Senegal-Túnez: Cissé y Giresse sacan del letargo a sus colosos

Sadio Mane of Liverpool celebrates following the UEFA Champions League Semi-Final match at the Stadio Olimpico, Rome
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02/05/2018

Ha llovido mucho desde que los Leones de Teranga desfilaron por última vez por la alfombra roja continental. Concretamente, desde 2002, cuando los Tony Sylva, Salif Diao, Papa Bouba Diop, Khalilou Fadiga y El Hadji Diouf alcanzaron la cima y perdieron en los penaltis ante Camerún. Unos meses después, rizaron el rizo de la irreverencia en el Mundial de Corea y Japón, y osaron vencer en la jornada inaugural a la Francia de un renqueante Zidane. Esa legendaria generación estaba comandada por un bravo y carismático defensor de trenza dura y corta. Hoy se las ha dejado más largas, como si de un ritual de ascensión se tratara, confiriéndole un aspecto de sabio rastafari. Se trata de Aliou Cissé, el estratega milagro que ha conseguido que Senegal sea actualmente la mejor selección africana del ranking FIFA.

A escasos peldaños en la escalera mundial, trepa Túnez, su contraste estilístico. De hecho, este duelo de semifinales se explica desde la confrontación de Mané y Msakni como primeras espadas. Desde Gueye y Sassi como principales llegadores. Desde Keita Baldé y Khazri como desestabilizadores. Y también, ampliando mucho más el foco, desde la dualidad futbolística que encarna el África subsahariana y el Magreb. Ya no solo en este enfrentamiento, sino también en el de la otra semifinal entre Nigeria y Argelia. La finura y la asociación frente a la exuberancia y el músculo; una colisión conceptual que, por más tópica que sea, no deja de ser menos cierta. Aunque es cierto que ninguna de las dos abusa de su etiqueta: ni Túnez es el paradigma de la armonía combinativa ni Senegal se reduce únicamente a la estampida.

Wahbi Khazri of Sunderland on the bench prior to the Barclays Premier League match at the Stadium Of Light, Sunderland Picture by Simon Moore/Focus Images Ltd 07807 671782 02/02/2016
Wahbi Khazri, durante su etapa en el Sunderland (Foto: Simon Moore/Focus Images Ltd).

Las Águilas de Cartago no consiguen plantarse en una final desde 2004, cuando organizó y venció en la final a Marruecos con los Boumnijel, Nafti, Trabelsi, Jaziri o Francileudo dos Santos. “Me di cuenta de lo que significaba estar en semifinales. Había un punto de obsesión. Es un alivio haberlas alcanzado, pero no se trata de un fin en sí mismo”, reconoció Alain Giresse, actual seleccionador de Túnez, y predecesor en el cargo de Aliou Cissé, puesto que dirigió a Senegal entre 2013 y 2015. “Esto no es un Giresse contra Cissé, sino un Túnez contra Senegal”, alertó el entrenador de los Leones de Teranga. Y remató: “En el fútbol, nos conocemos todos, es como una gran y pequeña familia a la vez. Alain conoce bien a Senegal pero nosotros también a ellos”. La partida de ajedrez será tremenda.

Ambas selecciones son colosales pero hace mucho tiempo que no se codean con la aristocracia de África, por mucho que sean recurrentes en las citas mundialistas y vuelvan a juntar generaciones destacadas. Tal vez no tan rutilantes pero sí lo suficientemente relevantes como para marcar la pauta y plantarse en semifinales. O tal vez sí. No me queda demasiado claro con Senegal, una selección que por vertebración y mimbres, debería jugar, gobernar y ganar mejor. Pero hasta la fecha no les ha hecho falta: vencieron por la mínima a Benín y Uganda en las rondas del KO, con más apuros de los esperados, cumplieron en la fase de grupos ante Kenia y Tanzania, y se llevaron una cornada de Argelia, la selección que casualmente más se puede asemejar a su rival.

Por su parte, Túnez ha tirado de funambulismo para llegar a esta cota tan elevada de la competencia. Salvo la plácida victoria ante Madagascar en cuartos, se la jugaron al cara o cruz ante Ghana, y empataron los tres partidos de la fase de grupos ante Mauritana, Mali y Angola. Pero ahí sigue, invicta, compacta y difícil de batir. Al igual que Senegal. Dos bloques que hacen de la escasez y la sobriedad sus principales banderas. Tapete estable, estructura marcada y calidad diferencial para decidir en los últimos metros. Da la sensación de que, errores o circunstancias imprevisibles al margen, el partido lo inclinará el rival que mejor consiga activar a sus resortes ofensivos. El Keita Baldé que mejor descosa, el Mané que emboque con más eficacia, el Msakni que más regular se muestre, el Khazri que mejor precise su zapatazo o el Gueye que más se desprenda en ataque.

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Aunque pensándolo bien, el entramado tunecino podría llegar a presentar alguna grieta más que el senegalés, como demostró ante Ghana. Bronn-Meriah-Skhiri no responden con tanta fiereza y contundencia como el triángulo Kouyaté-Koulibaly-Ndiaye. Al menos a priori. Y encima, Gomis es mejor portero. Posiblemente por eso, el astuto Alain Giresse podría optar por ubicar un falso 9 como Khazri o Sliti que no permita a los colosales centrales engancharse con facilidad a un delantero más físico y referencial como Khenissi. Ante el hormigón, dinamismo. El que puedan ofrecer tres diablos bajitos e indetectables como Msakni, Sliti y Khazri, o incluso Srarfi o Badri. Por parte de Senegal, Diagne o Niang han tenido molestias, y veremos si eso implica la entrada de Konaté o de un Sarr que siempre combustiona los partidos. El espectáculo está servido. El mazo de Senegal o la varita de Túnez. Estén atentos porque un rey continental anda hambriento de corona tras años de letargo.

Alineaciones probables: Senegal-Túnez, domingo 14 a las 18:00h

Senegal vs Away team - Football tactics and formations

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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