San Paolo canoniza a Insigne

Quizá Insigne sea suplente. Foto: Focus Images Ltd

En la tierra mitológica de la sirena Parténope, se alzaron semidioses como Maradona, Careca, Altafini, Cavani o Higuaín. Desde hace unos años, también se les sumó un héroe con cresta mohicana. Pero, últimamente, la idolatría debe ser repartida en sagrado sacramento porque Lorenzo Insigne es el nuevo superhombre del fútbol italiano, un prototipo de jugador que rehúye los mitos hercúleos. Básicamente porque hablamos de un icono diminuto de 1,63m que exuda talento por todos los poros y que acudió al rescate cuando su equipo más lo necesitaba, cuando andaba desnortado y con la clasificación en el alambre.

Tras recibir una asistencia de Hamsik en la izquierda, empezó a trazar su diagonal habitual con el balón abrigado al lomo de su botín, descosió a dos rivales y alojó el balón en la escuadra con un golpeo de rosca celestial. Seguro que Gian Piero Ventura se sacudió desde el sofá imaginando otro posible desenlace ante Suecia de haberse apiadado de Insigne, de haber entendido que los fenómenos no entienden de ecosistemas ni de corsés tácticos. Italia entera lo hubiera entronizado. Diez minutos más tarde, y ya pensando en el Scudetto, se marchó ovacionado de San Paolo como solo salen los emperadores. Zielinski y Mertens, ya con espacios y un Shakhtar a la deriva, hicieron el resto.

Nápoles 3 (Insigne 56, Zielinski 81’, Mertens 83’)
Shakhtar 0

Shakhtar vs Napoles - Football tactics and formations

Sinceramente, cuesta de entender el desplome del Shakhtar en la segunda parte. En un primer acto en el que fue superior conceptualmente (tuvo el control, incapacitó a su rival, le cerró todas las vías de pase, generó más ocasiones e infundió más temor en ataque), se antoja difícil explicar qué sucedió tácticamente porque apenas hubo variaciones. Los ucranianos, tremendamente compactos y subsidiarios, se deshilacharon con el paso de los minutos, como si hubieran acusado en demasía el esfuerzo en la primera. Los charcos entre líneas se convirtieron en océanos, y ahí empezaron a emerger las “pequeñas sociedades” de Menotti. Concretamente, la de Hamsik con Insigne, para dibujar esos pasillos invisibles en el sector izquierdo que solo están al alcance de los genios. Asociaciones multiplicadores que confieren al Nápoles una gran capacidad de determinación. Insigne acabó eclipsando al que hasta ese momento era el rey del partido: Fred, un futbolista de alma brasileña y coraza alemana. Tan pronto recupera y se vacía en defensa como monta un contraataque en un abrir y cerrar de ojos. Carne de equipo grande sin tardar mucho.

Y eso que Sarri jugó con fuego y estuvo cerca de tirar por la borda los primeros 45 minutos. Volvió a experimentar, tal y como lo hizo en Járkov, y metió de forma sorpresiva a Diawara-Zielinski en detrimento de Allan-Jorginho. Además, en vez de ubicar a Mário Rui en su lado natural, decidió pasar a Hysaj al costado izquierdo y dar entrada a Maggio en el derecho. Un planteamiento que no tuvo demasiado incidencia en el juego, más bien al contrario porque los laterales no dieron amplitud ni ventaja y los medios no arriesgaron a la hora de meter envíos que batieran líneas. Y por si fuera poco, en defensa se notó la ausencia de un especialista de pierna dura como Allan porque Diawara tan solo ganó un duelo de los nueve que disputó en la primera parte. Nadie creaba y nadie recuperaba.

Marek Hamsik of Slovakia before the UEFA Euro 2016 match at Stade Geoffroy-Guichard, Saint-Etienne Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 13/06/2016
Marek Hamsik participó en la jugada del primer gol. Foto: Focus Images Ltd.

Un escenario que le permitió al Shakhtar reforzar su idea inicial. Formó con un 4-4-2 en defensa, prácticamente plasmado como un futbolín, con las líneas muy juntas y compactas, y ahí el Nápoles se anudó en la búsqueda de espacios porque nadie osaba salirse la partitura. De hecho, los napolitanos solo completaron tres regates en la primera mitad. Les faltó abandonar su hábito escolástico y prudente, y adoptar uno de rebelde y rompedor, más acorde con su naturaleza pasional.

Pese a la contundente victoria, el Nápoles tendrá que tirar de calculadora para afrontar el último partido y obtener el pase a octavos. Necesita ganar en Rotterdam y esperar la caída del Shakhtar en su feudo ante un City ya clasificado como primero de grupo. Si los de Fonseca logran amarrar un empate, el esfuerzo del Nápoles habrá sido en balde. O no. Porque siempre es una alegría disfrutar de locos bajitos como Insigne, livianos en peso y mayúsculos en aura. De los que trascienden y acaban en los altares.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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