaído en manos de Joan Laporta, cuya intención en los primeros días de su nuevo mandato ha sido contagiar su característico optimismo tanto al equipo como al barcelonismo. Sabiendo que la remontada era casi imposible, había motivos para pensar que el equipo lo daría todo sobre el césped del Parque de los Príncipes. 

Paris St. Germain 1 (Mbappé 31’ p.)

FC Barcelona 1 (Messi 37’)

FC Barcelona vs PSG - Football tactics and formations

Al igual que en los tres partidos anteriores, el FC Barcelona salió al Parque de los Príncipes con tres centrales y dos carrileros, pero debido a la necesidad de marcar un mínimo de cuatro goles para pasar la eliminatoria, metió Koeman a Messi, Dembélé y Griezmann juntos por primera vez desde que cambiara su estructura táctica en el partido de Liga ante el Sevilla. En la retaguardia, las bajas de Piqué y Araújo obligaban a Koeman a hacer algo que no estaba en sus planes, y la decisión fue introducir a Frenkie de Jong en la zaga, sacrificando su despliegue y sus rupturas en el centro del campo para mantener piernas atrás, permitiendo empujar la línea defensiva hacia arriba y replegar velozmente en caso de que el PSG contragolpease con peligro. Por su parte, los de Pochettino jugaron con su 4-3-3 ya habitual en Champions, con el único cambio respecto a la ida de Draxler por Moise Kean, ausente por covid. 

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Los primeros 45 minutos del partido fueron un absoluto monólogo del FC Barcelona. Con el PSG disponiéndose en un bloque bajo, el Barça enseñó un nivel futbolístico pocas veces visto durante esta temporada. Pedri y Busquets controlaron el partido como quisieron, acomodados en un equipo corto que tenía todo el tiempo el balón, debido a que el PSG sólo estaba interesado en defenderse cerca de la portería y buscar en largo a sus delanteros. Busquets aplicó a la perfección ese automatismo que tiene asimilado desde hace años, consistente en buscar a Messi en cuanto entra en contacto con la pelota y, especialmente, cuando la recupera. Por su lado, Pedri demostraba por enésima vez que no hace falta un físico privilegiado para ser un gran recuperador de balones -lo sufrió especialmente Gueye- y que Koeman tiene a disposición pocos jugadores que giren, retengan la pelota y pongan en ventaja a sus compañeros como lo hace el canario, capaz de aglutinar varias acciones técnicas en un solo gesto. 

Junto a los integrantes de la medular, el Barça contaba también con Messi y Griezmann para recargar el carril central, amedrentando cada vez más con el paso de los minutos a un PSG que se veía incapaz de frenar a los de Koeman, empujados desde los carriles por Dest y Alba, siempre a gran altura y con mucho nervio. Pero quien fue realmente indetectable para el PSG es Ousmane Dembélé. El Mosquito no paró de romper a la espalda de los centrales y, gracias a sus buenos movimientos, el Barça generó mucha sensación de peligro, si bien Ousmane no estuvo acertado de cara a portería. A los 10 minutos, tuvo la primera en un balón por encima de la defensa de Jordi Alba, en que no remató con potencia. Poco después, el Barça desactivaba un ataque del PSG y Griezmann habilitaba a Dembélé, que encaraba ante Kimpembe para terminar sacando un derechazo excesivamente potente. Y a la tercera, Keylor Navas realizó la primera de sus diez intervenciones en el partido, sacando una mano durísima abajo para desbaratar el tiro cruzado de Dembélé. El Barça estaba en tal punto de efervescencia que cada llegada al ataque era peligro garantizado, como la acción en que Busquets habilitó en derecha a Dest para que este acabase su cabalgada con un tirazo, que Keylor Navas desvió con otra mano salvadora. A esas alturas, Kurzawa ya estaba amonestado, una losa muy pesada para un lateral de por sí poco contundente en defensa, así que Dest entraba por la banda derecha como Pedro por su casa. Incluso a balón parado, que nunca diríamos que es una especialidad del Barça, se generaba mucho peligro, con Busquets provocando el pánico con cada balón que cabeceaba en el primer palo y Mingueza rematando en un par de ocasiones. 

Ousmane Dembélé of FC Barcelona during the UEFA Champions League match at Camp Nou, Barcelona Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd +44 7814 482222 14/03/2018
Ousmane Dembélé no paró de generar problemas al espacio. Foto: Focus Images Ltd

Pero precisamente Mingueza sería clave en los minutos posteriores, porque le tocaba la difícil tarea de marcar a Mbappé. Durante los primeros 25 minutos, Mingueza pudo resistir las acometidas del ‘7’ del PSG, pero en la primera vez que se podría haber ido solo en dirección a portería, le agarró para detenerle, ganándose la amarilla. Un minuto después, Mingueza se jugaba la expulsión con una entrada por detrás que habría sido merecedora de cartulina y que Anthony Taylor decidió no sacar. Koeman vio que el peligro de quedarse con 10 era muy real, así que sustituyó al canterano por Junior Firpo, que por primera vez en su carrera jugó de central diestro. Poco antes de esta sustitución, Lenglet pisaba de forma totalmente involuntaria a Icardi dentro del área, en una acción que en directo pasó totalmente desapercibida: mientras el centro de Mbappé desde la izquierda iba directamente a manos de Ter Stegen, el central francés iba mirando a la pelota y pisó sin querer a Icardi. El VAR lo vio y decretó penalti, aumentando el álbum de fotos de Lenglet, que lleva tiempo a un nivel preocupante. Mbappé convertía la pena máxima con un gran disparo a la escuadra. El PSG se adelantaba y al Barça los cuatro goles ya no le valían para pasar, sino para forzar la prórroga. 

