Con el talento sudamericano, el Zenit busca romper la maldición en Europa

General view of the stadium before the 2018 FIFA World Cup 3rd/4th Play Off match at St Petersburg Stadium, St Petersburg
Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267
14/07/2018

“A veces los rusos que están en el extranjero se muestran demasiado pusilánimes”, observaba Fiódor Dostoiévski en El jugador. “Temen sobremanera el qué dirán, la manera cómo la gente los mira, y se preguntan si es decoroso hacer esto o aquello”. En su novela publicada en 1867, el genial escritor analizaba los rasgos de la psique rusa de mediados del siglo XIX. No sería sorprendente, sin embargo, que alguien utilizara las mismas palabras para describir el actual momento del fútbol ruso.

Hagamos un repaso. El año era 2016; se jugaban los octavos de final de la Liga de Campeones. Se esperaba que el Zenit de Axel Witsel, Danny, Hulk y Artem Dzyuba, dirigido por André Villas-Boas y jugando en casa, en el estadio Petrovsky, pudiera superar el 1-0 de la ida conseguido por el Benfica en el Estádio da Luz. Los rusos abrieron el marcador con Hulk en el minuto 69 y se lanzaron a por los portugueses. Hasta que en el minuto 85, Nicolás Gaitán silenció a los miles de aficionados presentes en San Petersburgo y, 10 minutos después, Anderson Talisca selló el pase de las Águias a los cuartos de final de la Champions. Desde aquella noche de marzo de 2016, el riquísimo Zenit no ha sido capaz de volver a una eliminatoria de Champions. Su dominio nacional, sin embargo, ha sido clarísimo: tres títulos de liga en los últimos tres años.

En las temporadas 2016/17, 2017/18 y 2018/19 lo máximo que consiguió alcanzar el Zenit fueron los octavos de final de la Europa League. En 2019/20 y 2020/21, no pasó de la fase de grupos de la Liga de Campeones. El fracaso del gigante de San Petersburgo se sitúa en un contexto más amplio, que implica al fútbol ruso en su conjunto. A pesar de una enorme inversión en los últimos años, los rusos no han tenido éxito en la escena continental; al contrario, han acumulado decepciones. Especialmente frustrante fue la temporada 2019/20 para el fútbol ruso en Europa, en la que ninguno de sus clubes se clasificó para las eliminatorias finales de la Champions o de la Europa League. En el caso del Zenit en particular, su rendimiento de la temporada pasada llamó la atención. Se esperaba que, como mínimo, los petersburgueses pudieran poner en aprietos a los menguantes Lazio y Borussia Dortmund, e imponerse ante el Club Brugge, para conseguir, quizás, un puesto en los octavos. Ocurrió lo contrario: los bicampeones nacionales sumaron un único punto en su grupo, perdiendo cinco partidos. Las razones del fracaso continental son realmente difíciles de compreender.

Sin embargo, esta temporada, analizando al equipo peterburgués, habría motivos para creer en una buena campaña; el problema fue el sorteo, que le deparó un grupo más ingrato que en los últimos años: excluyendo al Malmö -contra el que, en teoría, el Zenit debería llevarse los seis puntos-, los de Sergej Semak se enfrentan al vigente campeón de Europa de Thomas Tuchel y a la Juventus de Massimiliano Allegri, que tiene la costumbre de llegar lejos en la competición. El camino natural es la Europa League. Pero no sería un disparate que un equipo con tanta calidad les quitara puntos a los pesos pesados del grupo. La plantilla actual cuenta con una interesante mezcla de talento sudamericano y solidez ruso-iraní-croata-ucraniana.

En el último partido de Champions –en el que el Zenit se impuso al Malmö por 4-0-, Semak metió en el XI inicial a los rusos Stanislav Kritsyuk y Dmitri Chistyakov -fichados para esta temporada-, Aleksei Sutormin, Daler Kuzyaev y, cómo no, Artem Dzyuba. A ellos se sumaban el ucraniano Yaroslav Rakitskiy y los cinco sudamericanos -cuatro brasileños y un colombiano- que prometen aportar frescura al Zenit: Douglas Santos, Wilmar Barrios, Wendel, Malcom y Claudinho. A pesar de haber utilizado el 3-4-3 en los dos partidos de Europa y en algunos de la liga rusa, parece que el 4-4-2 -primordialmente utilizado en las últimas temporadas-, es la mejor manera de reunir todo el talento del que dispone el Zenit. Un centro del campo con Barrios y Wendel en el doble pivote, Malcom y Claudinho en los costados, y la fulminante dupla de ataque formada por Sardar Azmoun y Dzyuba no estaría nada mal. Todo ello con la solidez de una defensa formada por Sutormin, Dejan Lovren, Rakitskiy y Douglas Santos. Y sin embargo, mucha gente buena se quedaría fuera. Los internacionales rusos como Kuzyaev, Chistyakov, Aleksandr Erokhin y Magomed Ozdoev, por ejemplo. Queda por saber si Semak optará por esta formación ofensiva en los partidos continentales. Hasta ahora, no lo ha hecho. En los dos partidos de la Liga de Campeones alineó su 3-4-3, que se transforma en un 5-4-1 en la fase defensiva, sacrificando a su pareja de ataque. En Londres jugó Azmoun, en San Petersburgo Dzyuba.

