El día que el Shelbourne soñó con eliminar a un semifinalista de la Champions

Shelbourne Deportivo 2004 Marcadorint

Ningún equipo de la liga de la República de Irlanda ha disputado jamás la fase de grupos de la Champions. En la máxima competición continental los éxitos han sido escasos para los representantes procedentes de un país donde no todos los clubes son ni siquiera profesionales en la primera división y cuyo campeonato doméstico está muy lejos del nivel mostrado por el combinado nacional. Son incluso mínimos los casos de clubes irlandeses que se han quedado a las puertas de la heroicidad de superar todas las fases previas a la fase de grupos de la Champions League. El primero, y también el que estuvo más cerca, fue el Shelbourne FC. Un club del barrio dublinés de Drumcondra que el verano de 2004 rompió varias barreras al plantarse en la última ronda previa de la Copa de Europa. El Shelbourne FC soñó despierto e incluso atisbó la posibilidad de superar la prueba más difícil: una eliminatoria a doble partido contra el Deportivo de La Coruña, semifinalista de la competición apenas unos meses antes.

“Fue extraordinario que un equipo de Irlanda llegara tan lejos en esa competición. Creíamos que teníamos algo especial en ese equipo, pero el punto de inflexión para nosotros fue el primer partido de todos en Islandia”, rememora Jamie Harris, defensa central titular en el Shelbourne por aquel entonces en declaraciones para MarcadorInt. “Perdíamos por 2-0 ante el Reykjavik y marcamos dos goles en los últimos 10 minutos. A partir de ese momento sentimos que podíamos dar la vuelta a un resultado negativo en cualquier momento. Teníamos jugadores con magia para cambiar los partidos o producir un gol o una ocasión en cualquier momento”, prosigue el zaguero irlandés.

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Uno de los futbolistas de mayor calidad de ese equipo era Alan Moore, extremo que asomó la cabeza en el Middlesbrough, club con el que también llegó a disputar partidos de Premier. Incluso llegó a debutar con la selección irlandesa a mediados de los 90. Mermado por las lesiones en Inglaterra, el verano de 2004 fichó por el Shelbourne. Ya se había disputado la mitad de la campaña en la liga, pero el gran aliciente era disputar la competición europea con un club de su país. “La liga de Irlanda se estaba convirtiendo en una competición a tiempo completo en ese momento. Regresé a Irlanda con 29 años por la Champions League y porque quería ganar ligas. El fútbol en Irlanda estaba creciendo y quería formar parte de ello”, cuenta Moore a MarcadorInt.

El banderín del partido entre el Deportivo y el Shelbourne se conserva en el interior de Tolka Park a día de hoy.
El banderín del partido entre el Deportivo y el Shelbourne se conserva en el interior de Tolka Park a día de hoy. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

