Cuando Lanús recuperó su esencia

CA Lanús - Prensa Nueva Chicago

Quizás muchos apagaron el televisor. Otros decidieron que era buena idea ir a la cama. River Plate había dejado vista para sentencia la semifinal de la Copa Libertadores al transformar sus dos primeras ocasiones de gol. El equipo millonario, que ya había ganado en la ida por 1-0, se adelantó con un penalty transformado por Scocco y amplió la diferencia en otra acción a balón parado culminada por Montiel. Dos zarpazos en poco más de 20 minutos obligaban a Lanús a anotar cuatro dianas contra River Plate, el conjunto más sólido y canchero de la Copa Libertadores, un elenco acostumbrado a competir como pocos en el continente sudamericano y que ya había demostrado que castigaba cualquier atisbo de duda. Que olía la sangre y no demostraba piedad. Sin embargo, el fútbol es tan maravilloso, entre otras cosas, por su permanente capacidad para albergar sorpresas donde uno ni siquiera las sospecha. Lanús, que perdía por 0-2 en el minuto 44 del partido de vuelta, marcó cuatro goles en veinticinco minutos y se clasificó para la final de la Copa Libertadores.

La primera final de Libertadores de su historia.

Lanús 4 (Sand 45′, 46′, Acosta 62′, Silva 69′)
River Plate 2 (Scocco 18′, Montiel 23′)

River Plate vs Lanus - Football tactics and formations

Lanús saltó al césped dispuesto a mejorar la pésima imagen mostrada en el choque de ida, en el que el cuadro de Jorge Almirón renunció a los preceptos que le llevaron a proclamarse campeón del fútbol argentino en 2016 con un fútbol vistoso y atractivo. En el Monumental, Lanús quiso que se jugara entre poco y nada para mantener la portería a cero, y no se salió con la suya porque entró en el terreno pantanoso en el que mejor se mueve River. Y más todavía desde que está Marcelo Gallardo al frente de los millonarios. En la vuelta, no obstante, la historia fue distinta. La intención del cuadro grana era mantenerse fiel a su estilo de juego para levantar la eliminatoria. Lanús es un equipo que trata bien la pelota, con gusto para salir jugando desde atrás, con futbolistas para elaborar la posesión con cierta paciencia y luego acelerar la circulación en el último tercio. El choque de estilos estaba servido: el gusto estético de Lanús contra el pragmatismo de River.

River Plate golpeó con crudeza en las dos primeras aproximaciones. Lanús movía el cuero, pero cometió una torpeza en su área y Scocco no perdonó desde los once metros. Poco después Montiel remató una jugada a balón parado que dilapidaba las opciones del elenco grana. No obstante, Lanús no se desesperó. Se olvidó del resultado y siguió moviendo la pelota con paciencia, de un lado a otro, bajo la batuta de Iván Marcone. El cinco del equipo local refleja a la perfección el estilo que impone Jorge Almirón a sus pupilos: mueve la pelota con sencillez, pero al mismo tiempo con agilidad, a pocos toques, y es inteligente para ubicarse en el lugar oportuno sobre el césped para interceptar pases y contragolpes a pesar de no gozar de un físico prodigioso. Los pases de Marcone superan líneas y su fútbol permitió conectar con Lautaro Acosta y Pepe Sand, que poco a poco erosionó a Javier Pinola.

Marcelo Gallardo. Foto: Agencia Andes
Marcelo Gallardo. Foto: Agencia Andes

Cuando la eliminatoria parecía no tener mayor historia que la de contar la clasificación de River para su segunda final de Libertadores en los últimos tres años, Lanús se metió de nuevo en la contienda con un gol de Pepe Sand al borde del descanso. Sand marcó en los últimos segundos del primer tiempo y en los primeros instantes del segundo, en un tanto ratificado por el VAR para comprobar que estaba habilitado en el momento del remate. De golpe, Lanús empató el partido. Le faltaban dos goles para clasificarse para la final de la Libertadores y a River Plate le entró un poco de vértigo. Scocco perdonó una ocasión manifiesta de gol para anotar la tercera diana de los millonarios, a lo que Lanús respondió con una formidable jugada colectiva que Acosta culminó para poner el 3-2 en el electrónico. El gol hubiese sido imposible sin una maniobra previa estratosférica de Pepe Sand para arrastrar a Javier Pinola. El delantero de Lanús no solo marcó dos goles, sino que dio un recital a la hora de jugar de espaldas y combinar con los futbolistas que llegan desde la segunda línea, como si saltara al césped con un radar escondido debajo de la camiseta.

El broche a la remontada llegó con la aparición del VAR. El videoarbitraje aterrizó para quedarse en la Libertadores en las semifinales y tuvo su cuota de protagonismo en la jugada del cuarto tanto de Lanús. El colegiado ignoró un agarrón de Montiel dentro del área, pero desde la sala del videoarbitraje avisaron al réferi para que revisara la imagen. El árbitro se acercó a una pantalla, revisó la secuencia e indicó el lanzamiento desde los once metros, muy protestado por los jugadores de River porque en el primer tiempo se desestimó la oportunidad de revisar unas manos de Lanús en su área. En cualquier caso, Wilmar Roldán decretó el penal y Alejandro Silva culminó una remontada histórica. En los últimos 20 minutos el cuadro grana resistió las embestidas de un River que todavía no se creía que se le hubiera escapado una eliminatoria que tenían sentenciada. Pinola remató al poste a la salida de un córner y Andrada salvó un par de ocasiones claras del cuadro bonaerense, que se quedó con la miel en los labios. Tras protagonizar en cuartos de final una remontada sin precedentes ante Jorge Wilstermann, esta vez le tocó a River Plate vivir una noche histórica desde el lado más amargo. Lanús se clasificó para su primera final de la Copa Libertadores por la puerta grande.

Foto de portada: Prensa Nueva Chicago.

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