Partido Polish Boyfriend: Plovdiv, un derbi que deberías conocer del este de Europa

Aficionados Botev Plovdiv

Cuentan que este quizás sea uno de los derbis más pasionales de Europa. Aunque ya sabemos cómo funcionan los ránkings y los titulares llamativos. Uno pierde la cuenta de los derbis que han sido etiquetados como el “más pasional”, el “más caliente” o el “más violento”. Y más si hablamos de una rivalidad. ¿Cómo demonios se clasifica una rivalidad?

Sea como sea, el derbi de Plovdiv es un derbi muy sentido. A nivel deportivo ha dejado de ser importante, arrinconado en una liga menor, aunque a nivel social forma parte de la identidad de esta orgullosa ciudad de Bulgaria. Hablar de Bulgaria es hablar del derbi eterno entre los dos equipos más grandes de Sofía, el CSKA y el Levski. Estos dos clubes que llegaron a ser bautizados con otro nombre per orden gubernamental después de una trifulca con un joven Hristo Stoichkov de por medio, en los años 80. El CSKA fue descendido a Tercera por deudas estos últimos años, aunque ya está de vuelta, ocupando una posición digna en la tabla, por detrás del Levski y el dominador del fútbol búlgaro, este Ludogorets con buen proyecto y sin demasiada historia.

Hristo Stoichkov Foto: Epp Group bajo licencia Creative Commons 2.0.
Hristo Stoichkov es el futbolista búlgaro más célebre. Foto: Epp Group bajo licencia Creative Commons 2.0.

A la sombra quedan el Botev y el Lokomotiv Plovdiv, los dos eternos enemigos de una ciudad con mucha personalidad. Plovdiv ya fue un importante centro comercial en tiempos del Imperio Romano. Las diferentes civilizaciones y autoridades que han pasado por la zona han dejado su sello en las calles y arquitectura de una urbe que mantiene una fuerte rivalidad con Sofía. A la gente de Plovdiv no le gusta ser la segunda ciudad en nada y recuerdan con orgullo cómo la primera imprenta en búlgaro fue suya. Cómo el primer teatro búlgaro fue suyo. Cómo los primeros movimientos organizados contra los otomanos fueron suyos. Y cómo, en tiempos del comunismo, ellos protestaron antes, pidiendo democracia. Nada de eso les sirvió para ser la capital de Bulgaria. Aunque les sirvió para ser respetados. Y más por su forma pasional de entender la vida. El fútbol es una muestra. Plovdiv podría ser ahora la capital de Bulgaria. Y, quizás, sus equipos serían así más importantes. Aunque no pudo ser y, todo, por un tratado del siglo XIX. Una firma en un salón de Berlín puede tener consecuencias muy importantes. La historia es así. Viajemos hasta 1878, cuando Bulgaria, como media Europa del Este, formaba parte del Imperio Otomano.

En 1878, las tropas rusas entraron en Plovdiv durante la guerra entre los Imperios Ruso y Otomano. Fueron años claves. Los otomanos iban perdiendo tierras y los rusos iban expandiendo su influencia. Los rusos ganaron terreno y se convirtieron en los padrinos del nacimiento del primer estado búlgaro libre en 482 años, aunque los británicos y austríacos, temerosos de los planes rusos, decidieron apostar por una fórmula que se impuso en las negociaciones de paz: nació un Reino búlgaro, cierto, aunque no completo. Se dictaminó el nacimiento de la provincia autónoma de Rumelia Oriental dentro del Imperio otomano. Esta provincia pertenecía a los otomanos, aunque condenados a permitir un autogobierno. Venía a ser una zona colchón entre el nuevo Reino Búlgaro y las fronteras turcas, en una región con Plovdiv en medio. Plovdiv, centro del nacionalismo búlgaro, quedó fuera del nuevo estado y la capital acabó en Sofía.

Plovdiv. Foto: Filip Stoyanov bajo licencia Creative Commons 2.0.
Plovdiv. Foto: Filip Stoyanov bajo licencia Creative Commons 2.0.

Durante unos años, Plovdiv fue capital de una entidad política olvidada que condicionó su historia. La región, llamada Tracia por los búlgaros y Rumelia por los turcos, era también disputada por los griegos, que venían a ser el 30% de la población entonces. También se encontraban judíos, rumanos, gitanos… era una ciudad multicultural, aunque de mayoría búlgara. Ahora solamente viven búlgaros, algunos turcos y la comunidad gitana local. Sea como sea, esa Rumelia oriental tuvo su moneda, sus sellos, su gobierno, hasta que la población, agitada, se salió con la suya: en 1885 se expulsó al gobernador y se proclamó la unión con Bulgaria. Por fin, Plovdiv era búlgara. Aunque llegó tarde y no pudo ser capital. Sofía, con la reunificación, se llevó de Plovdiv al director del teatro local, a numerosos directores de escuela y maestros. Nació una rivalidad.

