Hungría culmina su plan de resistencia

Hungary fans sing the National Anthem before the UEFA Euro 2016 match at Stade de Lyons, Lyons
Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267
22/06/2016

Como ya sucediera ante Portugal, el factor Budapest jugó un papel fundamental para que Hungría, esta vez sí, completara su ejercicio de supervivencia frente al asedio de una Francia poco inspirada. La hostilidad por el fervor de los 60.000 espectadores estimuló a un competitivo combinado magiar, ordenado y solidario, que atascó a la campeona del Mundo para llegar con vida a la última jornada y comprimir el grupo de la muerte.

Hungría 1 (Fiola 45’+2)

Francia 1 (Griezmann 66′)

Hungria vs Francia - Football tactics and formations

Pese a la duda de Benjamin Pavard, entre algodones tras su choque con Gosens, la única rotación de Didier Deschamps fue en el lateral izquierdo. Lucas Digne, con mayor proyección ofensiva, causó novedad en detrimento de Lucas Hernández. También mantuvo gran parte del bloque Marco Rossi. El preparador italiano eligió al parisino Loïc Négo, excompañero de Griezmann en las inferiores, para ocupar el sitio de Gergő Lovrencsics en el carril derecho.

Francia encaraba el encuentro consciente de que encontraría menos espacios para correr. La principal consigna era derribar, en previsible ataque estático, la voluntariosa muralla húngara lo antes posible: la gran asignatura pendiente. El contexto (la hora, los 30º de temperatura y el entusiasmo local) invitaba a pensar en un encuentro de ritmo bajo. Algo que ya suele proponer la selección bleu, con capacidad para pisar el acelerador como una de sus muchas virtudes.

Encontrar con celeridad las zonas interiores resultaba clave para desmontar el orden de una Hungría blindada. Un fuera de juego iba a librar a Griezmann de su primer error en la definición mano a mano con Gulácsi. Después, un centro medido de Digne, lo cruzó excesivamente Mbappé. El combinado magiar solo sabía salir mediante la fórmula de Roland Sallai: recibir, proteger y provocar múltiples faltas. Oxígeno puro de principio a fin. Su compañero y capitán Ádám Szalai acabaría abandonando prematuramente del partido al caer noqueado en el ecuador de la primera mitad, cediendo el relevo al veterano Nemanja Nikolics. Un perfil muy parecido.

Griezmann marcó de penalty antes del descanso. Foto: Focus Images Ltd.
Griezmann, en un rol de llegador, demostró su liderazgo sobre el césped al empatar el partido. Foto: Focus Images Ltd.

Estimulada por su público, el plan de resistencia húngaro encadenaba varios pases a pocos toques para lanzar al espacio. Iba a perder fuelle porque ese balón de oxígeno fue pinchándose aunque el cooling break también ayudó a enfriar la inercia gala, que resurgió a ráfagas con la conexión Griezmann-Mbappé-Benzema. Perdonaba Francia, carente de amplitud e inspiración. Masticaba y merecía pero también le faltaba precisión en los metros finales. Como consecuencia, el lenguaje corporal empezaba a enseñar cierta frustración. Y en el añadido, Attila Fiola se erigió como héroe nacional al escaparse de Pavard y Varane para hacer saltar la banca, insospechadamente, en mitad del delirio a las puertas del descanso. Un carrilero con alma de delantero en sus inicios. Tal vez por ahí se entiende su definición en la única llegada local.

Obligada a remontar, el escenario que más se le atraganta a esta Francia poco diseñada para ir a remolque. Un reto, también, para el conservadurismo de Deschamps, que no movió ficha tras el descanso. El ejercicio de supervivencia húngaro lo lideraban el espectacular despliegue de Kleinheisler y Schafer en la medular, y Gulácsi entre palos, ante la poca tregua que ofrecía el bombardeo francés. Con Benzema muy poco participativo, Giroud empezaba a calentar motores pero iba a ser Dembélé el primer elegido, en lugar del intrascendente Rabiot. En su primera intervención, el extremo del Barça la estrelló en la madera, pero no iba a acabar el partido.

Pero si en el fútbol nadie está exento de atascarse en un mal día frente a un rival replegado que defiende por acumulación, uno tampoco se libra de encajar cuando aparentemente domina la situación. Tras una amenaza de estrategia ofensiva húngara, la verticalidad francesa salió al rescate. Con un golpeo largo, Lloris inició el contragolpe. Mbappé lanzó el desmarque para recortar seco, provocando un rechace imperdonable de Orbán -a contrapie-, que Griezmann iba a empujar. Si Hungría marcó cuando más sufría, Francia empató cuando mostraba peor gesto. El acoso permaneció hasta el pitido final, que desató el jolgorio magiar al corroborar un empate con sabor a triunfo que les permite llegar con vida a la última fecha, ajustando el devenir del denominado grupo de la muerte.

 

Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

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