Sané resucita al City en su cuenca del Ruhr

Leroy Sane Manchester City Entrenamiento Focus

El Manchester City se acercó a los cuartos de final de la Champions League con una victoria agónica en un partido extraño, marcado por el impacto emocional que los distintos acontecimientos imprevistos fueron insuflando al desarrollo del juego. Cuando ganaba 0-1, la remontada local parecía tan improbable como se presumía más tarde el segundo volteo en el marcador al ir perdiendo el equipo de Guardiola por 2-1 y encontrarse en inferioridad numérica. Y sin embargo, siempre ocurrió lo impensable. Tuvo en el giro de guion definitivo una especial incidencia Leroy Sané, un chico nacido en la cuenca del Ruhr y formado en las categorías inferiores del Schalke 04. Pese a empezar el choque desde el banquillo de forma sorprendente, el extremo de Essen ingresó en el último cambio táctico de Guardiola y fue decisivo con un golpeo de balón fabuloso en una falta directa que propició la atmósfera final para que Sterling culminara la remontada en el tiempo de descuento.

Schalke 2 (Bentaleb 38′ pen, 45′ pen)
Manchester City 3 
(Agüero 18′, Sané 85′, Sterling 90′)

Schalke 04 vs Manchester City - Football tactics and formations

Ambos técnicos sorprendieron con sus planteamientos iniciales. Domenico Tedesco usó una línea de cinco defensores que le resulta más sencilla de configurar tras la llegada de Jeffrey Bruma, cedido por el Wolfsburgo en el mercado de invierno. Además, reforzó los costados con jugadores de pelea y sacrificio por delante como McKennie y Mendyl. Con tres centrales y dos medios centros, su estrategia se basaba en cerrar los espacios interiores y fiar todo su potencial ofensivo a la capacidad de Mark Uth para ganarse la vida en solitario y generar peligro con su buen disparo con la zurda. No fue una estrategia que le diera un buen resultado de entrada, ya que el City mandó durante más de media hora, tuvo el partido controlado y jugó mucho en campo contrario, hasta el punto de lograr que sus interiores recibieran a menudo entre líneas, justo lo que el preparador del Schalke quería evitar.

También Guardiola usó un dibujo algo insospechado. Juntó a casi todos sus centrocampistas creativos, desplazando a algunos a posiciones periféricas -Bernardo como extremo derecho y Fernandinho como central en fase defensiva-. Su 4-3-3 cuando el rival atacaba se convertía en un claro 3-2-4-1 cuando poseía la pelota e iniciaba el juego, dibujando un cuadrado con dos futbolistas en la base (el brasileño y Gündogan) y dos en una segunda altura (De Bruyne y David Silva). Su equipo se adelantó con justicia con un gol de Agüero tras un robo del canario Silva, que tuvo la fe y la persistencia de encimar a Sané cuando recibió un pase de riesgo de Fährmann. Era el tanto número 24 del argentino en la presente temporada sumando todas las competiciones y el décimo que anotaba en los siete últimos compromisos que ha disputado. La sensación de superioridad del cuadro inglés era tan evidente que en el estadio sobrevolaba una sensación de impotencia que hacía presagiar un cómodo triunfo visitante sin sobresaltos.

Sergio Agüero volvió a anotar para el Manchester City y dio continuidad a una racha de productividad muy llamativa (Foto: Robert Smith/Focus Images Ltd).
Sergio Agüero volvió a anotar para el Manchester City y dio continuidad a una racha de productividad muy llamativa (Foto: Robert Smith/Focus Images Ltd).

