El partido de los últimos minutos

Joao Felix y Marcos Llorente han brillado en los últimos partidos del Atlético de Madrid. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd

En Anfield siempre corrían los minutos finales. El Liverpool se dispuso a remontar la eliminatoria como si el pitido inicial y el final solo estuviesen separados por lo que tarda en respirar un árbitro. Pero que no se malinterprete la barata hipérbole: no se trató de un equipo impaciente, precipitado o apoderado por los nervios; al contrario, el Liverpool fue un equipo determinado, seguro de sí mismo, que persiguió su objetivo a un ritmo incesante, haciendo uso de su amplio abanico de recursos. Y sin embargo, el vigente campeón se despidió de la competición. Dice mucho del esfuerzo defensivo y del espíritu competitivo del Atlético de Madrid que hayan logrado derrotar al Liverpool tanto en la ida como en la vuelta. Aunque su éxito en el segundo partido dependió, en gran medida, del error del rival.

Liverpool 2 (Wijnaldum 43’, Firmino 94’)
Atlético 3 (Llorente 97’, 105+1’, Morata 120+1’)

Liverpool vs Atletico - Football tactics and formations

“En la ida no tiraron a puerta, ¿qué espera de este partido?”, le preguntaron a Jürgen Klopp en la rueda de prensa previa a este encuentro de vuelta . “Más tiros a puerta”, dijo antes de echarse una risa. Después desarrolló su respuesta y argumentó que sí que habían tenido acercamientos al área rival en aquel primer partido. Pero el quid de la cuestión, si es que esa expresión todavía no ha superado su fecha de caducidad, estaba claro. El Liverpool necesitaba atacar con mayor ingenio si deseaba ver la portería del Atlético. Porque el planteamiento de los del Cholo Simeone no aguardaba sorpresas, sobre todo teniendo en cuenta que partían con ventaja.

Se cumplió lo que deseaba Klopp, lo que deseaban todos los Reds, tras ese decepcionante encuentro en Madrid, en el mismo estadio donde en junio del año pasado habían tocado la gloria. El Liverpool, en efecto, disparó más a puerta. Crecieron en el partido, generando una sensación de peligro inminente pese a que su rival continuase defendiendo con absoluta impasibilidad. Y cuando los colchoneros parecían estar a punto de temblar y venirse abajo, ahí estaba su central Felipe para sostener las esperanzas. Y cuando ni siquiera Felipe podía salvar a los suyos, ahí estaba su guardameta Jan Oblak para proteger con sus manos la delicada llama de la fe. “¡Qué noche la de aquel día!”, podrá recordar el sensacional meta esloveno cuando le pregunten por su actuación triunfal en la ciudad de los Beatles.

Saúl Ñíguez disputando un balón con Georginio Wijnaldum. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd.
Saúl Ñíguez disputando un balón con Georginio Wijnaldum. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd.

El Atlético tuvo la primera ocasión del encuentro en un pase al espacio de João Félix para Diego Costa, pero el hispanobrasileño no pudo definir con acierto. A partir de ese intento, el Liverpool cogió el micro y empezó su monólogo ante un público difícil. El Atlético aguantó firme, sin esbozar sonrisa alguna. Aquí se había venido a sufrir, no a pasárselo bien. El tridente del Liverpool acostumbra a jugar con sus extremos entre los laterales y los centrales del rival, para dejarle espacio en la banda a sus laterales de largo recorrido (Trent Alexander-Arnold y Andy Robertson) y para hacer dudar a la zaga a la que se enfrentan. En partidos como este, en los que los espacios brillan por su ausencia, Sadio Mané y Mohamed Salah no se podían permitir permanecer estáticos. Estaban atados en corto, así que debían bajar a recibir más atrás de lo habitual para llevarse a su marca y que de este modo los interiores o los latearles pudiesen ocupar el espacio que dejaban libre. En esa clase de sencillos matices de sentido táctico y en instantes de brillantez individual residía la capacidad del Liverpool para sorprender al replegado Atlético.

