Argentina no da para más

Messi.

Ahora mismo, la Albiceleste representa la nada futbolística. No hay relato, no hay juego colectivo, no hay partitura, no hay rumbo. Solo precipitación, acelerones, volantazos, nervios, prisas e indefinición. Da igual quien venga o asuma el mando, desde Sabella que nadie da con la tecla. La sensación de impotencia es la misma. Lejos de armar un grupo, Argentina solo junta piezas sobre el verde. La mayoría no encajan entre ellas pero las que sí lo hacen acaban erosionándose por la dinámica caótica y abrasadora, y la falta de racionalidad sobre el campo. Los partidos de la Albiceleste son difíciles de digerir, pese a querer comprender que se encuentran en un período de transición, pero por el desierto. De los que duran y apenas se divisa tierra firme sobre la que cimentar un proyecto.

Argentina ha chocado contra un muro granítico y feroz como es la Paraguay de Berizzo, un brillante ejercicio de arquitectura táctica en el que es muy complicado penetrar, y más si el rival solo se empeña en hacerlo por dentro. No existen las orillas, los laterales no dan ninguna solución de calidad en ataque (la posición de lateral derecho juegue Saravia o Casco es un auténtico solar). Solo se empeñan en retorcer las jugadas por el interior. Incluso Messi se harta rápido de caer al costado y se obstina en recibir por dentro, donde le construyen una trampa de paredes afiladas y angostas entre la defensa y el centro del campo. Pese a todo, fue el único como siempre encargado de aportar destellos de clarividencia y amenaza. Y de asumir el lanzamiento de una pena máxima concedida correctamente por el VAR tras unas manos en el interior del área de Piris. La tecnología al rescate del juego rudimentario. Paradojas del fútbol. Antes, había puesto el miedo en el cuerpo Paraguay al filo del descanso gracias a una cabalgada primorosa por la banda izquierda de Almirón, el mejor de largo del partido, que terminó en un centro rematado a la red por Richard Sánchez desde la frontal.

Argentina 1 (Messi 57’)
Paraguay 1 (Richard Sánchez 37’)

Argentina vs Paraguay - Football tactics and formations
El drama pudo derivar en tragedia, de no ser por Armani, que le paró un penalti a Derlis González seis minutos después del gol catártico de Messi. Otamendi cargó, de forma incomprensiblemente torpe, dentro del área, por detrás y sin posibilidad de disputar el balón, sobre el atacante paraguayo y el árbitro no tuvo ninguna duda en señalar el punto fatídico. De esta forma, aunque Argentina respirara por la buena intervención de Armani, vio cómo se aguaba su combustión. A raíz del tanto de Messi, el conjunto de Scaloni encadenó buenos minutos de pasión, coraje y presión avanzada. Coincidió con la entrada del Kun Agüero por Pereyra, que contribuyó a forzar el penalti y aportó algo de amenaza tangible para una zaga paraguaya tremendamente agresiva y pétrea comandada por el mariscal Gustavo Gómez. Es cierto que el contexto (38 faltas en todo el partido y constantes interrupciones por el VAR y la imprecisión de ambos conjuntos) no ayudó a afianzar la propuesta más protagonista de Argentina pero es que el balón quemaba y apenas se producían interacciones de calidad. El cuero pasaba más tiempo fuera del rectángulo que dentro, al parecer consciente del grosero trato que se le dispensaba, y no solo en el segundo acto cuando el tiempo apremiaba.

La primera parte ya fue trabada para una Argentina que no podía trenzar un juego protagonista y fluido, debido a su tenencia errática y a la inteligencia táctica (a veces convertida en dureza) de Paraguay a la hora de cortar el juego. En ningún momento les permitieron coger vuelo, aunque también Argentina ayudó a fraguar un escenario áspero porque la finura brilló por su ausencia. Cuando no fallaba un control, era un pase, y sino una pared. Siempre sucedía algo. En cambio Paraguay lo tenía siempre muy claro y a la que podía ejecutaba los contraataques con pocos toques y mucha verticalidad. Inclinaba el campo y sorprendía gracias a la clarividencia, ligereza y potencia de Almirón.

Eduardo Berizzo. Foto: Focus Images Ltd.
La selección paraguaya de Eduardo Berizzo mejoró las prestaciones del debut. Foto: Focus Images Ltd.

Incluso Paraguay pudo llevarse un botín mayor que el 0-1 al descanso, pero Santander estuvo desenfocado de cara a puerta y Armani contó con la benevolencia del árbitro al no considerar como roja una pifia con el balón lejos de su área. Faltaba intención, atrevimiento, juego exterior, velocidad en la circulación, un escalonamiento adecuado y una mejor interpretación de dónde se podían generar las superioridades (por fuera y no por dentro puesto que Paraguay se blindaba por el medio con cuatro gregarios más las salidas de los centrales, siempre dispuestos a enjuagar el espacio, salir de zona y cortocircuitar de nuevo el juego).

Argentina tendrá que vencer a Catar de forma obligada si quiere estar en la siguiente fase y confiar en que Colombia al menos le arañe un empate a Paraguay en la última jornada. De esta forma, aún podría ser segunda de grupo y esquivar el temible cruce ante una primera de grupo como Brasil o Uruguay. Pasa el tiempo y todo sigue igual en la Albiceleste. Balones a Messi y que resuelva desde la nada, cada vez más alejado de su radio de influencia, como si la propia dinámica funesta de la selección le escupiera hacia zonas periféricas. Argentina sufre, y de momento su equipo no da para más.

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Foto: Focus Images Ltd.

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2 comments

La selección argentina va mal desde los despachos al campo. Los directivos, perseguidos por la justicia, van dando bandazos en decisiones contradictorias mientras el ambiente se enrarece por impagos y la prensa atiza sin cuartel a los que comparecen en el verde. Messi se cansó de obrar milagros para la albiceleste y el resto restan oportunidades. Esperemos que alguna supuesta estrella sea capaz de marcar un mínimo de diferencia.

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