El Red Bull Bragantino arranca a toda velocidad

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El 9 de junio de 1991, el último partido del Campeonato Brasileño se jugaba en un apretado estadio Marcelo Stéfani, que contaba con 12.492 espectadores. El duelo de entrenadores era tremendo: Telê Santana lideraba el que quizá sea el mejor São Paulo de la historia; en el equipo contrario estaba Carlos Alberto Parreira, que acabaría ganando la Copa del Mundo en 1994 con la Seleção. Bragantino y São Paulo decidían el título brasileño. El partido de ida había sido 1-0 para el Tricolor en el Morumbí, y en la vuelta, a pesar de la insistencia, el Bragantino de un muy prometedor Mauro Silva no pudo marcar. El encuentro terminó 0-0 y el São Paulo se convirtió en campeón de Brasil.

Esa final fue el momento más brillante en el escenario nacional del Clube Atlético Bragantino, un equipo de Bragança Paulista, ciudad del interior del estado de São Paulo de unos 170.000 habitantes; pocos para los estándares brasileños. El Braga vivía sus años de gloria: en 1990 había ganado el Campeonato Paulista por primera vez en su historia y en 1989 había conquistado el Campeonato Brasileño de la Série B. Su entrenador en los títulos era Vanderlei Luxemburgo, que se había marchado al Flamengo.

Pero los años dorados del Bragantino se detienen ahí. Lo que seguiría serían décadas duras. El club bajó a la Série C en 2003, y quedó algunos años sin jugar ninguna competición a nivel nacional como en 2004, 2005 y 2006, hasta que logró una cierta estabilidad a partir de 2008, manteniéndose en la Série B. En 2017 volvió a Tercera, pero en 2018 obtuvo el ascenso a Segunda; fue entonces cuando apareció Red Bull. La empresa austriaca de bebidas energéticas ya tenía un club en el país, el Red Bull Brasil, pero vio en el Bragantino la posibilidad de llegar a la élite del fútbol nacional sin tener que ascender los arduos escalones de las divisiones brasileñas. A principios de 2019, la dirección del Bragantino y la empresa austriaca llegaron a un acuerdo: nacería el Red Bull Bragantino. “Buscábamos un equipo con historia, con afición y con una fuerte conexión con la ciudad”, recuerda Thiago Scuro, CEO del club, en entrevista al Times of India. “Tuvimos la suerte de encontrar todo esto y más en el Bragantino”. La primera competición de la asociación fue el Brasileirão de la Série B. Como no hubo tiempo para cambiar el nombre y el escudo, el club jugó la competición como Clube Atlético Bragantino y con el símbolo que utilizaba antes del acuerdo. En el primer año bajo el yugo de Red Bull, el Bragantino conquistó su acceso a la Série A –por primera vez en 22 años- consagrándose como campeón de la Série B. En 2020, el Clube Atlético Bragantino pasó a llamarse Red Bull Bragantino. La multinacional austriaca metía sus cuernos en la principal liga fuera de Europa.

“En tres años veo al Red Bull Bragantino luchando entre los cuatro primeros del Brasileirão, afirmaba Scuro tras el acceso. “En cinco años veo suficiente tiempo para los títulos”. Era una declaración fuerte, pero a los ojos de muchos, tenía sentido. Al fin y al cabo, la empresa tenía una gran trayectoria en el fútbol. El mejor ejemplo es el RB Leipzig, que en su primera temporada en la Bundesliga fue subcampeón. Desde entonces, su peor temporada fue un sexto puesto en la 2017/18. El club alcanzó los cuartos de final de la Europa League en la 17/18 y, notablemente, las semifinales de la Champions en la 19/20. Una subida vertiginosa. El primer año del RB Bragantino en el Brasileirão no fue tan impresionante como el de su hermano alemán, pero no por ello dejó de ser notable: en una de las ligas más igualadas del mundo, terminó en el 10º puesto y obtuvo una plaza en la Copa Sudamericana. Claudinho, que había sido el más destacado del club en 2019, siendo elegido el Mejor Jugador de la Série B, fue elegido el Mejor Jugador de la Série A el año siguiente. El club, campeón en Segunda con Antônio Carlos Zago, tuvo que buscar un nuevo entrenador para 2020, ya que el ex defensa de la Roma aceptó una oferta del Kashima Antlers. Felipe Conceição empezó bien el año, pero fue cayendo a lo largo de la temporada, y terminó sustituido por Maurício Barbieri en septiembre del año pasado. El joven entrenador, que había realizado una buena campaña con el Flamengo en 2018, recuperó al Braga, llevándolo a una competición continental por primera vez en 25 años.