Alex Oxlade-Chamberlain fue listo. Ante un rival bien cerrado atrás, los interiores del Liverpool tenían que hacerse valer como otro atacante más. Oxlade-Chamberlain se metió en el pocket; tiró ese desmarque tan placentero, el del interior que le pide el balón por delante al extremo en el carril interior. No es un desmarque imprevisible, menos aún en la élite, pero no deja de ser difícil de defender. Aun así, Robertson llegaba para tapar a Oxlade. Pero el todoterreno del Liverpool dispuso de ese segundo extra que necesitaba y logró poner un impecable centro al área que Georginio Wijnaldum cabeceó para adelantar al Liverpool. El potente remate también fue de esas acciones estéticamente agradables que nos deja el fútbol: el balón botó en el suelo antes de besar el costado interior de la red. Ni siquiera un acertado Oblak pudo evitarlo.

Ese primer gol llegó poco antes del descanso. Parecía que el Liverpool ya había superado lo más difícil. De todas formas, el segundo tiempo se reanudó con el mismo ambiente que reinaba en la primera parte: la sensación constante de que esto se acababa en cualquier momento y de que el marcador no era del agrado del conjunto local. Estaba claro que los Reds querían evitar la prórroga a toda costa. Incluso aumentaron su presencia ofensiva. Disparos lejanos, intentos de desborde, centros latearles… no estaba claro por dónde, pero el segundo gol del Liverpool parecía estar al caer. Casi lo celebró Anfield cuando Robertson, en el rechace de un intento de Salah, remató y se topó con el larguero. Sí, Robertson. El lateral. En el área, aprovechando rechaces. Este era el Liverpool.

Un remate de Andy Robertson le dio al larguero. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd.
Un remate de Andy Robertson dio en el larguero. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd.

Mucho tenía que cambiar la película para que fueran los atléticos los que celebraran un gol. O por lo menos, en ese momento lo lógico era pensar eso. Pero la afirmación no podía ser más errónea. El fútbol se ha encargado de recordar en innumerables ocasiones, sobre todo en la historia reciente de las eliminatorias de Champions, que esto no funciona así. En el descuento, una falta de Alexander-Arnold sobre João Félix dio lugar a un centro lateral que Saúl Ñíguez remató con éxito. La afición, los jugadores y el banquillo del Atlético celebraron la inverosímil clasificación con euforia. Pero acto seguido el gol fue anulado. Anfield suspiraba y, bajo una lluvia que pasaba a ser granizo, llegaba la prórroga.

Este partido, que desde su arranque se vivió como si los primeros ya fueran sus últimos minutos, afrontaba ahora otra media hora de fútbol intenso. El Liverpool hizo un último esfuerzo. Wijnaldum avanzó por la banda derecha, ese mismo costado por el que se había gestado el primer gol, y puso un centro que encontró a Roberto Firmino en el área. El delantero brasileño es la máxima expresión de un nueve moderno. Su gran destreza es salir de zona para alegrar las jugadas, pero en esta ocasión también demostró ser capaz de estar presente en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Cabeceó libre de marca, pero en realidad saltaba con un fantasma que le llevaba persiguiendo desde hace tiempo: a estas alturas de la temporada, Firmino todavía no había marcado en Anfield. El fantasma amenazó con quedarse cuando su remate dio en el poste. Pero el rechace volvió a las botas del delantero de los Reds y esta vez no perdonó.

