27 años después, Ronaldo Nazário vuelve al Cruzeiro

Hinchada de Cruzeiro en el Mineirão. Foto: Mrlagoas bajo licencia Creative Commons 4.0.

Él tenía 17 años. El 11 de noviembre de 1993, el Cruzeiro se enfrentaba al Bahia en el Mineirão. Ese niño flaco y escurridizo, que ya lucía la camiseta número 9 de uno de los gigantes del fútbol brasileño, se deleitaba en el campo. Marcó el 1-0 de penalti, dio una magnífica asistencia para el segundo, hizo el tercero con la frialdad que le caracterizaría durante toda su carrera, el cuarto de cabeza, el quinto de penalti. El “menino Ronaldo“, como le llamaban, llevaba ya un póker. En el minuto 83, sin embargo, ocurrió algo que pasaría a la historia, uno de esos goles inolvidables. A pesar de la victoria ya asegurada, el Cruzeiro seguía atacando. Tras recibir un centro, Nonato lanzó un potente disparo que casi se cuela entre las piernas del portero uruguayo Rodolfo Rodríguez, que estaba casi de rodillas. Hubiera sido un error grosero. El arquero, todavía incrédulo, mantuvo las rodillas en el suelo y, curiosamente, se llevó las manos a la cara. En el vídeo, vemos a Jorginho, defensa del Bahía, con la mirada ya dirigida hacia el campo de ataque, Nonato más a la izquierda en la imagen, miraba hacia abajo. Detrás de Rodríguez, sin embargo, estaba el niño, atento, hambriento, con los ojos clavados en la pelota. Era como si él fuera un felino y ella su presa. Aprovechando el despiste del uruguayo, dio dos pasos largos, tocó ligeramente el balón y luego lo empujó hacia la portería. Una jugada paradigmática de lo que vendría a ser Ronaldo en el futuro. El niño acabó dejando Belo Horizonte el año siguiente, cuando fichó por el PSV Eindhoven. 28 años después, ya no es necesario mencionar su nombre al referirse a él. Basta con decir Fenômeno. Y el pasado sábado por la tarde una noticia cogió por sorpresa a todo el mundo en Brasil. “El Fenómeno compró el Cruzeiro”, decían las portadas de todas las páginas web del país. Así, de la nada. Sin que hubiera ninguna especulación al respecto. Como aquel 11 de noviembre del 93 en el Mineirão, Ronaldo entró sigilosamente en escena, sin que nadie se diera cuenta.

“En 1993 era el Ronaldo del Cruzeiro”, decía un reportaje de TV Globo al día siguiente. “Ahora, en 2021, es el Cruzeiro de Ronaldo”. El regreso de Ronaldo al Cruzeiro se produce en un importante momento de transición en el fútbol brasileño: en agosto de este año, se aprobó una ley que permite la creación de Sociedades Anónimas de Fútbol (SAF), controladas por accionistas. Ya habitual en el fútbol europeo, la aparición de la inversión privada como principal agente de control de los clubes es todavía algo inusual en Brasil. En el país, la mayoría de ellos están constituidos como entidades sin ánimo de lucro. Clubes controlados por sus socios. En el Brasileirão 2021 estaban el Red Bull Bragantino y el Cuiabá, denominados “clubes-empresa“, experiencias recientes de clubes controlados por el capital privado. Ellos no contaban, sin embargo, con los beneficios provenientes de la nueva ley, que entre otros factores admite una considerable reducción de impuestos por parte de las Sociedades Anónimas. Un fenómeno ya conocido en otros países del continente, como Chile y Colombia, la aprobación de la ley fue vista por muchos como una gran noticia para el caótico fútbol brasileño. En el país, nueve de los famosos “12 Grandes” ya han descendido, algunos de ellos más de una vez. Los graves errores de gestión -que suelen ser cortoplacistas- y los problemas de falta de transparencia y corrupción son casi siempre los motivos. Eso sí, en 2020 el tema llegó a su punto álgido: tres de los grandes -Botafogo, Vasco da Gama y Cruzeiro-, estaban en la Série B. En 2021, habrá tres campeones de Libertadores en Segunda: el Grêmio bajó y sólo el Botafogo logró subir. Y el Cruzeiro es el que más tiempo lleva ahí.

La Raposa descendió en 2019 por primera vez en su historia. El contexto del descenso, sin embargo, fue asombroso. El Cruzeiro fue uno de los equipos más exitosos de la última década en Brasil. Campeón del Brasileirão en 2013 y 2014, y de la Copa de Brasil en 2017 y 2018, el conjunto siempre estuvo peleando por los títulos. Fue el equipo más temido de Brasil en muchos momentos. En el año del descenso, por ejemplo, comenzó la temporada de forma arrolladora: fue el mejor equipo de la fase de grupos de la Copa Libertadores y fue campeón del Campeonato Mineiro. Su plantilla -dirigida por el ex seleccionador de Brasil, Mano Menezes- era una de las mejores del país. Pero en mayo se destapó un escándalo de corrupción en el Cruzeiro. Blanqueo de dinero y falsificación de documentos eran algunos de los delitos de los que se le acusaba a la dirección del club. El rendimiento del equipo cayó bruscamente. El descenso fue doloroso. El Cruzeiro era uno de los únicos clubes, junto con Flamengo, São Paulo y Santos, que presumía de no haber descendido nunca en su historia. Casi todas las estrellas se fueron, al igual que el presidente y los miembros de la directiva. Se pensó que tal vez ir a la Série B podría ser algo beneficioso para la reconstrucción de un club en ruinas. Se esperaba que la Raposa ascendiera rápidamente, como ocurría con casi todos los grandes que bajaban.