Eliminar al campeón islandés encajaba con las ambiciones del Shelbourne, pero más difícil se intuía el cruce de la segunda ronda ante un equipo de mucho más prestigio como el Hajduk Split. El campeón croata vivía tiempos felices y gozaba de una mayor tradición en la Champions: en 1995 alcanzó los cuartos de final y en 2001 forzó la prórroga ante el Mallorca en la última previa. “Nosotros esperábamos ganar al KR Reykjyavik en la primera ronda, pero el Hajduk Split ya era un rival más complicado. Sabíamos que tenía mucho pedigrí”, relata para MarcadorInt el atacante Ollie Cahill, otro de los fijos en las alineaciones de Pat Fenlon en el Shelbourne FC. Su visión coincide con el análisis de Jamie Harris: “Si preguntas al equipo antes de la eliminatoria, creo que muchos te habrían dicho que sería duro y que debíamos disfrutar de la experiencia. Que tendríamos pocas oportunidades ante el Hajduk. Pero al marcar pronto en Croacia sentimos ese impulso, vimos que podíamos pasar. Aunque perdíamos y encajamos el 3-1 en el tramo final, sabíamos que debíamos mantener la fortaleza defensiva, concentrarnos y alguna tendríamos”. Fitzpatrick adelantó al Shelbourne a los cinco minutos, pero el Hajduk parecía encarrilar la eliminatoria con el tercer gol en el minuto 85. Hasta que Alan Moore recortó la diferencia sobre la bocina para volver a invocar la fe de un equipo que ya había sobrevivido a un escenario adverso en la ronda anterior: “Fue una gran experiencia jugar en Split, el estadio estaba lleno desde varias horas antes del partido. El tiempo era cálido y el ambiente fue increíble. Se escuchaba muchísimo el ruido de los aficionados antes y después del partido desde el vestuario”. “Durante 60 minutos no pudimos acercarnos a la pelota. Marcamos muy pronto y en el último minuto, pero todos sabíamos que ese gol poseía una gran importancia en el aspecto psicológico. Tenían que venir a Dublín para enfrentarse a un equipo del que no habían oído hablar jamás y que haría todo por ganarles. Tenían la presión de que si no pasaban podían sufrir a nivel financiero. Es positivo partir desde esa circunstancia, no ser el favorito y no tener nada que perder”, reflexiona Moore. Más contundente se muestra Ollie Cahil en el análisis de la derrota en Split: “Podíamos haber perdido por 4-1 o 5-1 en Croacia, pero ese 3-2 nos dio una gran esperanza”.

La historia fue muy distinta en la vuelta en Dublín, donde el Shelbourne controló el encuentro, mantuvo la portería a cero y asestó los golpes en el último cuarto de hora. El estadio entró en erupción cuando David Rogers marcó un gol increíble con una volea desde la frontal que metía al Shelbourne en la última ronda previa. Moore sentenció el encuentro en el descuento después de una jugada individual de Ndo, con el Hajduk ya volcado en busca del empate. “Cuando el Hajduk vino a Tolka Park, creo que nadie en el equipo dudaba que ganaríamos ese partido. Pude ver el partido de nuevo recientemente y nuestra actuación fue notable. Controlamos el partido para no encajar”, asegura Harris. “Por cómo jugamos, merecimos ganar en la vuelta. Representábamos a nuestro equipo y a nuestro país. Estábamos luchando también contra la percepción que la gente tenía de nuestra liga, pues pensaban que no atesorábamos la suficiente calidad para llegar tan lejos”, complementa Cahill en la reconstrucción de la victoria ante el campeón croata.

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El Shelbourne remontó ante el Hajduk Split en Tolka Park, estadio con capacidad para 8.000 espectadores. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

Solo faltaba una eliminatoria para alcanzar la fase de grupos, un hito histórico para el fútbol irlandés. Sin embargo, el tercer obstáculo entrañaba una dificultad excepcional: el Shelbourne se cruzaba con el Deportivo de la Coruña. El equipo gallego vivía los mejores años de su historia y se había labrado una merecida fama en el fútbol continental después de su actuación en la Champions League 2003-04. Ya no solo había plantado cara a los gigantes del fútbol español al conquistar una liga y dos Copas del Rey, sino que había alcanzado las semifinales de la Champions tras una remontada memorable ante el Milan en Riazor. El Oporto de José Mourinho les apeó en las semifinales y ahora se reencontraban con la Copa de Europa apenas unos meses más tarde.Vencimos al Hajduk Split un miércoles por la noche y tuvimos el jueves libre. Cuando fuimos a entrenar el viernes había una cola enorme en Tolka Park, pues ya jugábamos contra el Deportivo el miércoles siguiente. Eso nunca pasa en el fútbol irlandés. Entonces empezamos a tomar consciencia de cómo de grande podía ser ese momento”, recuerda Ollie Cahill, que también reconoce que “jamás habíamos vivido una cobertura mediática de esas dimensiones”.