94 minutos después, por fin Anfield se veía por delante en la eliminatoria. La sensación de alivio apenas duro un par de minutos. Adrián San Miguel, guardameta del Liverpool en ausencia del lesionado Alisson Becker, erró un pase y el balón llegó a João Félix en posición de peligro. El portugués cedió para Marcos Llorente y este encontró portería buscando el palo largo ante un amago de estirada de Adrián. Se regresaba así al mismo contexto de siempre: un Liverpool trabajando a contrarreloj ante un Atlético dispuesto a desquiciarle. Pero el reto todavía cobraría mayor dificultad, y eso que ahora realmente les quedaba poco tiempo para conseguirlo. En una salida a la contra, Llorente volvió a recibir en la frontal. Pareció pensárselo por un instante y entonces, como si de pronto se acordase de que acababa de marcar desde una posición similar, buscó portería y encontró su segundo de la noche. Llorente, que no es de los más habituales para Simeone, había entrado desde el banquillo por Diego Costa y ahora era el héroe de esta eliminatoria histórica para el Atlético. Ya casi al final, se asociaría con otro ex del Madrid, Álvaro Morata, para que este hiciese el tercero batiendo a Adrián por el palo corto.

Marcos Llorente contemplando cómo su tiro se convertía en su segundo gol de la noche. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd.
Marcos Llorente contemplando cómo su tiro se convertía en su segundo gol de la noche. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd.

Habiendo generado poco, el Atlético se convirtió en el vencedor no solo de la eliminatoria por resultado global, sino que también de este partido en Anfield en el que habían empezado perdiendo por 2-0. Simeone se acercaba al fondo visitante a celebrarlo con los suyos. El triunfo tenía el sabor añejo de esas grandes noches europeas que vivieron hace no tanto, pero que últimamente les parecían muy lejanas. En el otro bando reinaban las pertinentes caras largas, en la grada y sobre el césped. Y después, ante los medios, el sabor más amargo de la derrota se tradujo en las palabras de su entrenador: “Me he dado cuenta de que soy muy mal perdedor”, reconoció Klopp al compartir las siguientes frases.

“Es tan difícil jugar ante un equipo así [de defensivo]”.

“No entiendo por qué teniendo jugadores de gran calidad juegan este tipo de fútbol”.

“Cuando veo jugadores como Koke, Saúl, Llorente… siento que podrían jugar un buen fútbol, pero juegan muy atrás, defendiendo en campo propio y dependiendo de contragolpes”.

“Nos han ganado y tenemos que aceptarlo sin problema alguno, enhorabuena al Atlético. Pero no me deja buen sabor de boca”.

“Nos hemos enfrentado a jugadores de clase mundial que defendían atrás en dos líneas de cuatro y con dos delanteros. Ni siquiera generaron contragolpes”.

Después de que Klopp dejara estas declaraciones, a Simeone se le preguntó por el estilo de juego de su equipo. “A ganar con toda nuestra alma, a eso jugamos”, respondió el técnico argentino.

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Foto de portada: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd

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5 comments

Mi temor se confirmo Adrian fue factor en la eliminacion; pero bueno esto es la champions, un mal partido o incluso alguna jugada desafortunada y quedas fuera, la temporada del Liverpool grandiosa sin duda pero al final siento que terminara sabiendo a poco, muy seguramente ganaran una liga despues de 30 anhos, ganaron una supercopa de Europa y un mundial de clubes; 3 titulos en esta temporada pero se quedan sin la magia de ganar la champions.

Bueno, acabo de terminar de verlo. Mal partido del Atlético que queda en nada por la remontada. El Liverpool fue muy superior, el asedio fue continuo y llegó fácil y con claridad. Wijnaldum rompió la presión mil veces, Salah hizo lo que quiso en su banda, los laterales Robertson y Arnold fueron puñales y este último se animaba a disparar al mínimo espacio que le concedían. Muy atrás la defensa del Atlético, y en ataque nefasto Costa, lento en todo. Al final, partido de campanillas de Oblak y dos golazos de Llorente decisivos, ajustando muy bien la definición pero con colaboración en el primero de Adrián y con demasiado tiempo para pensar en el segundo sin que nadie se echase encima.

Menuda suerte la del Atletico, lo normal era una goleada en los 90 minutos…y cuando estaban muertos en la prórroga, aparece un port mal portero con una serie de errores que demuestran su falta de calidad.

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