El invierno en Lisboa

Da Luz Benfica Naveira 1

Primera noche de Champions, primera sorpresa. Para qué esperar. El CSKA se marchó de la capital portuguesa con un valioso botín, nada menos que tres puntos que colocan a los de Goncharenko en una posición privilegiada para luchar la clasificación a octavos. Esa ventaja la toma sobre su víctima en la jornada inaugural, un Benfica inoperante que, si bien dominó en todo momento, apenas supo cómo inquietar a Akinfeev.

Ya desde el arranque, el conjunto moscovita se mostró intenso en la recuperación. El sueco Pontus Wernbloom personificó esa actitud: fue un permanente incordio para el centro del campo de las águilas. El técnico bielorruso mantuvo el esquema de tres centrales y dos carrileros. Con trampa, eso sí. Fernandes y Schennikov se alineaban en una zaga de cinco cuando tocaba defender en estático. Es decir, siempre. Ni una sola vez logró el Benfica pillar a la contra a los gemelos Berezutski que, si nunca han destacado por su velocidad, no van a hacerlo ahora que acaban de cumplir 35. Durante la primera mitad, los lisboetas fiaron su suerte a numerosos disparos lejanos. El más peligroso, a cargo de Grimaldo, se estrelló en el poste. El lateral español (que recuperaba la titularidad tras su lesión) destacó en los locales, incapaces de encontrar a Pizzi para que la circulación fluyese. Esto obligó a que Jonas bajara a recibir puntualmente para desatascar, aunque sin demasiados frutos.

Benfica 1 (Seferović 50’)
CSKA Moscú 2 (Vitinho (p) 63’, Zhamaletdinov 71’)

Benfica vs CSKA - Football tactics and formations

En la segunda mitad, los goles. Grimaldo encontró un hueco para abrir con clarividencia a Zivkovic, que la puso con la zurda y Seferović (desaparecido hasta ese momento) abrió el marcador. El CSKA no varió su propósito cuando al verse por debajo en el marcador. Dejaron que el Benfica sobase la bola, sin profundidad ni peligro. Cuando robaban, salían a la contra por medio de Vitinho, que por muy arriba que juegue no desarrolla instinto de delantero; le preocupa más lo plástico que lo práctico. Sin embargo, contribuyó a forzar saques de esquina. Los locales olvidaron su apodo y sufrieron para defender esos balones aéreos. La remontada rusa germinó en dos jugadas tras córneres. Primero, Vitinho de penalti y, muy poco después, Zhamaletdinov (que había sustituido a un deslucido Olanare). Rui Vitória hizo debutar a Gabigol, amontonando atacantes y dejando una defensa de tres. Incluso, desesperado por el escaso peligro creado y por la inminencia del final, sustituyó a Lisandro López. La retaguardia quedó con dos integrantes, pero los visitantes ni siquiera se esforzaron en armar una contra, posiblemente definitiva. Les bastaba con contener unas acometidas estériles, que amenazantes si acaso por acumulación.

Importante debilitamiento de plantilla y escasa inversión de la millonada conseguida es una mala combinación para cualquier hinchada. Si le sumas empezar con mal pie en Europa, las dudas acechan. Lo más preocupante para los benfiquistas es caer derrotados sin hacer sufrir a un rival teóricamente inferior. Un conjunto, el ruso, que en todo momento se sintió a gusto ejecutando su plan. Confiado, recio, cómodo. Igual que en esas noches frías moscovitas, en las que a sus rivales de Champions se les congelan las ideas. En su ambiente. El invierno en Lisboa, como aquella novela de Muñoz Molina. Por delante quedan quince puntos que dirimirán el pase a octavos, algo que anhelan desde hace un lustro. Con esta victoria, casi tan importante como inesperada, no han podido arrancar mejor.

Foto de portada: Jaume Naveira.

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