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Tras la goleada ante los suecos, en el partido contra el FC Sochi el entrenador ruso decidió alinear un 4-4-2 con ese centro del campo casi todo sudamericano; sólo faltó Claudinho; Kuzyaev jugó por la izquierda. Sin embargo, con la expulsión de Azmoun en la primera parte, el Zenit se encontró algo aturdido y acabó perdiendo 1-2 en casa. Fue su primera derrota en la liga desde el 8 de marzo; llevaba 19 partidos sin perder. Pero como afirma el dicho estadunidense: when it rains, it pours. En la siguiente jornada, tras la fecha FIFA, Semak volvió al 3-4-3. El equipo dominó al Arsenal de Tula, rematando 26 veces y teniendo el 72% de la posesión, pero la victoria no llegó. El Arsenal iba ganando 1-0 hasta el minuto 87, cuando Dzyuba empató el partido; en el minuto 89, sin embargo, el zambiano Kings Kangwa marcó el gol de la victoria para los locales. Su primer tanto desde agosto de 2020; su segundo con el club en tres temporadas. El Zenit había controlado el encuentro, pero la suerte estuvo del lado contrario, y, como decía Nelson Rodrigues, sin suerte no se puede ni siquiera chupar un helado. A pesar de los dos reveses, el Zenit sigue siendo líder. Semak, sin embargo, parece no haber encontrado aún su alineación ideal. Pero la raíz del problema es buena: tiene demasiadas opciones a su disposición. Este equipo del Zenit, en teoría, tiene argumentos para molestar a cualquiera en Europa. Si no es así, veamos: ¿está muy lejos del Porto de la 2020/21 que llegó a los cuartos, o del Lyon de la 2019/20 que alcanzó las semifinales de la Liga de Campeones?

Es cierto que son dos derrotas consecutivas en la liga, pero eso no debería ser motivo de preocupación. Al fin y al cabo, una fue después de que el equipo jugara en inferioridad numérica durante gran parte del partido y a la otra podríamos llamarla una casualidad. La gran dificultad, sin embargo, ha sido mostrar el mismo nivel de dominio presentado en Rusia, en Europa. En la liga rusa Azmoun y Dzyuba se parecen a Bebeto y a Romario. El iraní lleva 49 goles en 78 partidos de liga en las últimas tres temporadas; el gigante ruso 45 en 81.

Los sudamericanos están consolidados: Barrios es inamovible en el once titular de la selección colombiana. Douglas Santos, que también puede jugar como central y en el centro del campo, es extrañamente ignorado por Tite. Wendel, tras tener algunas dificultades de adaptación en su primera temporada en Rusia, ya empieza a mostrar el mismo nivel que cuando jugaba en el Fluminense y en el Sporting, y que justifica la inversión de 20 millones por parte de los rusos; se trata de un jugador con potencial para llegar a la selección brasileña. Malcom y Claudinho ya son internacionales. De hecho, acaban de ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, el primero marcando el gol del título contra España. Malcom desde muy joven ha asumido responsabilidades importantes. A los 18 años tuvo un papel considerable en el título brasileño del Corinthians en 2015. Enseguida brilló en el Bordeaux, antes de llegar al Barcelona, donde no terminó de convencer. El Zenit pagó nada menos que 40 millones de euros para contar con sus servicios. Claudinho, el principal fichaje para la presente temporada, llegó por 15 millones. Jugando en el Red Bull Bragantino, fue la gran sensación del fútbol brasileño en 2020, siendo elegido el mejor jugador del Brasileirão; el año anterior había ganado el mismo premio en Segunda.

Con tanto talento a su disposición, se espera que el Zenit cree problemas a una Juve tambaleante tras la agitación de los últimos meses. Es una oportunidad para limpiar un poco la imagen del fútbol ruso -el Zenit es su único representante en la Champions esta temporada-, que no logra meter a un equipo en los octavos de final de la Liga de Campeones desde aquel marzo de 2016 en el que el Dinamo de Moscú y el Zenit cayeron en octavos. Desde entonces, portugueses, turcos, suizos, ucranianos y holandeses han participado en las fases finales de la gran competición europea; pero no los rusos.

“En fin, viven como encorsetados, sobre todo cuando aspiran a distinguirse”, continuaba Dostoiévski en su análisis de la psicología de su gente. “Adoptan, desde un principio, una actitud determinada, que siguen servilmente en los hoteles, las excursiones, las reuniones”. Sin pretenderlo, el novelista describió a la perfección el carácter del fútbol ruso de los últimos años; acobardado, servil. Una gran ocasión para cambiar el juego es el próximo doble enfrentamiento con la Juventus. Es la oportunidad para que el equipo que domina el fútbol en el país más grande del mundo se comporte con grandeza y dignidad, no como un animal inofensivo y temeroso, como lo ha hecho tantas veces en Europa recientemente.

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Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

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1 comments

Muy buen articulo. El Zenit de estos años me recuerda al CSKA de la década anterior, un equipo con Akinfeev, los centrales titulares de Rusia, Dzagoev, Krasic, Honda, Mark González, Doumbia, V. Love… y que a la hora de la verdad siempre patinaba.

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