Tottenham-Liverpool: los trajes de Pochettino para amoldarse a la trituradora red

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Doce meses después de Kiev, el Liverpool vuelve a disputar una final de la Champions. Catorce años después de Estambul, el Liverpool aspira a conquistar su sexta Copa de Europa. Después de perder dos finales de la máxima competición continental, tres en total en torneos internacionales, Jürgen Klopp aspira a quitarse una espina que lleva clavada desde que el Bayern derrotó a su Borussia Dortmund en Wembley en 2013. Hace seis años, Klopp acudió a la capital inglesa con el equipo revelación de la Champions en una final íntegramente alemana. Este sábado, no obstante, es Klopp quien dirige al favorito, el club con más poso continental, en una final íntegramente inglesa en la capital de España. La presión recae en los reds ante un Tottenham que desprende ilusión y resiliencia, que ha superado todas las adversidades posibles para plantarse en la final. Sobrevivió a uno de los grupos más difíciles, con un gol decisivo en el minuto 85 de la última jornada, resistió en el estadio del Manchester City y regresó a la vida cuando parecía ya enterrado sin Harry Kane y marcó los tres goles que necesitaba en los últimos 45 minutos de eliminatoria en Ámsterdam ante el verdugo del vigente campeón y de uno de los grandes aspirantes al título.

Si Klopp ha insuflado convencimiento en su plan a sus futbolistas, que han creído en sus planteamientos de presión elevada y miles de revoluciones en cada lance del juego, el Tottenham ha adquirido grandes dosis de fe a marchas forzadas. Pochettino ha moldeado a un equipo camaleónico, cuyos integrantes se conocen a la perfección, se buscan con complicidad y se esconden mutuamente algunas de sus peores limitaciones. A esa fuerza colectiva se aferrará el cuadro londinense para cortocircuitar el escenario favorito del Liverpool, que se siente mucho más cómodo cuando puede subir la velocidad del encuentro, ponerlo a centrifugar con el programa más agresivo, para triturar en pocos minutos a su adversario. Ráfagas concentradas de fútbol, fogonazos de gran potencia, para arrasar. Política de tierra quemada para que la confianza del adversario ya no pueda aflorar tras la estampida.

El Liverpool repite en la final de la Champions por segundo año consecutivo. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).
El Liverpool repite en la final de la Champions por segundo año consecutivo. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

En este contexto, el Tottenham podrá decidir qué actitud adopta para evitar que el Liverpool corra. El conjunto spur, capaz de variar el plan varias veces a lo largo de un mismo partido, puede afrontar el choque de forma más conservadora, cediendo la pelota al Liverpool para que deba proponer, o puede intentar rebajar el ritmo del encuentro a través de una posesión más sosegada. Una posibilidad es que espere atrás. Que flote a los centrales del Liverpool y priorice tapar las líneas de pase a los centrocampistas, obligando a los reds a asumir la iniciativa y algún que otro riesgo. Sin opciones para progresar por dentro, a los de Klopp siempre les quedan las incorporaciones de sus laterales, a menudo activados por los cambios de orientación de Van Dijk. Es un recurso para avanzar metros, pero una dificultad para conectar con Mané y Salah en el último tercio.

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El Liverpool estará mejor preparado que en temporadas anteriores para enfrentarse a este tipo de planteamientos. Con mayor paciencia para mover el cuero y gracias al criterio de Van Dijk y la presencia de Fabinho en la medular, está más capacitado para mover la pelota hasta que encuentre el resquicio. La oportunidad para progresar puede estar por fuera, donde el Tottenham en ocasiones sufre para tapar los carriles exteriores. Si Pochettino aboga por un centro del campo en rombo, poblará mucho el círculo central pero sufrirá para echar un cable a los laterales cuando Alexander-Arnold y Robertson lleguen en carrera o con el balón controlado. Forzar ese tipo de situaciones puede desajustar a la zaga del Tottenham en algunas fases del partido, como ha ocurrido en otros momentos a lo largo de la Champions ante Manchester City o Ajax.

Pochettino se mostró muy distendido en la sesión de entrenamiento previa a la final. En varios momentos habló con su capitán, Hugo Lloris. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).
Pochettino se mostró muy distendido en la sesión de entrenamiento previa a la final. En varios momentos habló con su capitán, Hugo Lloris. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

Con una aproximación más conservadora, el Tottenham siempre se guarda la carta del contragolpe. De forzar la precipitación. De jugar con el teórico favoritismo del Liverpool, sus prisas y sus urgencias. De forzar que algún jugador tome una decisión incorrecta, castigar un pase menos tenso de lo conveniente y desplegarse a la contra. Con Eriksen como lanzador, Sissoko corriendo en transición, Dele Alli para atacar el área y Son (y/o Lucas Moura) para estirar al equipo en profundidad, el Tottenham siempre tiene recursos para transitar. Más aún si finalmente Harry Kane se encuentra en disposición de jugar de inicio, pues el futbolista inglés toma buenas decisiones con el balón en cada contraataque. Su visión de juego, rango de pase e inteligencia para entregar el pase oportuno son recursos muy valiosos que se unen a su olfato en el área o su poder de atracción sobre los centrales, que libera a Dele Alli para irrumpir libre de marca en las zonas que Kane vacía con sus movimientos.