Plovdiv, por ejemplo, empezó antes en el arte del fútbol. Ciudad inquieta, en 1912 ya tenía al club decano del fútbol local, el Botev Plovdiv. En esos años se habían vivido dos guerras balcánicas, para acabar de expulsar a los otomanos, y entre los nuevos estados eslavos para definir sus fronteras. Eran años de pasión, de resurgimiento de símbolos olvidados. Y los fundadores del Botev lo bautizaron así en honor a Hristo Botev, uno de los líderes más amados de las luchas contra los otomanos, nacido al lado de Plovdiv. Desterrado en diferentes ocasiones, vivió en el Imperio Ruso, donde se influenció por los revolucionarios de izquierda locales y tomó el camino de las armas. Refugiado en Rumanía, por un tiempo vivió en un molino abandonado cerca de Bucarest, con Vasil Levski, líder de la insurgencia búlgara, de quien llegó a ser amigo. ¿Les suena el nombre? Claro, el Levski de Sofía se llama así por Vasil Levski. Cuando los dos tramaban golpes contra el Imperio Otomano, no podían ni imaginar que se jugarían partidos de fútbol entre equipos bautizados en su honor. Bien, seguramente ni conocían la existencia del fútbol, pues no había llegado aún a la zona. Botev lideró una de las ramas del Comité Central Revolucionario cuando Levski fue ejecutado por los búlgaros, en 1873, falleciendo unos años después liderando un ejército sublevado. No pudo ver una Bulgaria libre e independiente.

El Botev Plovdiv jugó por última vez en Europa en el estadio del Sankt Pölten, en julio de 2014. Foto: MarcadorInt.
El Botev Plovdiv jugó por última vez en Europa en el estadio del Sankt Pölten, en julio de 2014. Foto: MarcadorInt.

Y acabó convertido en icono, aunque se borró su relación con los movimientos de izquierda. Curiosamente, los fundadores del Botev, como los del Levski, eran jóvenes de buena cuna, nacionalistas, hijos de padres que habían vivido la guerra. Durante los años 20 y 30, el Botev y el Levski brillaron con sus nombres históricos en una liga que tenía otros protagonistas, como el Slavia de Sofía o el Vladislav Varna.

Mientras el Botev competía con otras ciudades, en los barrios de la ciudad nacían otros clubes, como el Karadja o el Athletic. Estos dos equipos se fusionaron en 1925 creando el Plovdivski Sportclub, con sede en el cuarto distrito de la ciudad. Eran clubes de zonas más modestas, más pobres, que el Botev, entonces un club de buenas familias. Inicialmente vivían en realidades diferentes. Todo cambió con la Segunda Guerra Mundial. De ser un Reino, Bulgaria pasó a ser un estado comunista. Ya en 1944, las autoridades empezaron la reorganización de todas las entidades deportivas. El Sportclub se fusionó con un equipo modesto de trabajadores de ferrocarriles y nació el Lokomotiv. En el proceso de creación de este grupo se integraron otros equipos de barrio, como dos clubes de la comunidad armenia o uno de los católicos locales. Todo, bajo el paragua del potente Ministerio de transportes. Con una locomotora por bandera, nacía un nuevo gigante en la ciudad arrastrando gente humilde y trabajadora en las gradas. El Botev, considerado un club aristócrata, pasó a ser controlado por el Ministerio de defensa y el ejército, el mismo que creaba a la vez el CSKA de Sofía. Al Botev le cambiaron el nombre en muchas ocasiones, y durante 35 años se llamó DNV, DNA, SKNA y Trakia, en honor al nombre histórico de la región. En 1989 recuperó su viejo nombre.

Los años del comunismo potenciaron la rivalidad. En 1967 el Botev ganó la liga, y en los 80, su goleador Georgi Slavkov llegó a ganar la Bota de Oro. Fueron años en que el Botev derrotó al Bayern o el Barça en competiciones europeas, aunque no ganó más la liga.

El apoyo de un ministerio o un ejército significaba luchas en los despachos para fichar jugadores. Aunque también que el Lokomotiv se convirtiese en un equipo capaz de plantar cara en la ciudad, llegando a la final de tres copas. Pero las perdió siempre. En la temporada 1964/65, llegó a jugar un tercer partido de desempate de cuartos de final de la Copa de Ferias contra la potente Juve, perdiendo por la mínima. La rivalidad ya no se podía parar. El equipo de los ricos ahora era el equipo del ejército. El Lokomotiv, el de los trabajadores. La historia también difuminó el componente social de la rivalidad y a finales de los años 80 nació el hooliganismo y las gradas empezaron a ver peleas más organizadas. Más organizadas, pues las peleas ya se vivieron en los años 50. La pasión era incontrolable. Los grupos ultras se escoraron todos hacia la extrema derecha y el derbi se volvió muy peligroso.

Con el fin el del comunismo, los dos equipos han sufrido descensos. El Botev nunca ha acabado entre los tres primeros desde el año 1995. Y no gana ningún título desde la copa del 1981. Aunque la gente del Botev se mofaba de sus rivales pues seguían sin ningún título. Solamente en 1983 había ganado la Copa del ejército soviética, una copa jugada en Bulgaria entre 1981 y 1990 equivalente a la Copa de la liga inglesa. Era el año 2004 y el Lokomotiv seguía con esa copa secundaria. Hasta ese año: la temporada 2003/04 ganó la liga de forma sorprendente gracias a un exjugador del club, Eduard Eranosyan, miembro de la comunidad armenia local. Fue una sorpresa. A la liga añadieron una Supercopa, aunque todo se rompió cuando el propietario, Georgi Iliev, fue asesinado por un francotirador en un ajuste de cuentas del crimen organizado local.

El derbi de Plovdiv, pues, enfrenta dos clubes de media tabla. Con unas gradas llenas de pasión y con demasiados chicos más pendientes de las peleas que de la pelota. Clubes con propietarios con intereses dudosos, con extranjeros que llegan, juegan un año y se largan, y sin aspiraciones de llegar a ganar la liga. Y pese a todo, sigue siendo un buen partido. Es el símbolo de resistencia de Plovdiv. La ciudad que pudo ser capital. Y no lo fue.

Foto de portada: MarcadorInt.

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