El dragón devora a la Roma tras una larga agonía

Fans of Porto during the Primeira Liga match at the Estádio do Dragão, Porto
Picture by Pedro Lopes/Focus Images Ltd +54 936 360 807
10/05/2014

No se le puede negar a la Roma que hizo grandes esfuerzos por resistir. Que en ningún caso optó por lanzar a su entrenador a los pies de los leones -o, en este caso, de los dragones-, sino que peleó con la voluntad del que desea, indisimuladamente, progresar a una ronda más avanzada de una competición prestigiosa. Lo que ocurre es que, por muchas razones -algunas de ellas difíciles de descifrar-, el equipo ahora mismo no da para más. No da para manejar la pelota, no da para generar oportunidades de gol a partir de la continuidad en el juego, no da para armarse como un bloque sólido y estable. Se le ve agotado, física y mentalmente, y por ello tiene cierto mérito que forzara la prórroga y cayera en los últimos instantes de un partido en el que fue claramente inferior. Si le llaman a una reunión para valorar su posible destitución, Eusebio Di Francesco podrá alegar como defensa que sus chicos mostraron aún un espíritu combativo y que no han tirado la toalla. La fiscalía, sin embargo, podrá rebatir que con las sensaciones mostradas en Oporto no alcanza para cambiar la dinámica de una temporada que amenaza con convertirse en desastrosa. Mientras en Roma -y en Estados Unidos- se decide el futuro del banquillo giallorosso y, por consiguiente, el de la dirección deportiva, en el norte de Portugal se festeja una clasificación merecida que fue fruto de una fantástica actuación colectiva que tuvo en Moussa Marega a su futbolista más determinante.

Oporto 3 (Soares 26′, Marega 52′, Telles 117′ pen)
Roma 1 (De Rossi 37′ pen)

Oporto vs Roma - Football tactics and formations

Se especulaba con un once muy conservador de Eusebio Di Francesco e incluso lo fue más que el que se dibujaba en la previa. Regresó al esquema de tres centrales que usó la temporada pasada en la remontada ante el Barcelona, pero en esta ocasión fue claramente una línea de cinco que no proyectó en ataque a los laterales. Todo lo contrario. Karsdorp fue permanentemente superado en el uno contra uno por un Corona deslumbrante que participó en los dos primeros goles y que se erigió en el principal generador de oportunidades de gol de un Oporto que salió eléctrico, con un ritmo altísimo que anticipaba una batalla de altos vuelos. El hombre extra en la zaga lo perdía la Roma en el medio campo, donde De Rossi y Nzonzi, que formaban un doble pivote en paralelo, estaban en inferioridad frente a un adversario que siempre desplazaba a la zona interior a uno de los dos centrocampistas de banda para dibujar un tres contra dos.

No sorprendió que Soares adelantara al conjunto local tras una pérdida de Manolas, que se entretuvo y le permitió a Marega robar la pelota y lanzar un contragolpe vertical. Corona tuvo la pausa necesaria para aguantar hasta que el maliense le doblara por fuera y éste la generosidad para entender que la mejor opción no era el disparo sino la llegada de Tiquinho por el palo contrario. El 1-0 hacía justicia, pero extrañamente no enterró a una Roma bajo mínimos en el aspecto anímico. La rescató una acción aislada de Perotti, que actuó en una posición intermedia que podríamos definir como media punta izquierda -con Zaniolo en la equivalente por la derecha-. El argentino encaró a Militao, menos cómodo en el lateral que cuando juega como central, amagó con tirar, y cuando siguió conduciendo fue trabado por la pierna del brasileño, que no llegó a tiempo de retirarla. De Rossi transformó la pena máxima y a los pocos minutos se marchó lesionado. Entró Lorenzo Pellegrini y Di Francesco mantuvo el 5-2-2-1.

Alex Telles convirtió el penalti que situó el 3-1 definitivo en el marcador. (Foto: Andy Kearns/Focus Images Ltd.)
Alex Telles convirtió el penalti que situó el 3-1 definitivo en el marcador. (Foto: Andy Kearns/Focus Images Ltd.)

Al Oporto le había hecho daño el gol en los últimos minutos del primer tiempo, quizá los únicos en los que su fútbol careció de la chispa y el entusiasmo mostrados desde el pitido inicial. Sergio Conceiçao logró que su equipo recuperara ese tono en la reanudación, y Marega no tardó ni siete minutos en situar el 2-1 en el marcador que igualaba por completo la eliminatoria. Lo hizo tras un centro medido del deslumbrante Corona, que le encontró en el resquicio entre Marcano y Kolarov. En la acción siguiente, Tecatito volvió a irse de Karsdorp, que le frenó a última hora haciéndole falta. Di Francesco reaccionó para evitar la previsible expulsión y retiró al neerlandés para dar entrada a un Florenzi que, en ese momento aún no lo sabíamos, acabaría siendo protagonista desgraciado de la jugada que decidiría la eliminatoria. Fue el último acto de servicio del mexicano, al que sustituiría su entrenador acto seguido para que ingresara un Brahimi cuya suplencia había sido lo más sorprendente de las formaciones iniciales. La idea era aprovechar la mayor frescura del argelino para acabar de desequilibrar el choque ante un rival cada vez más cansado y al que fueron castigando las lesiones: Marcano se tuvo que ir y ya no quedaban defensores en el banquillo, por lo que, por obligación, Di Francesco pasó al 4-2-3-1 en el tramo final. Incluso un tercer infortunio, el de Pellegrini, le obligó a tirar de Schick como extremo derecho en un tiempo extra que se jugó con unas formaciones bastante diferentes a aquellas con las que se había iniciado el choque.

Oporto vs Roma - Football tactics and formations

Lo que no cambió Sergio Conceiçao en ningún momento, ni después de realizar cuatro sustituciones, fue el dibujo. Su 4-4-2 se mantuvo inamovible y en él se erigieron como bastiones del equilibrio defensivo un Danilo Pereira dominador del centro del campo y un extraordinario Felipe, el menos espectacular pero el más fiable de sus zagueros. Curiosamente, la Roma, castigada por modificaciones forzadas y limitada a la hora de introducir maniobras tácticas para influir en el rumbo del encuentro, tuvo su momento en el inicio de la segunda parte de la prórroga. Allí gozó de dos remates a balón parado y de una ocasión clarísima de Dzeko, que, solo ante Casillas, le levantó la pelota pero con tan poca potencia que a Pepe le dio tiempo a llegar. Fue el preludio del agónico fin de fiesta -o de funeral, según del lado desde el que se mire- que tuvo en el VAR a su gran protagonista. Primero advirtió a Çakir de que no había visto un agarrón de Florenzi sobre Fernando. Alex Telles lo convirtió en el 3-1 que desató la euforia en el Estadio del Dragón. Después, revisó entre una tensa y larga espera una jugada en la que Zaniolo, ligeramente trabado por Marega por detrás, cayó cuando abandonaba el área en dirección al córner. A los asistentes de vídeo no les pareció suficientemente clara y, contrariamente a lo que había ocurrido en la acción anterior, no le indicó al colegiado turco que fuera a visualizarla. El 3-1 permaneció.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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