Los de Koeman no se desanimaron y encararon el cuarto de hora previo al descanso exactamente igual que los primeros 25 minutos, con el equipo instalado arriba, los centrocampistas jugando a sus anchas y Dembélé rajando la defensa parisina. Sólo dos minutos después del gol de Mbappé, Pedri habilitó a Griezmann y este la puso para Dembélé, que entró al área con espacio y remató abajo con la derecha, permitiendo una nueva parada de Keylor Navas. El único que pudo con Keylor fue, quién si no, Leo Messi, que recibió la pelota a casi 30 metros, se la preparó y sacó un zurdazo antológico que se coló por toda la escuadra. Un gol brutal que premiaba, por fin, la insistencia culé. En ese momento, el PSG seguía asustado: Mbappé no generaba peligro porque recibía demasiado solo y demasiado lejos de portería, con el Barça bien ubicado para sostener sus carreras, así que la única amenaza real de los parisinos en un contexto de supervivencia estaba desactivada. Los azulgrana, por tanto, tenían vía libre para continuar acechando el área del PSG, y vaya si lo hicieron: en el descuento de la primera parte, Griezmann forzaba el penalti de Kurzawa. El Barça empezaba a ver opciones reales de remontada si convertía la pena máxima. Messi agarró la pelota con convicción, plantándola en el punto de penalti incluso antes de que terminase la revisión de la jugada. Pero bien sabe Leo que este deporte es cruel, y su disparo desde los once metros lo detuvo Keylor Navas, uno de los futbolistas con más grandeza del PSG, un equipo absolutamente carente de ella a nivel continental. El Barça se iba al descanso con unas sensaciones inigualables, habiendo jugado muchísimo mejor que en la remontada de 2017, pero con la amargura de haber marcado sólo un gol tras gozar de infinidad de ocasiones y de haber fallado un penalti. 

Keylor Navas of Paris Saint-Germain makes a save during the UEFA Champions League match at the Estadio Santiago Bernabeu, Madrid Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd +44 7814 482222 26/11/2019
Keylor Navas evitó que la remontada del Barça fuera una posibilidad real. Foto: Focus Images Ltd

Después del descanso, el partido cambió de forma radical. Seguramente, Pochettino invirtió la totalidad de su charla en decirle a los jugadores que no podían permitirse jugar tan aculados durante 45 minutos más. El PSG defendió varios metros más arriba durante la segunda parte y se mostró más agresivo en defensa, ensuciando mucho más las circulaciones del Barça, que ya no pudo instalarse tan cómodamente en campo rival. Además, el cambio de Abdou Diallo por Kurzawa le hizo mucho bien a los parisinos, puesto que el ex del Dortmund estuvo realmente rocoso tapando su banda, empequeñeciendo a Sergiño Dest. Precisamente, el norteamericano sería sustituido para que entrase Trincão en su mismo rol, con la dificultad añadida de jugar a pierna cambiada. A pesar de ello, el portugués irrumpió bien en el partido, animando al equipo en un buen tramo que tuvo lugar entre los minutos 65 y 75, donde el Barça acumuló varias acciones que inquietaron la meta parisina: Busquets de cabeza a la salida de un córner, el propio Trincão con una volea que olía a gol tras despejar el PSG un balón parado y Dembélé lanzándose infructuosamente a rematar un centro de Jordi Alba. La entrada de Di María, que saltó a la hora de partido, se antojaba clave para ganar despliegue y poner en jaque al Barça en las contras, pero el Fideo se perdió en la mediocridad de su equipo. 

El Barça había generado ocasiones suficientes para que la remontada fuera un horizonte posible, pero simplemente no era la noche. Un PSG rácano, respaldado en el ángel de Keylor -elegido como mejor jugador del partido-, un Marquinhos imperial en defensa y las cabalgadas de Mbappé, tuvo suficiente para hacer valer el 1-4 de la ida. Por su lado, el Barça cae en octavos de final por primera vez desde 2007, pero después de que los dos partidos anteriores fueran debacles ante la Juventus (perdiendo la primera plaza del grupo) y el propio PSG, este encuentro se puede interpretar como la primera piedra para recuperar la grandeza en Europa. 

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Foto de portada: Focus Images Ltd

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1 comments

Triste desenlace para un partido bastante trabajado. Lo que siempre se dice de la belleza y crueldad a partes iguales, dependiendo del lado en del río en el que te pille…
Ya lo que le faltaba al Barça es que sus centrales cometan errores groseros hasta de esta forma, un despropósito.

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