Sudáfrica entierra al faraón

Sudáfrica Foto: GovernmentZA

Todo es posible en la fantástica y democrática Copa de África. La peor clasificada como tercera en la fase de grupos, residual en el continente, derrocó al poderoso anfitrión del torneo, que además cuenta con una figura rutilante en sus filas como Salah. La magia de la competencia lo impregna todo y favorece lo inverosímil. Sudáfrica asestó un golpe letal a Egipto, y solo necesitó uno. En una preciosa secuencia de cuatro pases, los Bafana Bafana dinamitaron a los Faraones. A siete minutos para la finalización, metieron en el sarcófago a una Egipto plomiza gracias a una vertiginosa y bien masticada transición en la que participaron Tau, Lorch, Zungu y Mothiba. Cuatro actores y cuatro movimientos. Una descarga, una apertura a banda, un control orientado y una resolución magistral. De esta forma se gestó una nueva sorpresa en la siempre silvestre, sorprendente y sísmica Copa de África, tal vez el torneo menos encorsetado y más salvaje del panorama mundial.

Benín revolcó a Marruecos en la tanda de penaltis, Senegal pasó apuros para dejar en la lona a Uganda, Nigeria volteó el marcador ante la vigente campeona Camerún y ahora Sudáfrica desafió la lógica mediante su voltaje ofensivo. Consiguió trasladar al verde toda la alegría y despreocupación que proyecta con sus bailes a la llegada al estadio para sorprender a una Egipto que, ya sea bajo el mandato de Cúper o Aguirre, no logra desperezarse ni soltarse la melena. Todo se mueve en torno a una rigidez táctica que acaba por menguar sus posibilidades.

Egipto 0
Sudáfrica 1
(Lorch 85’)

Egipto vs Away team - Football tactics and formations

Las mejores ocasiones a lo largo del partido fueron para Sudáfrica, más enérgica, jovial y exuberante en sus incursiones. Egipto no consiguió desarbolar porque apenas encadenó pases, se limitó a confiar en los arrebatos de Trezeguet o Elneny que culminaron en disparos desde la distancia. En los Bafana Bafana, casi todo tenía sentido. Defensa expeditiva, laterales que se alternaron en las subidas, Furman como ancla, Mokotjo con garbo para subir y transitar, Zungu como pegamento entre delantera y defensa, y arriba mucha electricidad. La que ofrecieron en todo momento los fabulosos extremos Tau y Lorch, que actuaron a pierna cambiada aunque las permutas de posición fueron constantes. Hacen de la movilidad su bandera, así como su capacidad para atraer rivales y luego soltar el balón en el momento preciso. También la figura de Mothiba, joven delantero del Estrasburgo, contribuyó a la afinación en ataque. Toca y se mueve. Mira y cae. Rompe y la pide. Delantero inteligente que siempre interpreta lo que pasa a su alrededor y actúa en consecuencia.

Sudáfrica mereció más ya desde la primera mitad en la que acumuló llegadas de calidad, principalmente surgidas de las botas de sus dos bulliciosos extremos, Tau y Lorch, así como de Mokotjo, un volante exuberante con llegada. A pierna cambiada y recibiendo por dentro a las espaldas de los medios egipcios, los extremos sudafricanos imbuyeron casi en todo momento peligro y amenaza. Básicamente porque ejecutaron con sencillez su plan de partido: transiciones rápidas, fogonazos, bloque partido, pocos toques, conducciones batiendo líneas, conexiones interiores y finalizaciones de jugada. Furman, el apagafuegos de Sudáfrica, solía fusionarse con la línea defensiva, siempre atento a las vigilancias, y evitando incursiones alegres al ataque.

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De hecho, pudo tener más premio en el primer acto, si el árbitro hubiera decidido señalar penalti en un remate de Lorch que golpea en el brazo de Ashraf, totalmente enganchado al tronco y en un gesto prototípico de Puyol. Pero siempre que hay unas manos o un brazo dentro del área tiende a cundir el pánico. Egipto, por su parte, se limitó a contragolpear aprovechando su poderosa banda derecha con Salah recibiendo por dentro y Elmohamady percutiendo en amplitud a lo largo del carril. La consigna era clara: transitar más que construir porque a Egipto, tal y como le sucedió anteriormente con Cúper, le cuesta atacar en estático y prefiere aprovechar huecos más que generarlos.

Los Bafana Bafana han roto con la tradición egipcia cuyo destino siempre había sido alcanzar las semifinales cuando se visten de anfitriones. Y a pesar de haber ganado sus tres partidos de la fase de grupos y de no haber encajado ningún gol, Egipto recibió la vacuna de la emoción de Sudáfrica, algo de lo que últimamente carecen. La presión ambiental atenazó sus ambiciones y la rigidez de sus técnicos constriñó sus posibilidades. Los sureños representan ahora mismo todo lo contrario: alegría, vivacidad y espontaneidad. E irreverencia. La que necesitarán para capear el temporal ante la gigantesca Nigeria, que eso sí viene sufriendo de lo lindo a lo largo del torneo, ya sea para remontar ante la vigente campeona Camerún, para evitar el desastre inaugural ante Burundi o para encajar un sonrojo en forma de derrota ante la debutante Madagascar. Sudáfrica está más que nunca dispuesta a soñar y con la predisposición de volver a enterrar otra gran favorita como lo era Egipto, finalista en el anterior campeonato. Palabras mayores.

Foto de portada: GovernmentZA.

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