La final de Benedetto terminó siendo de Juan Fernando Quintero

River Plate ganó a Boca Juniors en el Santiago Bernabéu. Foto: Jaume Naveira.

Esperó su momento y no lo dejó escapar. Juan Fernando Quintero tuvo que esperar 58 minutos para ingresar al terreno de juego y cambiar la fortuna de River Plate en la vuelta de la final de la Copa Libertadores. Una vuelta extraña, disputada lejos de Buenos Aires, en el Santiago Bernabéu, en la que Boca Juniors estaba imponiendo el guion que más le interesaba. El conjunto xeneize se adelantó poco antes del descanso y River Plate encontró las primeras grietas en la defensa de los de Barros Schelotto en los primeros compases posteriores a la reanudación, pero la luz no se encendió hasta que Juan Fernando Quintero pulsó el interruptor en la medular. El centrocampista colombiano ayudó a cambiar la dinámica, alteró el paisaje del partido, lideró la reacción de River y la culminó con un zurdazo en la prórroga que pasará a la historia de la Libertadores. Una foto icónica para la posteridad a la altura del talento del enganche cafetero en la mayor de las finales de la Copa Libertadores. Una imagen que acreditará la calidad de Juan Fernando Quintero, tan radiante como en ocasiones inconstante en su juego.

River Plate 3 (Pratto 68′, Quintero 109′, Pity Martínez 121′)
Boca Juniors 1 (Benedetto 44′)

Boca Juniors vs River Plate - Football tactics and formations

En la cita más importante, Juan Fernando Quintero frotó la lámpara y le arrebató el protagonismo a Darío Benedetto. El Pipa fue, hasta el descanso, la gran figura de la final de la Copa Libertadores. El delantero xeneize se ganó la titularidad en el Santiago Bernabéu a base de goles, los cuatro que anotó entre la semifinal contra Palmeiras y el partido de ida en la Bombonera, y sembró el pánico en la defensa de River cada vez que la pelota se asomó en el área millonaria. Boca Juniors renunció a la potencia del Wanchope Ábila para apostar por el veneno de Benedetto, más sigiloso pero más letal. El cuadro de Barros Schelotto cedió la iniciativa a River y le dejó jugar la pelota, pero siempre limitó las zonas en las que podía mover el cuero. Boca Juniors dibujó la frontera en la línea del centro del campo, punto en el que empezaba a presionar al poseedor del esférico. Si los centrales de River se lo pasaban en horizontal, se desentendían de la presión. Los invitaban a arriesgar con un pase vertical que expusiera el balón a una potencial pérdida que permitiera a Nández, Villa y Pavón desplegarse al galope. Así, en ese juego de equilibrios, River Plate amasó la posesión sin apenas intimidar el arco de Andrada. Solo alguna jugada puntual, principalmente a balón parado, le permitía asomarse con varios efectivos en el último tercio.

Boca Juniors rebajó las revoluciones y llevó la final a su terreno. El terreno del robo y el choque de Barrios y Nández, de la pelea de Izquierdoz y Magallán con Pratto, de la pegajosa vigilancia de Buffarini al Pity Martínez. Con mucha menos posesión, Boca Juniors se acercó con mayor peligro. Sobre todo a través de la electricidad de Villa en el sector derecho. Sin embargo, una vez más, la diferencia la volvió a marcar Benedetto. En una de las pocas acciones en las que River y Boca se expusieron al intercambio de golpes, Nández inició un contragolpe con un pase vertical para el delantero xeneize, que se zafó de Maidana y Pinola con una maniobra sublime que le dejó solo ante Armani. El ariete internacional con Argentina en los primeros tiempos de Sampaoli no se puso nervioso ante la salida del guardameta, al que batió con facilidad. Al descanso, Benedetto cumplía con todos los requisitos para erigirse en el nuevo ídolo histórico de Boca: tres goles en la semifinal contra Palmeiras, uno en la ida y otro en la vuelta del Superclásico ante River Plate. Casi todos en momentos decisivos de cada partido y, de paso, de bella factura.