El RB Bragantino no necesitó tres años para estar entre los cuatro primeros de la liga; ahora mismo va quinto en el Brasileirão. Tampoco tardó cinco años en estar luchando por los títulos; esta noche jugará el partido de ida de la semifinal de la Copa Sudamericana contra el Libertad paraguayo. Y es el favorito. 
Pero la creencia de muchos de que el proyecto tendría éxito no se debía sólo a la trayectoria de la empresa en el fútbol, sino que había otro factor: la total incompetencia que reina en el fútbol brasileño. Los clubes se cambian de entrenador como si se cambiaran de ropa. Es difícil encontrar una identidad en uno de los grandes del país, una clara filosofía de juego. Siempre se busca el éxito en el momento y no hay una visión a largo plazo. En cierto modo, aunque suene contradictorio, esto ha transformado el fútbol brasileño en un fútbol ultra cauteloso, defensivo y temeroso. Los dirigentes fichan a futbolístas que no pueden pagar; los entrenadores, preocupados por conservar sus puestos de trabajo, adoptan posturas conservadoras y los técnicos de las categorías inferiores prefieren ganar títulos que formar jugadores. El círculo vicioso se alimenta a sí mismo. El año 2019, sin embargo, marcó un antes y un después en el fútbol en Brasil: llegaron al país Jorge Jesus y Jorge Sampaoli.

Claudinho y Matheus Cunha fueron campeones olímpicos con la Seleção. Foto bajo licencia Creative Commons 3.0.
Claudinho y Matheus Cunha fueron campeones olímpicos con la Seleção. Foto bajo licencia Creative Commons 3.0.

“Brasil se ha abierto más a las ideas del extranjero con el portugués Jorge Jesús en el Flamengo y el argentino Jorge Sampaoli en el Santos”, analizaba Jonathan Wilson. “El Flamengo, en particular, conquistó los corazones con la belleza y la eficacia de su fútbol arrollador”. La presión alta, las transiciones rápidas, los cambios de posición bien entrenados entre los jugadores de ataque, y los laterales que atacan tanto como defienden son, según él, las características que definen el fútbol moderno. Los atributos indicados por Wilson se veían muy poco en los campos brasileños antes de 2019.

La consagración de los dos entrenadores abrió el camino a una nueva forma de jugar al fútbol en el país, y la afirmación del RB Bragantino va en el mismo sentido. Ralf Rangnick, el por años Director Deportivo y de Desarrollo de Fútbol de Red Bull, explicó en su día la filosofía de los equipos de Red Bull basándola en tres pilares. Primero: “dar las máximas posibilidades al equipo, y actuar, no reaccionar. Así que tienes que dictar el juego con y sin el balón, no a través de los individuos”, exponía el ahora director deportivo del Lokomotiv de Moscú. Segundo: “usar la superioridad numérica y dejar que el balón corra directamente siempre que sea posible, sin acciones individuales innecesarias y sin faltas”. Y, por último: “usar transiciones, cambiar rápidamente. Intentar recuperar el balón en cinco segundos con una presión agresiva. Después de recuperar el balón, jugar rápida, directa y verticalmente hacia la meta rival, sorprender al desorganizado oponente para entrar en el área y disparar dentro de los diez segundos de recuperar el balón”. Y así es como ha jugado el RB Bragantino, un fútbol eléctrico en un equipo lleno de jóvenes.

