El PSG alimenta la leyenda negra del Barça en Europa

Kylian Mbappé volverá a ser la referencia ofensiva del PSG en el ataque. Foto: Kristian Kane/Focus Images Ltd

La Champions League ha vuelto a desenmascarar al FC Barcelona. El pleno de victorias liguero desde el inicio de 2021 o el emocionante pase a semifinales de Copa ante el Granada, como ejemplos del cierto optimismo que se ha ido generando en el barcelonismo, se han demostrado como meros espejismos a la hora de evaluar la competitividad del Barça de Koeman en el máximo nivel continental. La caída por 0-3 ante la Juventus del mes de diciembre ya fue un buen aviso de que este equipo no podía competir por grandes objetivos en Champions, pero desde ese momento parecía que el equipo azulgrana iba consolidando ciertas sociedades y que algunos jugadores estaban potenciándose con las teclas que iba tocando Koeman. Lo ocurrido esta noche es otro mazazo más, una velada europea que ha estado lejos de cumplir el objetivo de mínimos que todo el mundo en Barcelona parecía tener asimilado: competir por la eliminatoria y, en caso de caer, hacerlo de forma honrosa. Y eso que el PSG tenía las importantísimas bajas de Neymar y Di María. Le recorre a uno un escalofrío sólo de pensar que ambos hubieran podido sumarse a la exhibición de Marco Verratti y, por encima de todo, de Kylian Mbappé. El ‘7’ del PSG ha dado un auténtico recital en la casa de Messi, firmando la actuación más portentosa de su carrera en Champions League, con diferencia sobre todas las demás. Su hat-trick, que ha coronado una actuación repleta de detalles técnicos de enorme calidad, regates y exuberancia física, deja al París en cuartos de final salvo sorpresa mastodóntica en la vuelta, un partido que para el Barça se prevé como un desagradable trámite. 

FC Barcelona 1 (Messi p. 26′)

Paris St. Germain 4 (Mbappé 31′ 65′ 86′, Kean 70′)

PSG vs FC Barcelona - Football tactics and formations

Comenzó el partido sin un dominador claro de la pelota, con el PSG muy ordenado en el 4-3-3 patentado por Tuchel en las eliminatorias de la pasada Champions: el equipo parisino se juntaba en pocos metros y no cedía espacios mientras el Barça trataba de circular el balón. El orden del PSG provocó que las posesiones del equipo de Koeman fueran totalmente intrascendentes, siendo incapaz de hacer llegar el balón para Messi en el último tercio de campo y obligando a que el argentino tuviera que retrasar mucho su posición para entrar en contacto con el esférico. La sociedad Messi-Pedri prácticamente no se pudo activar en ningún momento y el PSG pudo vivir tranquilo hasta que, pasados los primeros 20 minutos, Leo alzó el periscopio y vio la ruptura de Frenkie de Jong, que atacando el lado izquierdo de la defensa del PSG forzó el penalti de Layvin Kurzawa. El lateral zurdo parisino descuidó la llegada desde atrás del holandés y se cruzó en su carrera, trabándole mientras su mirada se centraba exclusivamente en el balón. Messi se encargó de transformar desde los 11 metros y de darle fe al Barça. De hecho, muy poco después del 1-0 pudo haber llegado el 2-0, en una recuperación de balón muy arriba por parte de los de Koeman, que desembocó en una maravillosa descarga de Messi para Dembélé y que este definió estrepitosamente mal con la derecha a pesar de estar mejor posicionado que el argentino. Tras un córner en contra, el Barça generó una buena oportunidad en transición, con Messi habilitando a Griezmann, que resolvió solo una acción en que le acompañaba Dembélé y donde el espectacular repliegue de Verratti para molestar en el disparo -que salió fuera por poco- sería un indicativo de la esplendorosa noche del italiano. Las oportunidades de hacer un segundo gol y dejar tocado al PSG se iban al limbo. 

A partir de ahí, al Barça se le empezaron a ver las costuras por todos lados. Sólo cinco minutos después del gol culé, el PSG iba a encontrar el empate gracias a Mbappé, que rompió en el área a Lenglet para reventarla de zurda contra la escuadra cercana. La acción venía de un gran cambio de orientación de Marquinhos, que detectó la subida al ataque de Kurzawa por una banda derecha azulgrana en que Dest fracasó en su intento de sostener a Mbappé y Dembélé casi ni bajó a defender. El toque sublime de Verratti acercó al PSG al gol y Mbappé lo materializó fusilando a ter Stegen. El 1-1 reforzó las convicciones de los de Pochettino, que con una acción parecida casi consigue el 1-2 gracias a un tiro cruzado de Kurzawa, el cual tuvo que salvar Ter Stegen. Desde el gol de Mbappé hasta el descanso pasaron 14 largos minutos, en los que el Barça achicaba agua como podía y se encomendaba al liderazgo de un Piqué recién salido de tres meses de lesión y a las paradas de Ter Stegen. Por la derecha también se le planteaban problemas al Barça, debido a que Jordi Alba no lo tenía fácil ante la presencia de Florenzi y de Moise Kean, que partía teóricamente desde el costado pero buscaba ser punzante por dentro. El PSG estaba cómodo y uno de los pocos riesgos que se avistaban era la segunda tarjeta amarilla para Gueye, que tras ver la primera cartulina aún protagonizó otras dos entradas a destiempo que en un momento más avanzado del partido le podrían haber supuesto irse a la calle. Pochettino, sin querer dejar cabos sueltos, sustituyó al senegalés al descanso para dar entrada a Ander Herrera. 

