Nigeria se abona a la racanería

The Nigeria players in the pre match huddle before the 2018 FIFA World Cup match at St Petersburg Stadium, St Petersburg
Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267
26/06/2018

Es difícil jugar peor y conseguir más botín. Se antoja complicado a priori pensar que tanta especulación y falta de propuesta puedan tener rédito. Pero para eso está Nigeria, para demostrar que todo es posible en este bendito deporte. Y lo más importante: ya se encuentra en semifinales. Venció de forma raquítica a la debutante Burundi, y también a Guinea en la fase de grupos; se dejó sorprender con sonrojo por Madagascar, el equipo milagro de la competencia; consiguió remontarle a la vigente campeona Camerún en octavos en el único partido con emoción; y ante Sudáfrica tiró del manual funcionarial. Que consiste en compactar dos líneas de cuatro en defensa, no tener ninguna intención de llevar las riendas del encuentro, esperar el fallo del adversario e ir pasando rondas con tan solo enseñar el escudo.

Las Super Águilas lograron imponerse en el encuentro gracias a dos descargas eléctricas coincidentes en el primer gol. La de Iwobi, el único elemento creativo del equipo, y la de Chukwueze, el otro llanero solitario en cuanto a desequilibrio. El mediapunta del Arsenal cayó al costado, superó a su par y acabó metiendo un centro raso con la izquierda que aprovechó el del Villareal, que apareció solo desde la segunda línea para hundir el esférico en la red. Supuso su debut goleador con Nigeria en su séptimo partido como internacional con la absoluta. Otra acción de pura ternura defensiva que condenó a Sudáfrica y que, a falta de un minuto para la conclusión del tiempo reglamentario, permitió a Nigeria cruzar el umbral de cuartos. Troost-Ekong remató sin querer, por pura desidia, en un reflejo meridiano de lo que fue el desempeño de Nigeria en el partido, un córner servido por el granota Simon Moses.

Nigeria 2 (Chukwueze 27’, Troost-Ekong 89’)
Sudáfrica 1 (Zungu 72’)

Nigeria vs Sudafrica - Football tactics and formations

Y eso que el partido se situó por momentos en el alambre cuando Zungu aprovechó una deliciosa falta lateral botada por Tau para conectar un precioso testarazo y empatar el partido. Pero el asistente levantó el banderín por fuera de juego, que lo había, pero tocaba esclarecer quién asistió a Zungu, si un propio compañero o un rival, como así terminó decretando el VAR, invitado de lujo a partir de los cuartos de final en la Copa de África. Su primera intervención fue exitosa para determinar que la chepa de Ighalo habilitó a Zungu y que el gol debía subir al marcador.

Nigeria se puso a temblar y empezó a pensar por qué no pusieron un poco más de empeño en triturar a la tibia Sudáfrica. Tuvo una falta de Etebo que rompió a la madera al inicio de la segunda parte y no mucho más, en un nuevo ejercicio plomizo de las Super Águilas. Ya su primera parte fue calamitosa. Cero intención, amenaza, predisposición, continuidad o energía. Todo se reducía a una lectura de este tipo: el partido caerá como fruta madura porque Sudáfrica no posee la suficiente capacidad técnica como para erosionar la estructura sobre la que descansamos de forma cómoda e imprudente. Apenas movimiento con balón e incapacidad para mezclar cuatro pases pese a tener en el campo a Ndidi, Etebo, Chukwueze, Ighalo, Musa e Iwobi. Solo algunos chispazos de creatividad de Iwobi o de vértigo de Chukwueze eran capaces de sacar a Nigeria de la monotonía. También Collins por la izquierda, que irrumpió en el once en detrimento de Aina, aportó cierto grado de amplitud y profundidad. Y, eso sí, Ndidi fue un pulpo a la hora de robar balones en la zona ancha.

Iwobi. Foto: Focus Images Ltd.
Iwobi es el futbolista más creativo de Nigeria. Foto: Focus Images Ltd.

Creciente en cuanto a confianza, Sudáfrica no tuvo más remedio que aceptar el órdago. Ya que la propuesta de Nigeria no podía ser más vacua, los Bafana Bafana intentaron llevar el peso, tal y como sucedió ante otra selección plomiza como Egipto en octavos. Furman desplazando y filtrando, y los tres de arriba aportando movilidad para recibir, descargar e incluso maniobrar. Pero Sudáfrica tuvo problemas de finura y Mokotjo necesitó diez contactos para girarse y lograr batir una línea, cosa que reforzaba el rearme, aunque pasivo, de Nigeria. Si ya tienen problemas en ataque estático las Camerún, Nigeria o Egipto, gigantes del continente, imaginaros la modesta pero pujante Sudáfrica que abandona el torneo dejando un buen sabor de boca.

El que viene sorprendiendo a lo largo del torneo es, aparte del indetectable Lorch, el lateral derecho Mkhize. Fuerte, potente, con zancada y mucho despliegue. Capaz de cerrar bien su banda y de expandirse en ataque con peligro. A veces con más corazón y exuberancia que precisión pero se agradeció un elemento que constantemente dé amplitud y profundidad, y su equipo se benefició.

Mucho tendrá que mejorar Nigeria para batir al ganador del duelo entre Costa de Marfil y Argelia. O no. Porque todo el mundo está avanzando con la ley del mínimo esfuerzo, con la espesura por bandera y la especulación como mejor compañera de viaje. Es un torneo costoso, sí. Es el torneo probablemente más mágico e imprevisible de todos los que se amontonan en el calendario, también. Pero las propuestas distan mucho de ser atractivas. Solo se busca inclinar el campo y acentuar la exuberancia de los equipos mientras se descansa en defensa a la espera del movimiento de piezas del rival. Rehúyen el balón, y las selecciones que sí intentan amasarlo con cierto criterio como Sudáfrica acaban siendo apeadas por su fragilidad en las áreas. Nigeria avanza, pero con tacañería.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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