Jorge Jesus revolucionó el fútbol brasileño el 2019 con su Flamengo. Foto: Richard Calver/Focus Images Ltd
Jorge Jesus revolucionó el fútbol brasileño en 2019 con su Flamengo. Foto: Richard Calver/Focus Images Ltd

A esta filosofía clara se suma una gran inversión: casi 150 millones de reales (25 millones de euros) en fichajes de jugadores menores de 23 años, muchos de ellos procedentes de grandes clubes de Brasil. Claudinho, la mayor estrella del equipo, acaba de ser negociado con el Zenit, por 15 millones. Pero el club encontró rápidamente a un sustituto: Bruno Praxedes (6 millones), procedente del Inter, ha sido el último gran fichaje. Se trata de uno de los centrocampistas más prometedores del Brasileirão. Y el equipo tiene otros jugadores destacados: el defensa Léo Ortiz y el extremo Artur, por ejemplo, que estuvieron en la última lista de Tite en la Seleção. El primero tiene 25 años, el segundo 23. El RB Bragantino es, de hecho, el equipo con la media de edad más baja (23,6) del Brasileirão. El cuerpo técnico del Braga también es joven: el entrenador Maurício Barbieri tiene 39 años, y los asistentes Claudio Maldonado y Marcinho tienen 41 y 40 años respectivamente. “Buscamos gente que tenga las mismas ideas que nosotros”, analisaba Christoph Freund, director deportivo del RB Salzburg. “Buscamos entrenadores jóvenes como lo hacemos con los jugadores jóvenes”. El objetivo es moldearlos de la misma manera que a los jugadores de poca edad. “Es mejor encontrar entrenadores que quieran jugar con nuestro estilo”, afirmaba. En este contexto, Maurício Barbieri ya es el entrenador que más tiempo lleva en un equipo de la Série A del Brasileirão, con algo más de un año en el club, lo que evidencia lo caótico que es el fútbol en el país do futebol.

El ascenso del RB Bragantino es un fuerte mensaje para el fútbol brasileño, que ve en la Série B a grandes nombres como Vasco, Botafogo y Cruzeiro. En los últimos años, la organización y la profesionalidad han triunfado ante la grandeza y la tradición. El Bragantino, que jugó aquella final del Campeonato Brasileiro en 1991, está a dos partidos de alcanzar su primera final continental y va camino de disputar su primera Copa Libertadores. Si el club de Bragança Pauslita llega a Montevideo el 20 de noviembre, sin embargo, no será como Clube Atlético Bragantino, con las camisetas con rayas blancas y negras como en la final de 1991; será como el equipo de Red Bull en Sudamérica, con toros rojos en las camisetas y en el escudo. El fútbol en el siglo XXI.

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Foto de portada bajo licencia Creative Commons 2.0.

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2 comments

Muy buen post como siempre.

Dejando claro mi postura a favor de la modernización del futbol, creo que en Sudamérica es donde se ve con mayor claridad dicha necesidad. El arraigo a la tradición no siempre es bueno y a veces crea un lobby u oligopolio que impide el avance y las mejoras. Los clubes de Brasil llevan muchos anos (yo cuento 20 al menos) en ese circulo peligroso que comenta Lucas. Ver un poco de gestión empresarial y deportiva bien hecha es una alegría y debería ser una disrupción positiva para el resto del deporte en Brasil, como fue la llegada de JJ y Sampaoli.

Actualmente Flamengo es un ejemplo de ello, pero también Atlético Mineiro. En ambos lados, el dinero es un componente fundamental, no solo en la primera plantilla pero en el propio funcionamiento del club. No han sido uno ni dos los casos de clubs a los que les cortaban los suministros por no pagar, hasta ese extremo habíamos llegado.

Normalmente hay mucha más critica a Red Bull que al City Group, no entiendo bien el motivo. Creo que el tema de las multipropiedades en los clubes se debe regular, eso es indudable. Pero también lo es que el modelo Red Bull es beneficioso para el desarrollo de talento joven en el futbol: Salzburgo, NY o Leizpig son buenos ejemplos. Y Bragantino está empezando a serlo.

Me es imposible estar en contra de un club con una buena gestión en Brasil. Porque como me ensenaron de pequeño, el nivel de corrupción es tal que si estas sufriendo un robo tanto el ladrón como el robado suelen decir: “corre, corre, que viene la policía” (y nos va a robar a los dos).

Un saludo y larga vida a MI y la web.

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