Indonesia: no sin los aficionados

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La vuelta a la normalidad en el fútbol ha enfrentado dos vías de actuación basadas, podría decirse, en la rapidez de actuación, casi en la precipitación. Por un lado, están las ligas que se han apurado en volver a jugar lo antes posible, aunque sea con los estadios vacíos y con improvisados protocolos de actuación. Por otro, los países que han prohibido la celebración de eventos deportivos y han ventilado sus competiciones de un plumazo. Lejos del radar han quedado opciones como la de Indonesia, por ser un país que no pisa ese radar con mucha frecuencia. Allí, el presidente de la federación de fútbol dijo que disputar partidos sin espectadores “no era una opción”, por lo que la liga se ha pospuesto indefinidamente hasta que los aficionados puedan regresar a los estadios. Si alguien se pregunta el por qué, la respuesta es clara: Indonesia es uno de los países con mayor cultura fan en el fútbol de todo el planeta. Es algo sorprendente por no tratarse de un país protagonista en competiciones internacionales, pero pocos estadios y ciudades vibran tanto con el fútbol como los de Indonesia.

Igual me hago 100 fotos después del entreno o en cualquier lado, es una barbaridad”, relataba Kiko Insa, futbolista español a Víctor Cervantes para MI hace unos años, “los bomberos tiran con la manguera a la grada para que no les pillen sofocos y la verdad es que cuando me pongo a jugar delante de estas 50.000 personas se me pasan todos los males que pueda tener. Hay gente que se queda fuera del estadio, no puedo ni andar por la calle”. Los días de partido son todo un evento en las principales ciudades del país. Las calles se atiborran de hordas de aficionados de ambos equipos desde las primeras horas del día. Por complicado que sea, los seguidores visitantes se movilizan por todo un país compuesto de islas, en el que los viajes pueden requerir de avión, barco o desplazamientos en autobús que rozan las 24 horas.

El fútbol, por tanto, es una gran industria dentro de la economía indonesia y un pilar cultural en la vida de las gentes del país, si bien es difícil inferir que pese más el espectáculo deportivo que el acontecimiento social. “Sería muy arriesgado volver a jugar sin signos de recuperación en cuanto al COVID-19. Los clubes sienten que los partidos a puerta cerrada no serían una buena opción ahora que los sponsors se están cayendo. Además, la geografía indonesia requiere movilidad, que es cara y está restringida” nos cuenta Ramadani Saputra, periodista del Jakartan Post. Sin público en los estadios, los sponsors se están retirando, lo que en total supone una pérdida del 80% de los ingresos para los clubes, demasiado para rearmar la competición.

Indonesia necesita a sus aficionados para mantener su fútbol y los necesita en las calles y los estadios, porque es la manera en la que allí se vive el fútbol y no a través del televisor. Hay una nota estremecedoramente negativa que muestra la intensidad con la que se sigue el fútbol en este país. Desde 1994, 74 personas han perdido la vida en peleas de ultras. “Sampai mati” es uno de los lemas más comunes en estos grupos violentos y significa, literalmente, “hasta la muerte”. Muchas veces los aficionados visitantes no tienen permitido el acceso a las inmediaciones del estadio, pero esto no impide los enfrentamientos. Los más violentos y que más muertes producen se dan entre los fans del Persija de Jakarta y el Persib de Bandung. Sólo en casos excepcionales, de extrema rivalidad, la federación contempla jugarlos a puerta cerrada o en ciudades neutrales debido a los incidentes. Hace un año, tras el asesinato a plena luz del día de un aficionado del Persija de 23 años que no pertenecía a ningún grupo violento por parte de ultras del Persib, la liga quedó suspendida durante varias semanas. Aun así, el problema persiste y durante el último año han seguido produciéndose violentas batallas campales.

No es el único problema del fútbol en este país. “El amaño de partidos es una enfermedad crónica del fútbol indonesio”, señala Akmal Marhali, director de la ONG Save Our Soccer (SOS), “Antes de que los aficionados lleguen al estadio, ya saben cuál va a ser el resultado”. En 2014, los jugadores PSIS Semarang recibieron una sanción vitalicia por dejarse ganar, y el entrenador del Bontang tuvo la misma suerte un año después. Hasta la selección fue acusada de amaño en los Juegos del Sudeste Asiático tras su derrota ante Vietnam. La policía indonesia ha creado un cuerpo especial para enfrentar el amaño, pero se enfrentan a mafias organizadas y que están en estrecha relación con los grupos de ultras violentos. Los resultados, en ocasiones, son alarmantemente abultados y no responden a la evolución de la competición.

Aparte de todo esto, el fútbol indonesio ha sido un auténtico caos a nivel organizativo en los últimos años. Durante la pasada década, coexistieron dos “primeras divisiones”, la Super League y la Premier League, impulsadas por distintas organizaciones. La tensión llegó al punto en el que los jugadores que no participaban en la liga organizada por la Federación Indonesia tenían prohibido ser convocados por la selección, y la FIFA, en 2015, expulsó de sus competiciones a Indonesia por las injerencias políticas del gobierno en el fútbol a través del Ministerio de Deportes y de la Federación. Finalmente, en 2017 se reestructuró el sistema competitivo, que quedó unificado y dividido en Liga 1 (Super League), Liga 2 (Premier League) y Liga 3 (Liga Nusantara, la cual se había formado en 2014 y también pugnaba por entrar en el sistema). La FIFA levantó la sanción a Indonesia y la Federación reestructuró sus cargos más visibles, aunque sigue dirigida por las mismas personas.

Con todo este revuelo, es difícil establecer un palmarés histórico claro, pero si tomamos como referencia la actual Liga 1, el equipo más laureado del país es el Persipura Jayapura [puede verse su estadio en el vídeo encima de este párrafo]. De primeras, este dato no dirá mucho, pero teniendo en cuenta que son un club de Jayapura, la 34ª ciudad del país en términos de población y la 30ª a nivel de PIB per cápita, es algo claramente llamativo. “Jayapura pertenece a la provincia de Papúa, que es de donde han surgido gran parte de los atletas más fuertes en deportes como el fútbol o el boxeo”, nos cuenta el periodista Ramadani Saputra, “la mayor parte de las leyendas de nuestro deporte vienen de allí, suelen tener una fortaleza física superior a la media”. Aun así, los chicos de Papúa llevan desde 2013 sin alzar el trofeo. El año pasado, el campeón fue el Bali United, que ganó el primer título de su historia después de un subcampeonato en 2017.

En definitiva, el indonesio es un fútbol muy distinto al que copa los focos de atención mediáticos del resto del mundo y por tanto sigue caminos y toma decisiones que pueden resultarnos extrañas. También viven el fútbol de manera distinta, por lo que, al menos por el momento, seguirán sin jugar hasta que puedan hacerlo con su público.

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Foto de Portada: Gunawan Kartapranata / CC BY-SA 4.0

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3 comments

Como mola el mosaico a los 2:07 min del vídeo. Gran artículo, desconocía la tremenda pasión que se vive en un una liga tan poco mediática, fuera de sus fronteras, como la indonesia

¡Muchas gracias! La verdad es que yo también la desconocía y me ha parecido espectacular. Por eso incluí tanto vídeo, creo que hay que verlo para creerlo.

Qué interesante. No sabía nada del futbol de Indonesia. Llama la atención que un país como este, con una afición tan apasionada y una población enorme, no haya tenido ninguna participación relevante en la Copa Asia.

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