El Athletico Paranaense, campeón de la Copa Sudamericana

Estadio Centenario de Montevideo. Foto bajo licencia Creative Commons 2.0.

Alberto Valentim celebraba al borde del campo. Era su primer gran título como entrenador. Después de haber conquistado campeonatos estatales con el Botafogo y el Cuiabá, ahora se coronaba campeón sudamericano con el Athletico Paranaense, el club al que aprendió a amar durante su carrera como futbolista y en el que se retiró en 2009. Eso sí, al principio de la temporada esto sonaría como algo casi imposible: Valentim entrenaba al Cuiabá, que acababa de ascender a la Série A del Brasileirão, y el portugués António Oliveira dirigía al Furacão, al que llevó a las semifinales de la Copa de Brasil y de la Copa Sudamericana. Por desacuerdos con la directiva, sin embargo, decidió dejar el club. Paulo Autuori, director deportivo, asumió como técnico interino, dirigiendo al equipo en las semifinales de la Copa Sudamericana ante Peñarol, que soñaba con llegar a jugar una final continental en Montevideo, diez años después de la última disputada en la ciudad, la de la Libertadores de 2011, ante el Santos.

Valentim, que había dejado el Cuiabá a principios de temporada, fue el nombre elegido por la directiva del Athletico. Llegó eliminando al Flamengo en la semifinal de la Copa de Brasil y ahora, con tan solo un partido, se ha proclamado campeón de la Copa Sudamericana. El mediapunta uruguayo de 27 años, David Terans, soñaba con jugar esta final en el Centenario desde el principio de la temporada, pero no con la camiseta del Athletico. Era una de las estrellas de Peñarol hasta mayo, cuando fue fichado por el club de Curitiba. No tardó mucho en adaptarse a su nueva ciudad, convirtiéndose en el mejor jugador del equipo. Y eso se reflejó en la final. Desde el principio del partido fue el jugador más proactivo del Furacão.

Athletico Paranaense 1 (Nikao 29′)
Red Bull Bragantino 0

Bragantino vs Away team - Football tactics and formations

Bragantino empezó mejor. Antes del encuentro, existía la duda de si Mauricio Barbieri elegiría a Tomás Cuello o a Helinho como extremo izquierdo, con el resto del once casi definido. Pero el joven entrenador sorprendió a todos arrancando con los dos. Cuello, que venía jugando por la izquierda, fue desplazado al doble pivote, para jugar al lado de Jadsom; una declaración de intenciones por parte de Barbieri. El Braga defendía en un 4-4-2. Cuando tenían el balón, Cuello se adelantaba y Bruno Práxedes retrocedía, ambos haciendo de interiores, el dibujo se transformaba en un 4-3-3. En los primeros 20 minutos, la iniciativa era toda del Bragantino; el delantero Ytalo salía del área para participar, Artur, el gran nombre del equipo, intentaba meterse en el juego, pero no podía, pasaría desapercibido por la final. En el minuto 19, un disparo de Cuello desde fuera del área asustó a los hinchas del Athletico en Montevideo, que eran la inmensa mayoría.

La Conmebol desde 2019 implementó la política de la final en partido único, quitando quizás lo más mágico que tenía Sudamérica: las democráticas finales a ida y vuelta, con los impresionantes festejos de los hinchas locales. El ambiente en el Estadio Centenario era triste, con miles de asientos vacíos. Los aficionados del Bragantino, que suelen ser pocos en su estadio -el Nabi Abi Chedid, con capacidad para unos 17.000 espectadores-, no se hicieron oír en el famoso estadio uruguayo. Mientras su equipo dominaba las acciones en los primeros minutos, lo único que se escuchaba eran los gritos de “¡Athletico!”. Y con el apoyo de la grada, el 3-4-2-1 montado por Valentim empezó a funcionar. La estrategia era clara: esperar al rival, jugar compacto y salir en velocidad, explorando la calidad de Terans, Nikão y Renato Kayzer. El uruguayo, siempre eléctrico, fue el autor de la primera ocasión de peligro del Furacão con un potente disparo desde fuera del área que obligó a trabajar al portero Cleiton. Minutos más tarde llegó la jugada que decidiría el partido: el defensa Pedro Henrique avanzó con el balón y realizó un pase largo buscando a Terans; el esférico no le habría llegado de no ser por el grave descuido de Aderlan, el lateral de Bragantino, que no lo pudo alcanzar. El uruguayo lo recibió y soltó un zurdazo; Cleiton lo rechazó como pudo; en el rebote, Nikão lanzó una magnífica volea que rozó el poste y el balón se coló en la red. Era todo lo que quería el Athletico.

Y si su postura con el empate ya era la de esperar al rival y contraatacar, tras el tanto de Nikão esto quedó aún más claro. Sería una constante en los más de 60 minutos que quedaban de partido. El Bragantino tenía una dificultad crónica para crear ocasiones; los tres defensas del Athletico protegían muy bien el área del portero Santos y los de Barbieri no tenían mediocampistas para romper las líneas y encontrar el pase desequilibrante. Los regateadores Artur, Helinho y Cuello no tenían espacios; el mediapunta Praxedes no pudo encontrarse y el delantero centro Ytalo se perdió en el mar de defensas del Furacão. No fue hasta el minuto 40 cuando Bragantino consiguió rematar por primera vez a portería: un flojo remate de cabeza de Ytalo.

Mientras se defendía, el Athletico arriesgaba cuando podía en alguna incursión ofensiva, casi siempre a través del talento de Terans. Pero, poco a poco, el ímpetu ofensivo del Furacão fue disminuyendo, y el equipo se contentó con dar el balón a Bragantino y solo defender. Y así fue durante casi toda la segunda parte. El conjunto paulista llegó a tener más del 70% de la posesión, pero no se exigió a Santos. A falta de 15 minutos para el final, Valentim dejó bien claras sus intenciones al quitar a Terans y dar entrada al pivote Christian. Barbieri llenó el equipo de delanteros, uno tras otro. Pero el equipo no creaba. Las dos grandes ocasiones llegaron en saques de esquina: primero Léo Ortiz cabeceó con peligro, y luego fue el turno de Leandrinho. La producción ofensiva de Bragantino fue ínfima; también lo fue la calidad del encuentro. Pero eso no importaba a los athleticanos, las finales, como se dice, no se juegan, se ganan. Celebraban su segundo título de la Copa Sudamericana en cuatro años, tras vencer al Atlético Junior de Barranquilla en 2018. De aquel equipo, solo se han quedado Santos, Thiago Heleno y Nikão. El Athletico Paranaense hasta hace 20 años no tenía ningún título importante más allá del estatal. En 2001, ganó el Brasileirão, en 2005 fue subcampeón de la Copa Libertadores, en 2018 ganó la Sulamericana y en 2019 la Copa do Brasil. Ahora conquista su segundo título continental y jugará dentro de unos días la final de la Copa do Brasil contra el Atlético Mineiro. En el Centenario, el Furacão sabía lo que quería desde el principio del partido; ejecutó el plan a la perfección. Y mientras Valentim y los jugadores celebraban en Montevideo, solo una pregunta quedaba en el aire: ¿hay solo 12 grandes en Brasil?

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Foto de portada bajo licencia Creative Commons 2.0.

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