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No fue así. Desde finales de 2019 ocho entrenadores han tomado las riendas del club. Se han realizado varios fichajes. El Cruzeiro terminó la Série B 2020 en el 11º puesto, más cerca del descenso a la Série C que del ascenso a la Série A. Parecía que la situación no podía empeorar. Pero siempre puede. En 2021, la Raposa llegó a coquetear seriamente en muchos momentos con el descenso, y terminó el campeonato en un humillante 14º puesto. Todo esto es aún más doloroso para la gigantesca afición azul, que ve cómo el tercer club de Belo Horizonte, el pequeño América Mineiro, se clasifica para la Libertadores y, sobre todo, cómo su gran rival, el Atlético Mineiro, conquista la tríplice coroa, una gloria que hasta entonces era exclusiva del Cruzeiro, que la ganó en 2003, bajo el mando de Vanderlei Luxemburgo. Campeonato Mineiro, Copa do Brasil y Brasileirão. A él, de hecho, se dirigió la directiva cuando la situación era calamitosa y el equipo corría serio peligro de bajar a la Série C, en agosto de este año. Luxemburgo consiguió mejorar un poco el rendimiento del equipo: terminó el año con ocho victorias, 11 empates y cuatro derrotas. Querido por la afición, se pedía su permanencia. El entrenador de 69 años renovó su contrato por dos temporadas. Pero no se imaginaba quién sería su “jefe” en el futuro: Ronaldo Nazário, aquel delantero que brilló bajo su mando en la Seleção, ganando la Copa América de 1999, y el que fue uno de los galácticos en su breve etapa como entrenador del Real Madrid, en 2005.

“Es un hito para el fútbol brasileño”, dijo Eduardo Carlezzo, abogado especializado en derecho deportivo. “En todos los aspectos. Ya sea por el tamaño del Cruzeiro, por el nombre de Ronaldo y por ser la primera operación de un inversor que entra en una SAF. Es un cambio de paradigma. El fútbol brasileño da así uno de los pasos más importantes hacia un cambio radical en la organización de los clubes”. Ronaldo pagará 400 millones de reales (unos 70 millones de euros) por el 90% de las acciones de la SAF del Cruzeiro. Además, asumirá el compromiso de pagar, a plazos, la deuda futbolística del club, que ronda los 1.000 millones de reales (170 millones de euros). “Al margen de cualquier consideración sentimental”, escribió Tim Vickery en ESPN, “Ronaldo ve claramente al Cruzeiro como un ejemplo de potencial desaprovechado, un club que ha caído muy por debajo de donde debería estar y que tiene capacidad para rendir mucho más”. Uno de los temores de los críticos del modelo de las sociedades anónimas es que los clubes se conviertan en meros instrumentos de lucro, y que se les despoje de su alma. “Tener un inversor no es garantía de éxito deportivo”, analizó Paulo Vinícius Coelho en Globo Esporte. “Una buena gestión no es sinónimo de títulos futbolísticos. Un club puede dar beneficios a su propietario, tener sus finanzas saneadas, sacar jugadores de la cantera, venderlos y no luchar nunca por ningún trofeo”.

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Lo cierto es que, dada la envergadura del club al que llega, el reto de Ronaldo será mucho mayor que el que asumió hace poco más de tres años en el Real Valladolid. El Cruzeiro es un gigante. En el último partido del equipo esta temporada, el público del Mineirão fue de 60.700 aficionados. En un partido que no valía nada. “El 25 de mayo de 1993, salí al campo por primera vez como profesional”, escribió Ronaldo en su Instagram. “Recuerdo como si fuera ayer mi emoción cuando recibí la camiseta del Cruzeiro. Sólo tenía 16 años. El poco tiempo que permanecí en el equipo se justifica por una razón: casi 30 años después, digo sin ninguna duda que el Cruzeiro me dio la mayor oportunidad de mi vida. Fue con la camiseta azul que tuve la certeza de que mis sueños de niño eran posibles”, continuó el ahora accionista mayoritario del Cruzeiro. “Hace dos años vi cómo este equipo centenario, al que estoy muy agradecido, descendía por primera vez; vi cómo la tristeza se apoderaba de una de las mayores aficiones del país. Me dolió. Y lo siento aún más porque sé que es un síntoma del estado en que se encuentra el fútbol brasileño, parado en el tiempo. ¿Qué sería de ese joven de 16 años sin la oportunidad de conquistar el mundo con el balón en los pies? Ha llegado el momento de volver. (…) Con una gestión inteligente y sostenible para un crecimiento a medio y largo plazo. Con la fidelidad de 9 millones de apasionados. Comenzamos ahora un nuevo capítulo en la historia del club. ¡He vuelto porque creo en la vuelta del Cruzeiro!  He vuelto para formar parte del cambio del fútbol brasileño“.

Ronaldo no puede esperar para ponerse a trabajar. Anunció que estará en Belo Horizonte el 2 de enero, día en que el club cumplirá 101 años. “Estaba detrás y no lo vi”, dijo Rodolfo Rodríguez décadas después sobre esa jugada que marcó su carrera. “Cuando fui a coger el balón que estaba en el suelo, él ya había marcado”, recordó el portero uruguayo. “Ronaldo era un delantero que estaba atento a todo“.

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Foto de portada: Mrlagoas bajo licencia Creative Commons 4.0.

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