Dos gigantes cara a cara en la Champions africana

Al Ahly - d_mcplum

El pasado marzo, el Wydad de Casablanca de Marruecos debutó con mal pie en la Champions africana: solamente derrotó por 1-0 al modesto Mounana de Gabón, perdió la vuelta 1-0 y se metió en la fase de grupos por penaltis. Esos mismos días, el histórico Al Ahly egipcio, el club con más títulos continentales, con 8 Champions ganadas, sufrió contra el Bidvest Wits de Sudáfrica: victoria 1-0 en casa y 0-0 fuera. No fue el mejor de los debuts. Unos meses más tarde, jugarán la final. No han dejado de mejorar.

Después de dos años con campeones sureños (en 2015 el TP Mazembe de la República Democrática del Congo y en 2016 el Mamelodi Sundowns de Sudáfrica), la Champions africana la ganará otra vez un club norteño. En Marruecos solamente habían visto uno de sus clubes en la final en una ocasión en los últimos 15 años, cuando en 2011 el mismo Wydad perdió con el Espérance de Túnez. Si entre 1985 y 1999 en cinco ocasiones un equipo de Marruecos reinó, en el siglo XXI aún no ha ganado ni una vez uno de sus clubes. La ilusión, pues, se ha desbordado en una ciudad loca por el fútbol como es Casablanca. Y más, por jugar la vuelta en casa el día 4 de noviembre. Y más, por tener delante al gran gigante. Al club más temido, envidiado y odiado: el Al Ahly. Nadie discute su dominio: ha jugado 10 finales y ha ganado ocho de ellas. Lejos quedan los 5 títulos del TP Mazembe y el eterno rival del Al Ahly, el Zamalek. El dominio del equipo del Cairo fue espectacular del 2001 al 2013, con seis victorias. Y buenas participaciones en el Mundial de Clubes después.

Pero la última final era esa del 2013. Cuatro años que pueden parecer poco, aunque dentro del club han parecido mucho. En estos últimos años, el club ganador ha pasado a ser el club mártir. Todo empezó el 1 de febrero de 2012, cuando 72 aficionados del equipo perdieron la vida durante los incidentes del estadio de Port Said. Las imágenes de aquella tragedia dieron la vuelta al mundo y sirvieron para probar que la policía no hizo gran cosa para evitar que los aficionados radicales del equipo local, el Al-Masry, agredieran a los jugadores y aficionados del considerado equipo de más éxito de todo el fútbol africano. 79 jóvenes perdieron la vida ese día, 72 de los cuales aficionados visitantes. Algunos murieron en el vestuario, junto a los futbolistas, por culpa de las heridas de cuchillo. Para muchos especialistas, estos disturbios eran una revancha de los servicios de seguridad de Egipto contra la afición del Al-Ahly, que había participado activamente en las manifestaciones que provocaron la caída de Hosni Mubarak.

Egipto edificó sus éxitos en torno a su pareja de centrales. Foto: Focus Images Ltd.
Ah Ahly es el equipo más exitoso de Egipto a nivel continental. Foto: Focus Images Ltd.

La liga de fútbol de Egipto se paralizó durante más de un año, ya que no se pudo garantizar la seguridad en los estadios de un estado con graves problemas de orden interno e inestabilidad política. Ese año, pese a no jugar en la liga, ver cómo algunos jugadores se sometían a tratamiento psicológico para superar la matanza y ver cómo el entrenador portugués Manuel José se largaba, el club fue capaz de ganar la Champions. Y cuando se puso en marcha la liga sin espectadores, también la liga. Tres de las estrellas del equipo, Mohamed Aboutrika, Mohamed Barakat y Emad Moteab, anunciaron que seguirían jugando pese a que, inicialmente, decidieron colgar las botas como protesta contra la violencia. Cuando ganaron esa Champions, los jugadores celebraron el éxito con camisetas dedicadas a los 72 mártires, como han sido bautizados por la afición, un hecho que calmó a unos radicales que llegaron a amenazar de muerte a los jugadores si jugaban, ya que habían jurado no ver ni un partido hasta conseguir hacer justicia.