El partido de ida, de hecho, no se disputó en la casa del Shelbourne, Tolka Park, sino que se trasladó a Lansdowne Road, el estadio de la selección nacional.Nunca había ocurrido para un partido de fútbol en Irlanda a nivel de clubes”, recalca Alan Moore. El estadio (ahora reconstruido y bautizado como AVIVA Stadium) acogió al triple de aficionados en el partido más importante de la historia del Shelbourne y, por consiguiente, del fútbol de clubes en la República de Irlanda, tal y como describe Ollie Cahill: “No habríamos podido absorber a toda la gente que hubiese querido ver el partido. Además a nivel financiero poder jugar ante 24.000 personas es mucho mejor que hacerlo ante unas 8.000. No era tan cómodo para nosotros, que estábamos más acostumbrados a nuestro estadio, pero para el club tenía mucho sentido y estábamos contentos de jugar en el estadio de la selección nacional”. “Para mucha gente fue una oportunidad para ver los futbolistas del Deportivo. Lo mejor para mí fue ver aficionados del Shamrock Rovers, del Bohemians y del resto de clubes en Irlanda con las equipaciones de su equipo apoyando al Shelbourne ese día. El Deportivo estaba jugando contra Irlanda entera”, destaca Moore.

Los aficionados del Shelbourne se volcaron para apoyar su equipo en Lansdowne Road.
Los aficionados del Shelbourne se volcaron para apoyar su equipo en Lansdowne Road. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

Aun así, el Shelbourne no se conformaba con la oportunidad de medirse al cuadro gallego: “No solo queríamos disfrutar de una eliminatoria así. Sabíamos que si jugábamos a nuestro mejor nivel podríamos tener una oportunidad. Fuimos muy sólidos y nuestro objetivo era disputar la fase de grupos”, afirma Cahill. Para Jamie Harris, fue la cumbre de su trayectoria deportiva: “Fue el partido de mi carrera. Jugar en esa ronda de Champions, ante el Deportivo que había sido semifinalista ante el Oporto la temporada anterior… Todos los jugadores eran conocidos en todo el mundo. Cualquiera que jugase al fútbol en Irlanda veía la Champions y conocía a Andrade, Valerón, Luque, Pandiani, Víctor, Mauro Silva. Los conocíamos. Todo el país nos apoyó, fue increíble. Todo el mundo llevaba banderas del Shelbourne, era algo que no habíamos visto antes en Irlanda. Tenías que intentar mantener los pies en el suelo y afrontarlo como cualquier otro partido, pero era difícil porque sabíamos que nos enfrentábamos a un gran rival”.

“Sentía mucho respeto por esos jugadores, pero debes apartar esa sensación para competir contra ellos. Jugamos contra el Deportivo, de acuerdo, pero jugamos contra ellos porque nos lo habíamos ganado. Al tratarse de jugadores de clase mundial, debíamos mantener la concentración muy elevada. Yo marqué a Walter Pandiani a lo largo de los dos partidos y tenía que mantener la concentración a tope. Son jugadores muy inteligentes, muy conscientes de lo que sucede en cada momento debido a su larga experiencia en escenarios de repercusión mundial. Fue un gran reto a nivel mental. Físicamente sentía que podía equipararme a ellos, pero a nivel mental debía elevar mi prestación”, prosigue el defensa central del Shelbourne, clave para mantener el 0-0 en la ida y viajar a Galicia con la opción de clasificarse en caso de empate con goles. “Quedamos satisfechos con el empate, jugamos un buen partido. No hubo muchas oportunidades aunque creo incluso pudimos ganarles. También creo que a ellos tampoco les iba mal saber que pasarían si nos ganaban en España”, valora Cahill. Moore, por su parte, se queda con la experiencia de medirse a Juan Carlos Valerón, un referente por su elegancia. “Uno de los mejores jugadores a los que me he enfrentado”, reconoce con admiración el ex del Middlesbrough.

