Colo Colo, del borde del abismo a las puertas del paraíso

Hinchas de Colo Colo. Foto bajo licencia Creative Commons 4.0.

Cuando Felipe González pitó el final del partido, los casi 30 mil hinchas de Colo Colo presentes en el estadio Monumental David Arellano vibraron; se levantaron de sus asientos y alzaron el volumen de sus cánticos. Hace unos días el equipo había sido derrotado en casa por Ñublense; esta vez no podía perder. Antes de que comenzara el partido, la Universidad Católica ya se veía en el espejo retrovisor; estaba a sólo dos puntos de Colo Colo en la tabla.  Ahora el Cacique volvia a tener cinco puntos de ventaja sobre uno de sus rivales de Santiago, que aún tiene un partido menos. Pero la confianza regresaba a sus niveles más altos; era importante ganar en casa. Los hinchas del Cacique sabían que cuando volvieran al Monumental, dos semanas después, se enfrentarían a un durísimo rival, su adversario por en la pelea por el título y actual tricampeón chileno, el propio Católica. Hace un año, si alguien viniera del futuro y dijera que Colo Colo estaría en la situación en la que se encuentra ahora, muy pocos lo creerían: el club más grande de Chile se encontraba en las últimas posiciones de la tabla y estaba en serio peligro de descender por primera vez en su historia. Sí, Colo Colo; el único club de Chile que ha jugado en todas las ediciones de la Primera División desde su creación. En este contexto llegaba Gustavo Quinteros a Santiago el 4 de octubre del año pasado. Quizá sólo él, que había ganado el título de liga con la Universidad Católica un año antes, creía en un futuro próspero para los albos.

De lo contrario, no habría hecho el viaje de Buenos Aires a Santiago en coche; sólo 1.900 km. Con los aeropuertos aun operando modestamente y la situación de la pandemia en un punto alarmante en Sudamérica, el entrenador boliviano de origen argentino optó por no esperar y decidió salir a la carretera en cuanto ultimó los detalles de su acuerdo con el gigante chileno, aceptando incluso un salario mucho menor del que recibía en su último club, el Tijuana mexicano, y del que percibía en la Católica. “Una acción vale más que mil palabras”, dice el refrán. El Cacique estaba hundido y sin confianza, sacudido por los problemas causados por la pandemia. Esa era la peor temporada en la historia del gigante del fútbol nacional. Gualberto Jara había dejado el mando del equipo en la jornada 13, cuando Colo Colo estaba 15º. Con la llegada de Quinteros, los albos cayeron aún más, llegando al último lugar de la tabla, donde estuvieron de la jornada 20 a la 28. En las últimas jornadas los de Quinteros lograron recuperarse, llegando a la 16ª posición, pero no se libraron del descenso en la temporada regular y tuvieron que jugar un playoff contra la Universidad de Concepción. En la temporada 2019 no hubo descensos en la liga chilena debido a los problemas causados por la pandemia, por lo que en la temporada 2020 bajarían tres equipos. Coquimbo Unido y Deportes Iquique, los últimos clasificados de la liga en 2020, descendieron directamente. Colo Colo, antepenúltimo de la liga en 2020, y Universidad de Concepción, penúltimo en la tabla de promedios de las temporadas 2019 y 2020, jugarían un partido único en campo neutral (el estadio Fiscal de Talca, a 270 km de Santiago) para decidir quién se quedaría en Primera.