Agencia Andes
Boca Juniors se fue al descanso por delante en el marcador. Foto: Agencia Andes.

La final empezó a cambiar en la segunda parte. River Plate incrementó la velocidad de la circulación de balón, incorporó a más futbolistas en ataque y empujó a Boca Juniors hacia su propia meta. Los laterales participaban más arriba y la posesión era más ágil para desordenar la zaga xeneize. Fue el contexto de encuentro en el que entraron tanto Juan Fernando Quintero como Ramón Ábila. El centrocampista de River sustituyó a Ponzio, lo que propició la reubicación de Enzo Pérez a la posición de mediocentro posicional. El colombiano, por su parte, jugaba cerca del ex del Valencia para que la pelota llegara al último tercio en mejores condiciones. Poco después ingresó Ábila, que reemplazó a Benedetto. Barros Schelotto cambió el delantero centro de Boca para ganar potencia y zancada con un ariete más fuerte y corpulento, capaz de bajar balones sin la ayuda de nadie y dar oxígeno al resto de compañeros en un momento en el que la pelota no le duraba nada a Boca. Pero su modificación no surtió el efecto deseado.

Con Quintero sobre el césped del Bernabéu y Boca Juniors defendiendo cada vez más atrás, River Plate vivió sus mejores momentos de la final. Empató Pratto al culminar una fabulosa jugada colectiva dibujada por Palacios y Nacho Fernández (qué buena segunda mitad de Nacho) y siguió apretando River en busca del segundo gol. La pelota sobrevolaba permanentemente el área de un Esteban Andrada que no ofrecía demasiada seguridad a su defensa y Boca Juniors no lograba sacudirse el dominio millonario. Hasta que llegó un libre indirecto en el área de River Plate, a falta de un cuarto de hora, que rompió el ritmo de los pupilos de Gallardo y provocó que ambos equipos empezaran a mirar el cronómetro con respeto. Se acababa el tiempo y nadie quería arriesgar más de la cuenta cuando el margen de error era tan reducido.

Wílmar Barrios of Colombia during the 2018 FIFA World Cup match at Spartak Stadium, Moscow Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 03/07/2018
La expulsión del internacional colombiano Wilmar Barrios condicionó la prórroga. Foto: Focus Images Ltd.

La temprana expulsión de Wilmar Barrios en la prórroga terminó de inclinar el campo hacia la portería de Esteban Andrada. El mediocentro colombiano vio la primera cartulina amarilla en el minuto 87 y se ganó la segunda en el tiempo suplementario tras una entrada imprudente en la medular. La roja de Barrios propició un escenario más cómodo para River Plate, que reaccionó rápidamente con la introducción de un segundo delantero. A falta del sancionado Santos Borré y del lesionado Scocco, el cuadro millonario apostó por el jovencísimo Julián Álvarez, de 18 años, mientras Rodrigo Mora seguía en el banquillo. Así River Plate dobló la amenaza en el área rival mientras Boca se resguardaba con la introducción de Jara, que apuntaló la medular junto a Gago. Nández y Pavón cerraban en los flancos y Ábila esperaba que le cayera algún balón que le permitiera ejercer un milagro cada vez más improbable. Agarrarse a la tanda de penaltis parecía la opción menos mala para Boca Juniors.

River Plate afrontó la prórroga con serenidad. Consciente de lo largos que podían ser 30 minutos en inferioridad para su adversario, movió la pelota con agilidad pero sin precipitarse. Juan Fernando Quintero marcó el ritmo de la circulación de balón y evitó bombardear el área xeneize con envíos desesperados y frontales que facilitaran la tarea a Izquierdoz y Magallán. En cambio, Quintero buscó asociarse con Mayada, profundo en el carril derecho, para hundir aún más a Boca en su área. A base de insistencia, terminó llegando la recompensa en forma de gol. Juan Fernando Quintero, cómo no, recibió la pelota en la frontal del área, la controló y soltó un zurdazo potentísimo que besó el larguero antes de alojarse en el fondo de la red de Esteban Andrada. Con paciencia, sin prisa pero sin pausa, llegó el segundo gol de River. Y ningún futbolista lo mereció más que Quintero.

