El Benfica y Jorge Jesus quieren dejar su huella en Europa

Jorge Jesus revolucionó el fútbol brasileño el 2019 con su Flamengo. Foto: Focus Images Ltd.

Se acercaba el verano, se acercaba el tetra. Era una mágica tarde de primavera en Lisboa. El Estádio da Luz estaba completamente lleno. Casi 65 mil espectadores se habían dirigido a la casa del Benfica para celebrar el tetracampeonato; el primero en la historia del club con más aficionados de Portugal. La fiesta apenas había comenzado y las miles de voces presentes ya gritaban “Golo!”; Franco Cervi abría los brazos y sonreía, celebrando el inicio de una noche memorable. El Benfica era una apisonadora. Cinco minutos más tarde marcaría Raúl Jiménez, luego Pizzi y después Jonas; dos veces. El resultado fue un 5-0 contra el Vitória SC, cerrando el ciclo más ganador de la historia de las Águias -que ganaban la liga por cuarta temporada consecutiva- en territorio nacional. Era la segunda de Rui Vitória al frente de los Encarnados; de alguna manera, continuaba una obra iniciada por un hombre que ahora dirigía al gran rival, a pocos kilómetros de distancia: Jorge Jesus se había marchado al Sporting, después de haber conquistado tres ligas en la Luz, dos de ellas de forma consecutiva; había iniciado la secuencia de títulos que llevaría al Benfica al tetracampeonato, ganando los dos primeros.

Desde ese 13 de mayo de 2017 las cosas han cambiado; Jesus dejaría el Sporting en 2018, se aventuraría en el Al-Hilal saudí, antes de llegar al Flamengo para, en seis meses, ganar la Copa Libertadores y el Brasileirão, una hazaña inédita en Brasil desde el lejano 1963, cuando un tal Pelé brillaba con la camiseta del Santos. Incomprensiblemente, el portugués dejaría el Flamengo unos meses después, como una leyenda; volvía al Benfica. Los motivos de su marcha quedaron en el aire: ¿sería la situación dramática de la pandemia en Brasil? ¿El deseo de estar cerca de su familia en Lisboa? ¿La necesidad, después de brillar en el fútbol sudamericano, de conquistar algo grande en el fútbol europeo? Esas dos finales de la Europa League seguramente estarían todavía en su memoria… La maldición de Béla Guttmann sigue vigente hasta hoy. Los aficionados del Flamengo se quedaron sin respuesta, Jesus se fue en silencio. Mientras tanto, Rui Vitória también había dejado Portugal y, al igual que Jesus, se había dejado seducir por los petrodólares, fichando por el Al-Nassr saudí en 2019. En junio de 2021 fue anunciado como nuevo entrenador del Spartak de Moscú. El club ruso, subcampeón de liga en la temporada 2020/21, se había ganado un puesto en los playoffs de la Liga de Campeones; al igual que el Benfica de Jorge Jesus, que, de forma muy decepcionante, había quedado tercero en la liga portuguesa, a cuatro puntos del Porto y a nueve del Sporting, un equipo que llevaba casi 20 años buscando ese título. El propio Jesus, que estuvo tres temporadas en Alvalade, no lo ganó. Pues bien, el sorteo ponía a Jorge Jesus y a Rui Vitória frente a frente: sólo uno disputaría la competición más importante de Europa. Dos figuras del Benfica. El primero, el gran artífice del tetracampeonato; el segundo, el hombre que prolongó los éxitos del club tras la marcha de Jesus al archirrival. Rui Vitória no cambió mucho el equipo montado por su antecesor; el 4-1-3-2 fue prácticamente el mismo en los cuatro títulos.

