Asia es de Catar

Catar se estrena en una semifinal de la Copa Asia. Foto: MarcadorInt.

Catar completó su obra maestra derrotando a la gran potencia por antonomasia de su continente. El minúsculo país de dos millones y medio de habitantes es el nuevo campeón de la inmensa Asia y lo ha logrado ganando los siete partidos de la edición más larga de la historia y desafiando todos los pronósticos (menos el de Xavi Hernández, que lo predijo de forma casi exacta). Su éxito tiene un mayor mérito porque, a diferencia de lo que sospechaba el periodismo más crítico, no se ha conseguido a base de nacionalizaciones ni comprando talento en el extranjero. Al menos, talento en el terreno de juego: todos sus integrantes salvo uno, el lateral de origen portugués Ró-Ró, han nacido en Catar o se criaron allí tras llegar siendo niños por cuestiones familiares. Lo que les ha proporcionado desde el exterior su infinita capacidad financiera ha sido materia gris, metodología de entrenamiento, formadores y técnicos de primer nivel. Uno de ellos, Félix Sánchez Bas, pasa a la historia como el primer entrenador que levanta un título continental para Catar a nivel absoluto. En 2014, con varios integrantes de esta misma generación, ya se había convertido en pionero ganando el mismo torneo en categoría sub-19.

La revolución de Aspire se ha forjado en el césped y con talento local. Con mucha táctica. Porque la pizarra ha sido fundamental para ir modificando el esquema y las posiciones dependiendo de las características del rival. Y con un desarrollo de una idea y un método que no puede ocultar de ningún modo su cocción a fuego lento: ganó la selección más “equipo”, la que desprendía conocimiento y compenetración perfectas entre todos sus integrantes, la que lleva enfocada hacia un mismo objetivo desde hace casi quince años. Y con individualidades fabulosas, claro. Almoez Ali, autor de nueve goles en el torneo, nuevo récord absoluto de la competición. Akram Afif, suministrador de diez asistencias. Madibo, el correcaminos equilibrador del centro del campo. Al-Rawi, quizá el mejor central que ha dado el fútbol árabe en mucho tiempo. Actuaciones portentosas al servicio de un colectivo magistralmente liderado por el intervencionista Sánchez, un técnico de los que disfrutan moviendo piezas.

Japón 1 (Minamino 69′)
Catar 3 (Almoez Ali 12′, Hatem 27′, Afif 83′)

Catar vs Japon - Football tactics and formations

Volvió Catar al 5-3-2. Regresaban Al-Rawi y Hatem, sancionados en la semifinal. Khoukhi permaneció en el centro de la zaga y Afif jugó con libertad absoluta por detrás de Almoez. Japón sorprendía con la titularidad de Shiotani al lado de Shibasaki en el doble pivote dejando fuera a Endo (tocado), pero mantenía su casi inamovible 4-4-2. Aunque los nipones salieron con la idea de tener el balón y juntar mucho a sus futbolistas de tres cuartos, el impacto del golazo de Almoez a los 12’ les asestó un golpe anestésico que se prolongó hasta más allá del descanso. Tras un envío de Afif, el 19 catarí controló el balón con la zurda de espaldas a portería con Yoshida en el cogote y, sin dejarla caer, se la preparó con la derecha para acabar rematando de chilena con esta última. Un tanto histórico por su trascendencia y por su belleza. Porque permitía sobrepasar el récord de Ali Daei de 1996 y porque ponía por delante a Catar ante Japón en la final de Abu Dhabi.

Aún con el mazazo anulando su capacidad de reacción, Abdulaziz Hatem recibió en el minuto 27 el balón en una zona intermedia y buscó el espacio para armar su potente pierna izquierda como había hecho ante Corea. Le salió un golpeo aún mejor: más fuerte, con más efecto, bastante más difícil de alcanzar para Gonda. Un tanto que entregaba un margen de dos tantos al equipo de Sánchez, que además daba la sensación de tener la situación muy controlada. Khoukhi y Al-Rawi, brillantes en el eje de la zaga, anulaban a Minamino y a un Osako que venía de exhibirse frente a Irán. Ni Doan ni Haraguchi aparecían en los costados y aún pesaban menos si le buscaban la espalda al impenetrable Madibo. Japón acabó la primera parte sin tirar entre los tres palos.

Doan apenas pudo participar entre líneas por culpa de la exhibición de Modibo. Foto: Antoon Kuper, bajo licencia Creative Commons 2.0.
Doan apenas pudo participar entre líneas por culpa de la exhibición de Modibo. Foto: Antoon Kuper, bajo licencia Creative Commons 2.0.

Aunque Japón salió más insistente y con mayor intensidad tras el descanso, fue la lesión de Khoukhi por un golpe en la cabeza lo que por primera vez en el torneo logró generar cierta sensación de inseguridad en la defensa catarí. Félix introdujo a Salem Al-Hajri y lo ubicó como central derecho, moviendo a Al-Rawi al medio de la línea de tres. Japón detectó la nueva debilidad y cargó más el área dando entrada a Muto, un tercer delantero, para acabar de decantar el campo. Empezó una avalancha nipona que obtuvo recompensa con el gol de Minamino, que maniobró de maravilla de espaldas y recibió la devolución de Osako para superar en su salida a Al Sheeb. Era el primer gol que encajaba Catar en todo el torneo y aún quedaban más de veinte minutos. La verdedera prueba de madurez para la joven selección de Sánchez estaba sobre la mesa.

Era necesario reaccionar, y el técnico catalán lo hizo aportándole pausa y físico en la medular a su equipo con el ingreso de Boudiaf. El sufrimiento acabó en el 83’, cuando el VAR llamó al colegiado para que revisara unas manos de Yoshida en el área para interceptar un remate de Hassan tras un córner forzado en una de las escasas salidas a la contra cataríes en ese momento del partido. Akram Afif redondeó su portentoso campeonato con el 1-3 que se sintió como la sentencia, pese a que Yoshida desperdició una clara ocasión de cabeza en el 88’ que le habría entregado emoción al tiempo de descuento.

Foto de portada: MarcadorInt.

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