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El 11 de agosto de 2004 quedará para siempre en la historia del Shelbourne. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

El 0-0 se mantuvo hasta el descanso del partido de vuelta. El Shelbourne resistió los envites del Deportivo, aunque no pudo sobrevivir el arreón del equipo español en los últimos 45 minutos de eliminatoria. “Al descanso creíamos que era posible porque nuestro plan de partido en los duelos europeos era siempre mantenerse en el encuentro durante 70 o 75 minutos. Si había algún gol, teníamos que asegurar mantenernos con vida hasta ese momento. Frustrábamos a los equipos que eran mejores que nosotros, y entonces contábamos con jugadores en el banquillo que podían producir un gol. Al descanso del partido de vuelta, fuera de casa, éramos conscientes de que la eliminatoria no estaba en el lugar que quería el Deportivo. Sentí que nos infravaloraron muchísimo en la ida. Nos trataron como si jugaran un amistoso. Creo que competimos bien y logramos algo increíble para el fútbol irlandés”, describe Alan Moore. Harris también evoca las imágenes al descanso en el vestuario de Riazor: “Todo el mundo estaba muy concentrado porque sabíamos que estábamos muy cerca. Pero también sabíamos que la segunda parte sería más dura que la primera porque nos enfrentaríamos a un equipo que saldría furioso. Después de una hora fue muy fatigante a nivel mental. Les dejamos más espacio, llevábamos mucho tiempo persiguiendo el balón, cerrando espacios. Tenían el control del balón y del partido y esperábamos que cometieran algún error para marcar”. Cuando Víctor abrió la lata en el minuto 59, el plan del campeón irlandés se vino abajo. El Deportivo anotó el 2-0 apenas siete minutos más tarde con un zapatazo lejano del autor del primer tanto y Pandiani redondeó el triunfo en el 88’ con un disparo de falta directa. “Una vez marcaron el primer gol tuvimos que ir a buscarles y se abrieron espacios”, concede, resignado, Cahill más de quince años después de dicho episodio.

De acariciar la fase de grupos a Segunda División

Dos años después de rozar el cielo, el Shelbourne se hundió. En 2004 no alcanzó la fase de grupos de la Champions, pero ganó la liga por segundo año consecutivo y repitió experiencia en la fase previa de la máxima competición europea. Superó la primera eliminatoria ante el Glentoran de Belfast para acabar apeado por el Steaua Bucarest, que se impuso en la capital rumana por 4-1 después de un empate sin goles en Dublín. El Shelbourne volvió a conquistar la liga en 2006, pero esa temporada se saldó con un descenso administrativo: el equipo se declaró en bancarrota al no poder pagar los sueldos de sus futbolistas y descendió a Segunda. La plantilla se desmanteló y ya no volvió a Primera hasta 2012, cuando se benefició de la ampliación de la primera división de 10 a 12 equipos para ascender.

“Persiguieron el sueño sin tener el fundamento necesario para sostener lo que estaban haciendo. Pagaban dinero para atraer a los mejores jugadores e intentar alcanzar la fase de grupos de la Champions. El presidente Oliver Byrne tenía ese sueño, pero le costó la vida al final [falleció en 2007, a los 63 años]. Él quería ver al Shelbourne en la fase de grupos de la Champions. Pero no lo pudo sostener. No logró suficiente apoyo para movilizar a suficiente gente, ni tampoco a nivel de patrocinios, y cada año fue más difícil. Poco después de alcanzar la última ronda previa de Champions, en 2006 ganamos la liga, pero no se nos pagaron los dos últimos meses de la temporada. El club acabó bajando”, lamenta Ollie Cahill, que actualmente es el responsable del sindicato de futbolistas irlandeses y entre otras cosas lucha para que todos perciban su sueldo al día en la liga de su país. Un par de clubes entraron en quiebra. Sucedió como en la economía, que estaba basada en la construcción y en los ámbitos en los que una única persona invertía. Cuando la industria de la construcción se derrumbó, los clubes sufrieron. Ahora los clubes son algo más sostenibles y son gestionados con una mayor perspectiva”, analiza el exfutbolista del Shelbourne.