Ronald Koeman, Manager of Southampton during the Barclays Premier League match at the St Mary's Stadium, Southampton Picture by Paul Terry/Focus Images Ltd +44 7545 642257 20/12/2014
Igual que sus precedesores, Ronald Koeman no fue capaz de hacer competir al Barça en un gran partido de Champions. Foto: Focus Images Ltd

En el segundo tiempo se acrecentó la sensación de que el Barça estaba dejando otra vez la misma cara que en sus anteriores debacles europeas. Con dos pases, el PSG era capaz de desarbolar todo el entramado del FC Barcelona, un equipo que no viajaba junto, que presionaba mal, que estaba siempre en inferioridad, que perdía todos los duelos y que con balón era incapaz no ya de generar oportunidades, sino de encadenar la más mínima serie de pases. Ni siquiera el mayor esfuerzo de Dembélé en los regresos defensivos sirvió para contener la avalancha que generaban por ese sector Mbappé y Verratti, cuyas asociaciones eran absolutamente mortíferas y eran la mayor demostración de que el equipo culé ya era un muñeco de trapo en manos del PSG. Ter Stegen salvó otra vez al Barça del segundo gol parisino con una parada escandalosa a disparo de Moise Kean, el cual rebotó en un defensor y provocó que la acción del meta alemán tuviera que ser con él ya vencido en el suelo y sacando la mano muy arriba. El goteo constante de ocasiones del PSG acabó cristalizando, con el 1-2 de Mbappé, un gol que retrató hasta a quienes hacían más por evitar el descalabro: Ter Stegen, por no llegar a desviar el centro de Florenzi, y Piqué, que despejó mal el cuero y lo dejó muerto para el ‘7’ del PSG. Este gol, igual que el tercero, no podría entenderse sin la intervención de Leandro Paredes, autor del maravilloso pase que deja solo a Florenzi tras su ruptura en banda derecha. El argentino bien merece la mención de honor como mejor jugador parisino tras Mbappé y Verratti, dado su acierto en los pases largos, sus distribuciones al primer toque, su calma para jugar bajo presión y su trabajo defensivo. El 1-3 no se hizo esperar y lo convirtió Moise Kean, a la salida de una falta lateral botada por Paredes. El delantero italiano pudo rematar completamente solo en el segundo palo, tras atraer Marquinhos a Lenglet y reaccionar mal De Jong. 

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Como viene siendo habitual, Koeman hizo los cambios tarde, porque sabiendo que en la banda izquierda le estaban destrozando, no introdujo a Mingueza por Dest hasta después del tercer gol francés. Vació la defensa quitando a Piqué y metiendo a Riqui Puig, a la par que Pjanić sustituía a Busquets y Trincão hacía lo propio con Pedri, al que el Barça no se pudo agarrar en esta negra noche. Mientras, Verratti dejaba el campo tras una de las actuaciones más completas de su carrera deportiva y dejaba su lugar a Draxler, que volvió a castigar al Barça como ya hiciera en ese 4-0 de 2017 que precedió a la remontada en el Camp Nou. Desde entonces, la importancia de Draxler en el equipo ha disminuido drásticamente, pero eso no le ha privado de estampar su firma en otra goleada al Barça, conduciendo inmaculadamente la contra que dio lugar al 1-4 definitivo, convertido por Mbappé con una rosca preciosa a la escuadra más lejana. Mbappé saludaba a todos al final del partido con una sonrisa en la cara y con la pelota estrellada de la Champions en las manos, un recuerdo para Mbappé de su mayor exhibición hasta la fecha en la Liga de Campeones, en una noche en que el Barça soñó primero con competir, luego con ganar, posteriormente con caer de la forma más honrosa posible y, en último lugar, con que el árbitro pitara el final para que el PSG no hiciera aún más grande la herida. El PSG tiene los dos pies en cuartos de final y Pochettino gana mucho crédito justo cuando cumple 40 días en el cargo. Y para el Barça, la radiografía es clara: seis meses después de caer por 2-8 en Lisboa ante el Bayern, el club está prácticamente en liquidación, aún sin nuevo presidente, con Messi cargándose todavía más de razones para dejar una institución que le ha dado más disgustos que alegrías en los últimos seis años y con la posibilidad de que los últimos tres meses de temporada parezcan tres décadas si el equipo no remonta la desventaja con el Atlético en Liga ni el 2-0 en contra ante el Sevilla en la Copa. 

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Foto de portada: Focus Images Ltd

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2 comments

Crónica de 10 Naveira. Como aficionado del Valencia que soy, te acompaño en el sentimiento por los tiempos dífíciles que se vienen para nuestros clubes…

Muy buena crónica del partido. Me pareció interesante como el PSG fue combinando el 4-1-4-1 con el balón en salida de banda con el 4-4-2 cuando el balon estaba entre centrales a la hora de presionar. Mucha precisión de Verratti a la hora de saltar y del resto del medio campo parisino en las coberturas y permutas, gran compromiso del equipo para juntar las líneas y no dar espacios al Barsa en función del momento de partido y fantástico trabajo tanto de transición como de juego posicional. Todo ello, sobra decir, construido en torno a la calidad individual del equipo y coordinado por un entrenador recien llegado pero de contrastada inteligencia y lectura de juego.
Le pongo un debe al PSG: cuando se encuentre con un equipo capaz de circular el balón de una situación a otra combinando a un toque desde la base de la jugada preveo una presión mucho menos eficaz, más aún cuando esté el incuestionable Neymar sobre el campo. Ese partido será diferente y ahí se medirá la capacidad del equipo de mandar como un grande.

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