“Un partido así lo ven millones y millones de personas, así que es un partido que debe prepararse de manera distinta a nivel mental. Lo más importante mañana es sentirse libre. Jugar como cuando eres un niño, de siete, ocho o nueve años. La clave es no pensar que hay un millón de personas viéndote”. Mauricio Pochettino.

Pero el Tottenham también es capaz de llevar la iniciativa. De querer dominar el partido a través del balón, y no solo del control del espacio. Cuenta con centrales bien dotados con la pelota en los pies, especialmente Alderweireld y Vertonghen, aunque necesita a Winks para dotar de seguridad a los primeros pases en el centro del campo. Ni Wanyama ni Sissoko son particularmente ágiles en la base de la jugada y pueden convertirse en víctimas vulnerables a la presión del Liverpool si juegan de inicio. Winks está más capacitado para sobrevivir a esas emboscadas, por lo que las decisiones de Pochettino respecto al once inicial también resultarán determinantes para intuir qué quiere proponer. Introducir a Winks supone enviar un mensaje distinto a apostar por Wanyama o Dier, del mismo modo que añadir un tercer central a la línea defensiva apuntalaría la zaga pero también implicaría sacrificar a un centrocampista. Con Winks, el Tottenham puede aspirar a rebajar las pulsaciones del partido y juntarse con Eriksen en la medular, aunque el Liverpool tampoco le hace ascos a una final que le permita robar arriba, más cerca del área de Hugo Lloris. Aunque si finalmente Kane ni Llorente no forman parte del once inicial, la salida en largo que sí funcionó en tramos ante el Ajax no sería una opción válida a la que recurrir en caso de apuro.

“Muchos de nuestros jugadores han estado juntos durante tres años. Algunos durante un año. Este año hemos vuelto a aprender mucho. Somos un equipo completamente distinto al del año pasado. La final del año pasado no fue tan importante para nuestro desarrollo, sino que fue el punto de partida de los siguientes pasos. Así los vimos y así es cómo queremos canalizar la experiencia”. Jürgen Klopp.

El estadio Metropolitano acogerá la final de la Champions.
El estadio Metropolitano acogerá la final de la Champions.

Más allá de las decisiones que tome Pochettino a partir de la confección de su alineación, el Liverpool procurará reproducir los rasgos que más réditos le han dado a lo largo de toda la temporada. Imponer un ritmo elevado, provocar errores con su presión y exhibir su característica capacidad para ahogar las posesiones rivales para contragolpear y controlar todas las segundas jugadas en balones divididos para desplegarse rápidamente en los momentos en los que el Tottenham pueda estar desordenado. Cuando no tiene la pelota, el Liverpool se siente particularmente satisfecho cuando puede plantar la línea defensiva en el centro del campo. Con Van Dijk no teme los balones largos a la espalda de los centrales, logra que se juegue en una parcela de terreno muy pequeña y exige una precisión altísima a todos sus adversarios. Si el Liverpool lleva la final del Metropolitano a esos derroteros, tendrá muchas más papeletas para asestar un golpe a la nuez del Tottenham. Y si logra adelantarse, el equipo de Klopp ya ha demostrado que suele penalizar a todos sus contrincantes en esos minutos de zozobra en los que cuesta asimilar las malas noticias. Cualquier titubeo tras recibir el primer golpe sale caro ante el Liverpool.

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Y es en esos momentos de igualdad en los que emergen las individualidades. Los futbolistas capaces de condicionar directamente el electrónico con sus aciertos. Desde el tino de los guardametas hasta la capacidad de los atacantes para desequilibrar con acciones individuales que resquebrajen el sistema defensivo del adversario. En una final entre dos bloques con un gran sentido colectivo, que defienden muy juntos sin balón y se despliegan como un acordeón en ataque, las estrellas gozan de un peso determinante. Salah, por ejemplo, ha sido uno de los máximos goleadores de la Premier incluso en una temporada en la que no ha estado tan fino como en la anterior. Mané, el más regular de los atacantes reds, resulta letal en cualquier lance en el que pueda encarar en situación de uno contra uno. Y puede caer en el sector peor resguardado por la zaga, el de Trippier. Con Firmino ejerciendo de bisagra, puede lucir la mejor versión de los dos extremos africanos. Del mismo modo, la determinación de Son a la hora de atacar el área o el golpeo de Christian Eriksen a la mínima que puede armar cualquiera de las dos piernas son recursos mortíferos capaces de generar goles en situaciones en ocasiones improbables en el Tottenham. Como el poder de atracción de Fernando Llorente saliendo desde el banquillo, la habilidad de Dele Alli para convertirse en un mediapunta indetectable irrumpiendo desde atrás en el área, el pletórico estado de forma de Lucas Moura a lo largo de los últimos meses o, por supuesto, el abanico de registros de Harry Kane en plenas facultades.

El estado físico de Harry Kane es una de las incógnitas de la final. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).
El estado físico de Harry Kane es una de las incógnitas de la final. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

En la capital de España, un equipo no español se coronará campeón de la Champions por primera vez desde 2013. El año en el que Klopp llevó al Dortmund a la final de Wembley contra pronóstico y perdió ante el Bayern, que había caído doce meses antes en otra final de la Champions. Qué cosas.

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Alineaciones probables: Tottenham-Liverpool, sábado 1 de junio a las 21:00h

Tottenham vs Liverpool - Football tactics and formations

Foto de portada: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

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