¿Será Hleb o será Stasevich?

Alexander Hleb of BATE Borisov during the UEFA Europa League match at the Emirates Stadium, London
Picture by Martyn Haworth/Focus Images Ltd 07463250714
21/02/2019

Esto empieza a parecer normal. Uno enciende el Livescore y tiene que elegir: regresa el estrés, la frustración por no poder abarcarlo todo, el dolor por estarse perdiendo muchas cosas. Los partidos que vemos ya son menos que aquellos que se están jugando a la vez: que los que sacrificamos, que los que jamás podremos vivir en el momento en el que se dieron. Vuelve, para bien y para mal, la realidad del futbolero moderno que quiere seguirlo todo, que necesita saberlo todo, que tiene que aparentar que lo ha visto todo.

Bielorrusia ya no está sola. Casi que mejor. Aunque la tabla aún lo disimule un poco (BATE 25; Energetik 22; Torpedo 21; Shakhtyor 21), la emoción por el título parece haberse evaporado por completo. No encontrarás a un solo observador que se haya empapado de liga bielorrusa durante esta cuarentena y que no piense a estas alturas que va a acabar ganando el de casi siempre. Pero este degustador de lo alternativo, este aficionado que rescató de entre la nada el único fútbol que podía llegar a su hogar, sabe hoy muchas más cosas que hace tres meses. Conoce, por ejemplo, a Vitali Lisakovich. Que no es poco conocer. A este atacante de 22 años del Soligorsk con un pasado ya en el fútbol croata -filial del Dinamo de Zagreb incluido- hay que declararlo gran descubrimiento de la pandemia. Rivalizó con él durante muchas semanas Gabriel Ramos, el brasileño del Zhodino, pero acaba imponiéndose por hambre, constancia e intensidad este punta que volvió a decidir un partido este fin de semana: menuda definición con el exterior de la derecha ante la salida del portero del Dinamo de Minsk. ¿Qué será de él? ¿Será Stasevich o será Hleb? O sea: ¿permanecerá como mito del torneo local sin trascendencia fuera de sus fronteras o acabará vistiendo glamourosas camisetas del exterior? Éste es, y no si la liga la gana el BATE o no, el gran aliciente a seguir que nos deja el confinamiento bielorruso.

“Pensábamos que la liga bielorrusa era mala y nos ha sorprendido su nivel”, dijo un directivo de la televisión ucraniana cuando le entrevistaron para que explicara por qué habían comprado sus derechos. Bueno, pues suponemos que todos esos hinchas ávidos que se aficionaron al balompié del país vecino habrán decrecido desde este pasado sábado con el regreso del fútbol nacional. Y menudo regreso. Por un lado, es difícil que un proyecto de reinicio quede más ensuciado que teniendo que suspender un partido en la primera jornada tras la reanudación por el mismo motivo por el que todo estuvo parado durante tres meses: el Karpaty Lviv-Illichivets Mariupol fue cancelado por infecciones de coronavirus en el cuadro local. Al menos, como la liga ya ha entrado en la fase final, no quedó afectado el llamado grupo de campeonato, que es el de los seis mejores conjuntos. Por el otro, el gran clásico (3-1 para los mineros naranjas) confirmó un escenario insospechado: una pelea apasionante por la segunda plaza de Champions, la que parecería del Dinamo de Kiev casi por decreto. A los capitalinos tiene que estar sentándoles realmente mal que su pugna sea con el Zorya, el Desna y el Oleskandrya, y que en cambio el Shakhtar juegue una liga para él solo. Qué bueno es Marcos Antonio, por cierto, pese a que aún no se imponga como titular indiscutible en el gigante de Donetsk.

El Shakhtar 3-1 Dinamo se disputó en el Olímpico de Kiev. Foto: Focus Images Ltd.
El Shakhtar 3-1 Dinamo se disputó en el Olímpico de Kiev. Foto: Focus Images Ltd.

Claro que el Shakhtar no podrá hacer doblete -o si lo hace, será con la Europa League-. En su día le echó de la Copa el Dinamo, por lo que la remontada de este domingo también tuvo un componente de venganza. Pero que al gran dominador de un país se le atragante el torneo del KO, tan sujeto a los azares de los días concretos, no es tan raro: a sus vecinos húngaros del Ferencvaros, líderes con nueve puntos de ventaja, les pasó algo similar. Se habló poco de ello en diciembre porque por aquel entonces no había Coronavirus y ni necesidad de rellenar artículos con historias del Este en tardes vacías de fútbol, pero al cuadro de Budapest, que le empató dos veces al Espanyol, le echó de su copa el Békéscsaba de segunda. Es por ello que mañana miércoles no podrá pelear en la gran final de un torneo cuyo palmarés encabeza por goleada y que podría presentar a un nuevo ganador si al Mezokövesd Zsory le da por ganarle mañana al histórico Honvéd. Algo que no sería tan sorprendente atendiendo a que este club, del que ya nos habló TM23 antes de marcharse a triunfar a los despachos que deciden cosas importantes en este juego, va tercero en la liga, en la que por cierto ha sumado ocho puntos más que su rival. Viéndoles jugar un poco por aquello de preparar la finalísima, el jugador más llamativo de su equipo es el centrocampista Tamás Cseri. 32 años, carrera modesta, ni una vez internacional con Hungría, look de Arturo Vidal e insospechados detalles técnicos -caños, taconazos, ruletas- para descolocarte cuando creías que era un guerrillero. Siete goles lleva en liga en la mejor temporada de su carrera.

copahungara

Aunque la primera final de Copa de las reanudaciones -porque la bielorrusa no cuenta; su fútbol jamás se fue- se disputó el sábado en Austria. El RB Salzburgo celebró la decisión federativa que le ha devuelto al liderato de la liga -una sanción de 6 puntos al LASK Linz por romper las normas del confinamiento y entrenar en grupo y con plenos contactos físicos cuando no estaba permitido- con una goleada por 5-0 al Austria Lustenau. El equipo de Jesse Marsch no es el mismo sin Haaland ni Minamino, pero tampoco cabía esperar que les echara de menos ante el séptimo clasificado de segunda división.

Foto: Focus Images Ltd.

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6 comments

Qué bueno volver a leerte de manera periódica, Axel. Sí, tienes la columna en el AS, pero no es lo mismo que tener el privilegio de “jugar en casa”.

Una pena lo del LASK. Me llamó la atención cuando eliminó a un ilusionante AZ, pero entiendo que la salud es lo primero y no cuidarla debe de tener consecuencias

No solo es un tema de no cuidar la salud, pero también hay una ventaja deportiva con respecto a los otros equipos que sí cumplen las reglas y no pueden entrenar en grupo.

Repasando un poco la carrera del bueno de Tamás Cseri veo que jugó en el mítico Varda. Eso sí, justo una temporada después del podcast de Rulo que los ascendió a Segunda.

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