Tolka Park ha albergado partidos de la segunda división irlandesa en las últimas temporadas. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).
Tolka Park ha albergado partidos de la segunda división irlandesa en las últimas temporadas. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

Concuerda con el análisis Alan Moore: “Fuimos uno de los primeros países golpeados por la recesión. El dinero de la gente estaba en las propiedades y todo quebró. Así que todos estos clubes que se encontraban en el proceso de profesionalización, con trabajadores a tiempo completo en el club y la academia, estaban todavía en ese proceso. Ya no se pudo invertir más dinero en eso y no se pudo sostener”. “Fue muy triste. El equipo empujó muy fuerte para intentar derribar esa barrera en la Champions League. Cada año el club hizo esfuerzos a nivel financiero, trajo a nuevos jugadores, intentó cerrar acuerdos de patrocinio… Algunas cosas funcionaron, otras no. Pero al final le acabó pasando factura. Fue muy triste. Fui uno de los últimos jugadores en salir del club. Viví mis años de mayores éxitos en la liga en el Shelbourne. Nos acabamos marchando libres porque el club ya no nos podía pagar el sueldo”, completa Jamie Harris.

El Shelbourne ha vivido una larga travesía en la segunda división irlandesa desde el descenso padecido en 2006. Le costó cinco temporadas ascender y solo dos volver a bajar a Segunda, donde permaneció hasta finales de 2019. El año pasado subió de nuevo a Primera y ahora aspira a mantenerse en la categoría con un poco más de tranquilidad. La vida también ha sido muy distinta para el resto de componentes del equipo que jugó en Riazor en agosto de 2004. Hay quien se ha alejado del mundo del fútbol en mayor o menor medida. Por ejemplo, Stuart Byrne dirige la estrategia digital de una editorial estadounidense desde Dublín a la vez que ejerce de comentarista en los medios locales mientras Jamie Harris ha abierto su propio negocio, un gimnasio en el que prepara entrenamientos para aprovechar su experiencia como deportista profesional. Como citamos anteriormente, Ollie Cahill defiende a nivel sindical los derechos de los futbolistas de la liga de la República de Irlanda y Alan Moore trabaja en Inglaterra como analista de rivales del Wigan, en la segunda división inglesa, después de sus etapas como técnico en categorías de formación o de scout en el Middlesbrough. Jim Crawford, habitual suplente en esa Champions, dirigirá a la selección sub-21 después del ascenso de Stephen Kenny a la absoluta. El único futbolista que sigue en activo es, a la vez, el más joven de esa plantilla y también el que ha gozado de una trayectoria más exitosa con la selección irlandesa: Wes Hoolahan. El menudo mediapunta zurdo tenía apenas 22 años y aprovechó la eliminatoria contra el Deportivo como trampolín para irse a jugar a Escocia. A punto de cumplir los 38 años, Hoolahan apura su carrera en las antípodas, en el Newcastle Jets de la A-League australiana.

Wes Hoolahan of Team Wes says his farewells as he leaves the match during the Norwich City Charity Match at Carrow Road, Norwich Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 06/05/2019
Wes Hoolahan todavía sigue en activo. Foto: Focus Images Ltd.
Foto de portada: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

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4 comments

“Fue una gran experiencia jugar en Split, el estadio estaba lleno desde varias horas antes del partido.”
Es fantástico lo que la memoria hace con todos nosotros. En las imagenes de youtube enlazadas, se puede que ver que el ambiente es cualquier cosa menos un llenazo. Al final va a ser cierto que nuestra realidad es aquello que recordamos.

Yo sobre todo creo que es algo asociado a lo que ellos estaban acostumbrados. No está mal el ambiente de ese día, con un estadio más ruidoso que lleno porque al final están habituados a jugar casi en la intimidad, pero también me llamó la atención.

Claro. Eso pensé yo al principio. Pero es que la referencia la realiza Alan Moore, que llegó a disputar partidos Premier en los 90 y con su selección. Tal vez ya se había desacomtumbrado a semejantes ambientes.
Por cierto, yo presencié in situ aquella vuelta. Hoy en día parece sencillamente un sueño. Uno bueno.
https://www.youtube.com/watch?v=E-PcUFputZc

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