El primer punto de inflexión que modificó el trámite del partido fue el penalti del 1-1. Es cierto que antes Uth ya había rozado el gol con un tiro cruzado con efecto que se escapó por escasos centímetros, pero ese acercamiento aislado no parecía indicar un cambio de dinámica en el guion del choque. Lo que lo hizo entrar en una dimensión desconocida fue la larga interrupción con consulta al VAR y error tecnológico incluido que impidió a Del Cerro Grande visualizar las imágenes, teniendo que confiar su decisión a la descripción que recibió por el intercomunicador. Aunque Otamendi tocó el balón con el brazo de forma evidente, los jugadores del City reclamaron que lo estaba retirando y que hizo todo lo posible para evitar el contacto. Los del Schalke argumentaban que su posición de partida no era natural y ocupaba demasiado espacio, y que sin duda acabó siendo beneficiado por ella. El colegiado decretó la pena máxima, transformada por Bentaleb, y cuando el City sacó de centro se encontró con un estadio en ebullición, un ritmo de juego interrumpido, un rival reactivado en su moral y la placidez que había construido con su control totalmente evaporada. Esa sensación se acrecentó con la segunda pena máxima, que llegó en la acción siguiente tras un agarrón de Fernandinho en la carrera por rematar un envío en una falta lejana.

Nabil Bentaleb convirtió desde el punto de penalti los dos goles del Schalke 04. (Foto: Focus Images Ltd).
Nabil Bentaleb convirtió desde el punto de penalti los dos goles del Schalke 04. (Foto: Focus Images Ltd).

Paradójicamente, el segundo punto de inflexión llegó cuando el Manchester City se quedó con diez hombres por la expulsión de Otamendi, que trabó a Burgstaller después de que el punta austriaco recibiera de espaldas y le rompiera con un giro de alto nivel pero a muchos metros de la portería. Era la segunda amarilla para el argentino, que había visto la primera en la jugada del penalti. Tanto él como Fernandinho se perderán el partido de vuelta, algo que ahora, con el 2-3, ya no preocupa tanto en la expedición sky blue. El panorama era oscuro para el conjunto de Guardiola, que estaba por debajo en el marcador, contaba con un hombre menos y se medía a un punta nato que había ingresado en el campo por Mendyl desplazando a Uth al sector izquierdo. Lo que siguió fue una sucesión de posesiones largas del Schalke por primera vez en el partido y un City extrañamente replegado, casi asumiendo que conservar el 2-1 no era una mala idea teniendo en cuenta las circunstancias. Hasta Tedesco se animó a sacar un tercer punta, Skrzybski, pensando que quizá se daban las condiciones para buscar una renta más amplia.

Pero Guardiola también movió el banquillo y sus sustituciones tuvieron un efecto indiscutible sobre el resultado final. Kompany entró por David Silva para rehacer la línea de cuatro, pasando a una especie de 4-4-1 con Gündogan y De Bruyne como doble pivote. Luego Sané ingresó por Agüero, con Sterling acomodándose como delantero centro. Y finalmente, ya con 2-2 (aunque el cambio estaba ya previsto cuando Sané se disponía a ejecutar la falta de su golazo), Zinchenko sustituyó a De Bruyne, mandando a Laporte al eje de la defensa y recuperando a Fernandinho para el rol en el que marca diferencias. Pero más que por cuestiones tácticas, hay que entender la reacción de los últimos minutos por el efecto emocional que provocó el tanto del alemán, ese tipo de golpeo en el que la magnitud de la ejecución técnica del adversario silencia a todo un estadio y lo sume en la resignación.

Aún así, resulta difícil comprender cómo pudo conceder el Schalke el 2-3 definitivo a partir de un envío largo de Ederson cuyo único receptor posible era Sterling, mucho más bajito que los cinco defensores contra los que peleaba. Oczipka midió de forma pésima la trayectoria del balón y resbaló en el momento menos adecuado, permitiendo al punta inglés quedarse solo ante un portero que además estaba mal ubicado, demasiado desplazado hacia el córner, como si esperara una cesión en corto hacia esa zona o fuera a perseguir un bote del balón que no se acabó dando. El resultado final fue oro puro para un City que no estuvo a la altura de su condición de favorito pero que sobrevivió a circunstancias tan adversas que por momentos pusieron en peligro su supervivencia en el torneo.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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3 comments

Aunque hayas puesto una explicación de porqué se tardó tanto en decidir el primer penalty, me pareció excesivo, esas decisiones se tienen que tomar más rápido y más cuando es una imagen tan clara.

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