Estos años han sido, igualmente, duros. El gobierno egipcio no olvida el papel de los ultras del club en la primavera árabe, cuando unidos a sus rivales del Zamalek lucharon en las calles pidiendo libertad. Algunos fallecieron. Otros participaron en la toma de comisarías de policía. Esos días del 2011, la plaza Tahir fue un símbolo de la libertad y los hinchas del club lucharon en las calles. Mubarak fue derrocado y llegaron las elecciones, que ganaron los hermanos musulmanes de Mohamed Morsi. A los ultras del Al Ahly no les gustaba Morsi, aunque lo aceptaron. Quien no lo aceptó fue el ejército. El 3 de julio de 2013 Morsi fue derrocado y encarcelado por un golpe de Estado encabezado por Abdul Fatah al-Sisi, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Egipto. Morsi fue encarcelado y empezó la represión contra islamistas, demócratas o hinchas de fútbol. En ese contexto, fueron asesinado los 72 hinchas del Al Ahly, en una ciudad tradicionalmente favorable al ejército. Y nació el mito del club mártir.

El Al Ahly, por ejemplo, no ha podido jugar estos años ni un partido con el estadio lleno. Por seguridad, siempre les piden jugar sin espectadores o con pocos hinchas. Y los partidos internacionales los disputa en Alejandría, lejos del Cairo. Para el partido de ida contra el Wydad, han pedido poder jugar por primera vez delante 80.000 hinchas en el Bord El Arab, estadio donde hace pocos días Egipto se metió en el Mundial delante 86.000 personas. Incluso Mohamed Salah, exjugador, hincha del club y autor del gol ganador contra el Congo en ese partido con la selección, ha afirmado que espera que así sea. Durante esos años, los ultras han denunciado el acoso de las autoridades. No son años fáciles, en Egipto.

La final es de pronóstico incierto, entre dos clubes que compiten por ser considerados como los africanos con una masa social más fiel. Y capaz de sorprender con tifos y pasión en la grada. En el Al Ahly sueñan, curiosamente, gracias a un jugador de Marruecos, el delantero Walid Azaro, de 22 años. Este verano, Azaro fue tentado por clubes franceses y por el Wydad, aunque prefirió fichar por el gigante egipcio. Y en semifinales marcó tres goles en la goleada por 6-2 al Etoile de Sahel de Túnez, que había ganado la ida 2-1. Además, tienen al portero Sherif Ekramy, suplente del veterano El Hadary en una selección con 7 convocados por Héctor Cúper, seleccionador de una Egipto que jugará el Mundial. Rabia aporta carácter en defensa, Zakaria y Ashour juegan en el centro del campo y Gomaa ayuda en ataque. Y eso sin contar al veterano Moteab, retirado de la selección pero no del club. El entrenador, Hossam El-Badry, es un hombre de club que, como defensa, ganó la Champions de 1982, la primera del Al Ahly, después de debutar a las órdenes de Nandor Hidegkuti, el húngaro subcampeón del Mundo en 1954 que entrenó en el gigante egipcio.

En el Wydad destaca el portero Yassine El Kharroubi, el defensa Amine Atouchi y el delantero Achraf Bencharki, así como el delantero marfileño Daho, el nigeriano Chikatara y el defensa burkinés Ouattara. El alma del equipo es el centrocampista Brahim Nekkach. No les faltan motivos para el optimismo, pues en cuartos eliminaron al vigente campeón, el Mamelodi y en semifinales, al potente USM Alger. Aunque el Al Ahly ha eliminado a los dos tunecinos, y eso siempre es complicado. El ganador jugará en el Mundial de Clubes contra el Pachuca de México. El partido de ida será el 28 de octubre y la vuelta, el 4 de noviembre en el estadio Mohamed V de Casablanca.

Foto de portada: d_mcplum.

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