El 2-1 desencadenó los minutos de mayor locura de la final. Boca Juniors, desesperado en busca del empate, puso toda la carne en el asador. Entró Tévez por Buffarini, Andrada se animó a rematar saques de esquina incluso a falta de seis minutos para el final, y Boca bombardeó el área de River en busca de un gol que provocara la tanda de penaltis. Lo intentó pese a jugar con diez y pese a terminar con nueve después de que Gago se retirara lesionado cuando ya no quedaban más cambios por gastar. El intercambio de golpes llevó la final a la faceta más emocional, lo que desconcertó a River, que también se dejó arrastrar por la vorágine. Tanto que estuvo a centímetros de lamentar el empate, pues en el minuto 120 Leonardo Jara estrelló un remate en la madera. Sin embargo, con Boca ya volcado, River sentenció la final al contragolpe. El último córner del partido lo recogió el Pity Martínez, que recorrió todo el campo para anotar el tercer gol de la noche a puerta vacía. El broche a una final de la Copa Libertadores que ha durado un mes, ha recorrido dos países y ha coronado a River Plate como campeón por cuarta vez en su historia. La segunda bajo las órdenes de Marcelo Gallardo gracias a la irrupción de Juan Fernando Quintero para eclipsar a Benedetto.

Foto de portada: Jaume Naveira (Todos los derechos reservados).

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3 comments

No me gustó absolutamente nada Villa a partir del descanso. Podía dar una lección de cómo tomar la peor decisión en cada jugada.
Como dijisteis en los podcast, River es mejor equipo que Boca y lo demostraron. Perdió Argentina con tanta movida, pero la Libertadores subió en el escalafón de interés internacional.

Primera parte para olvidar, donde solo la gran acción individual del protagonista de Boca en estas rondas finales de Libertadores dejó atrás la tensión y el agarrotamiento del resto de protagonista que había sobre el césped.
Me sorprendía mucho la no presencia de Juan Quintero en el once de River, siendo claramente su mejor jugador (recordemos que incluso se habló de que Lopetegui tenía interés en él para el Real Madrid). Pero creo que ya se ganó la gloria eterna para los millonarios. Y coincido en la gran segunda mitad de Nacho Fernández.
Como bien dice Víctor, River demostró ser mejor equipo como ya habíais adelantado. Quizás el único que quiso jugar algo a fútbol.
Aunque también es verdad que hubiera sido muy épico el empate de Jara en el 120 después de estar con 9, con Andrada haciendo lo que le daba la gana a la desesperada y después de que hasta el árbitro quisiera ser un espectador más y se olvidara de su labor.
Justo ganador River. Una pena que no se llenara el campo dado el precio de las entradas.

El encuentro tuvo dos escenarios bien distintos y cada uno dominado por un equipo.

El primero de ambos es el que dominó Boca. Defensivamente armó un 4-5-1 muy sólido por dentro y con muchas vigilancias sobre los atacantes rivales que propiciaban que solo los centrales y Leo Ponzio tuvieran tiempo para pensar con el balón. Muy bien ideado ese plan por GBS. En ataque la verticalidad de Villa y sobre todo el talento de Darío Benedetto les valió para desnivelar la balanza a su favor.

Pero tras el descanso cambian las tornas. Se atribuye a la entrada de Quintero, que fue importante, por la pausa y creatividad que aportó en ataque pero creo que todo viene influenciado por dos matices. Con la salida de Ponzio, la jugada las empiezan Enzo Pérez (o Palacios) que están más dotado para esa tarea por lo que la pelota llegaba con mayor facilidad a Pity, Nacho Fernández y Quintero.

También creo que fue un error garrafal de GBS retirar a Benedetto pues su salida coincidió con el declive de Boca. Anímicamente les debió pesar a sus compañeros perder el futbolista que estaba derrotando a los centrales de River en cada acción. Y futbolísticamente perdieron esa pausa que les da el Pipa cuando recibe en campo rival.

Para mí, justísimo vencedor River, además de parecerme mejor equipo a priori, durante la final creo que también lo han sido.

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