Esta formación, por cierto, ha sido una gran marca de Jorge Jesus. No renunciaba nunca a un central zurdo; el doble pivote no jugaba en línea, sino que el “8”siempre se arriesgaba más, tomando las riendas del equipo; los dos mediapuntas trabajaban por dentro para dejar espacios al avance de los laterales; y la pareja de delanteros se movía mucho, siempre con gran intensidad. Fue así en el Benfica, en el Sporting, en el Al-Hilal y en el Flamengo. De vuelta a la Luz, no podía ser diferente. Más aún después del mercado más prodigioso del Benfica en mucho tiempo. Al inicio de la temporada 2020/21, el club desembolsó una fortuna para reunir la mejor plantilla posible para el regreso de Jorge Jesus: Darwin Núñez (24M), Éverton (20M), Pedrinho (18M), Luca Waldschmidt (15M), Nicolás Otamendi (15M) y Jan Vertonghen (libre), fueron algunos de los nombres que llegaron a Lisboa para la temporada. A pesar de que el Porto de Sérgio Conceição era el vigente campeón, no se podía dejar de señalar al Benfica como favorito. Jesus configuró el equipo en su 4-1-3-2. Y tenía buenos nombres para ello: una zaga experimentada con Otamendi y Vertonghen, un doble pivote con Julian Weigl y Pizzi, o Adel Taarabt -reconvertido en pivote por Bruno Lage-, hombres para jugar por los costados como Pedrinho, Éverton y Rafa Silva, además de delanteros como Núnez, Waldschmidt y Haris Seferović. La temporada, sin embargo, fue de mal en peor: ya en los playoffs de la Champions se podía hacer una idea de lo que sería el resto de la campaña: el Benfica, con todos los flamantes fichajes, fue eliminado por el honesto pero modesto PAOK de Abel Ferreira -que luego seguiría el mismo camino que Jesus al ganar la Libertadores a finales de año con el Palmeiras-. Una eliminación intragable. Tanta inversión para ni siquiera jugar la fase de grupos de la Liga de Campeones. En la liga el comienzo fue bueno, pero luego el equipo empezó a oscilar demasiado. En la Europa League, terminó segundo de su grupo, por detrás del Rangers, siendo eliminado por el Arsenal en 16avos. Perdió la final de la Taça de Portugal contra el Braga. En la Taça da Liga, fue eliminado por el mismo Braga, en semifinales. En definitiva, una temporada para olvidar.

Hacia el final de la liga, tras la llegada del excelente central brasileño Lucas Veríssimo, Jesus pareció ir abandonando poco a poco su formación preferida durante tanto tiempo: adoptó el 3-4-3, seguramente inspirado en Johan Cruyff, al que tanto quería. Con el nuevo dibujo, las Águias terminaron la temporada de forma ascendente: consiguieron seis victorias y un empate en sus últimos siete partidos de liga, incluido una sobre el Sporting en la penúltima jornada del campeonato, que impidió a los de Rúben Amorim proclamarse campeones invictos. En los últimos meses de la temporada, Jorge Jesus había encontrado su fórmula.

Tanto es así, que el técnico se ha mantenido fiel al 3-4-3 en la presente temporada; los propios fichajes realizados iban en esa dirección: Valentino Lázaro y Gil Dias para jugar como carrileros, Soualiho Meïté y João Mário para el doble pivote, Rodrigo Pinho, Roman Yaremchuck y Nemanja Radonjić para la delantera. Y el Benfica la empezó con buen pie: venció al Spartak de Rui Vitória en ese primer playoff de Champions y luego al PSV de Roger Schmidt y Mario Götze para llegar a la fase de grupos. En la liga el comienzo también fue excelente: siete victorias en ocho partidos; la primera derrota llegó en la última jornada, un 0-1 contra el Portimonense, en un encuentro en el que el Benfica tuvo el 69% de la posesión y remató 24 veces. La guinda del pastel que confirmó el buen momento del equipo fue la contundente victoria sobre el Barcelona en la Luz: 3-0.

Odysseas Vlachodimos; Veríssimo, Otamendi y Vertonghen; Lazaro, Weigl, João Mário y Alejandro Grimaldo; Rafa Silva, Núñez y Yaremchuk. Ese parece ser el once de Jesus. No hay mejor manera de poner a prueba a tu equipo que en un doble enfrentamiento ante el Bayern. Será importante puntuar contra los alemanes, ya que el Barcelona sabe que necesitará los seis puntos contra el Dinamo de Kiev para pasar a los octavos de final.

Tras haber ganado tantos títulos a nivel nacional, Jorge Jesus ya está más que consolidado en Portugal. (Eso sí, si no gana la liga este año se le criticará enormemente). Pero la sensación que queda es que, a los 67 años y habiendo conquistado tanto en su carrera, el portugués no tiene el reconocimiento que merece en Europa. No ha dado el salto a una gran liga del continente como otros compatriotas como Nuno Espírito Santo, Leonardo Jardim, André Villas-Boas, Marco Silva o Paulo Fonseca. Probablemente ya no lo hará. Y, sin embargo, ha demonstrado tener más talento que todos ellos. En la Europa League estuvo muy cerca del título en dos ocasiones, y lo máximo que ha conseguido en la Champions fueron unos cuartos de final en la temporada 2011/12. Parece que eso es lo que le falta a Jorge Jesus: un título europeo; al Benfica también, es cierto. Soñar con la Champions es una utopía; pero hacer una fase de grupos decente y quizás pasar a la Europa League con la confianza de llegar lejos podría ser el camino. Tal vez eso es lo que pensaba el entrenador nacido en Amadora cuando decidió dejar el Flamengo, el club donde es tan querido como el verdadero Jesús.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

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