“Ganan o los matamos” decía una pancarta en el estadio Monumental la semana anterior al partido. Fue el 17 de febrero de 2021 cuando Quinteros y sus hombres entraron en la historia de Colo Colo al evitar lo que hubiera sido un descenso catastrófico. El nombre del partido resultó ser un chico argentino de 19 años que había salido del Talleres de Córdoba, al otro lado de los Andes, sin haber jugado aún un solo partido profesional; sólo había disputado ocho encuentros con el gigante chileno, cuando fue titular en el que quizá era el partido más importante de la historia del club. El pibe marcó el único gol del encuentro. Y no fue un gol cualquiera. Pablo Solari sacó a bailar a dos defensas de la Universidad Concepción y luego soltó un derechazo. Era para muchos el gol más importante en los 96 años de historia de Colo Colo. Tal vez fue más importante el tanto de Lionel Herrera que les dio su único título de la Libertadores, en 1991, ante Olimpia, pero la trascendencia del gol del pibe fue sobre todo por lo que podía significar de cara al futuro. Una derrota significaría ir a la Segunda División, las consecuencias serían inconmensurables. Una victoria podría representar nuevas esperanzas, una reconstrucción, un nuevo horizonte. “El héroe de Talca”, fue como pasó a ser conocido el joven argentino, que no había llegado a la decena de partidos como profesional, tras la hazaña.

Seis meses después, el 4 de septiembre, el destino quiso que él volviera a brillar. En la misma ciudad. En el mismo estadio. Jugando esta vez en una final de verdad. Solari marcó el primer gol en la final de la Copa Chile ante el Everton de Viña de Mar, y aún daría el pase -sería demasiado llamarlo asistencia- para que Joan Cruz marcara el segundo en la victoria por 2-0. Fue un título para Colo Colo seis meses después de estar al borde del abismo. Los goles los marcaron un joven de 20 años y otro de 18, y ahí radica gran parte del éxito del Cacique en la presente temporada.

Al final de la temporada 2020, el club rompió con varios pesos pesados que tenía en la plantilla, jugadores experimentados como Esteban Paredes, Matías Fernández, Jorge Valdivia, Julio Barroso, Carlos Carmona, Pablo Mouche, Juan Manuel Insaurralde y Nicolás Blandi. “Las salidas renovaron absolutamente los liderazgos en el camarín y el ambiente se recompuso”, analizaba el diario La Tercera. Quinteros pidió refuerzos y fue atendido. Llegaron los argentinos Leonardo Gil y Emiliano Amor, que son piezas clave en la actual temporada. El otro argentino, el héroe de Talca, se quedó. Otros extranjeros importantes como el central uruguayo Maximiliano Falcón y el centrocampista peruano Gabriel Costa también se quedaron. A ellos se unieron los internacionales chilenos que ya formaban parte de la plantilla, como el portero Brayan Cortés, los laterales Óscar Opazo y Gabriel Suazo, el extremo Marcos Bolados y el delantero Iván Morales. Además de los refuerzos y jugadores que ya formaban parte de la plantilla, Quinteros, con el respaldo de la directiva, ha apostado fuerte por los jóvenes de la cantera: Joan Cruz (18), Luciano Arriagada (19), Vicente Pizarro (18), Jeyson Rojas (19) y Daniel Gutiérrez (18) han tenido un papel importante esta temporada. “El aporte de los jugadores formados en casa ha sido fundamental”, dijo el presidente del club, Edmundo Valladares, en una entrevista con La Tercera. “Lograron posicionarse de muy buena forma, fueron puntales varios de los muchachos en la obtención del título de Copa Chile y estamos convencidos de que poder generar las bases necesarias para que los jugadores formados en casa sean más protagónicos en el primer equipo masculino y femenino es clave, y creemos que es la mejor manera de reinsertar a Colo Colo en lo más alto no solo a nivel nacional, sino también internacional”.

Se trata, pues, de una filosofía diseñada por el club y puesta en práctica por Gustavo Quinteros. Apostar por los jóvenes, junto con la experiencia de algunos jugadores mayores (no estrellas casi retiradas) parece ser el único camino para los equipos sudamericanos frente a la feroz competencia de los gigantes argentinos y brasileños, que han dominado las competiciones continentales. Es lo que han hecho clubes como Defensa y Justicia e Independiente del Valle. “Si queremos competir a nivel internacional, no lo vamos a lograr si es por salir al mercado a comprar comparativamente con el mercado brasileño o el argentino, y al no existir un fair play financiero a nivel de Conmebol, se hace cuesta arriba”, explicaba el presidente. “Por lo tanto, Colo Colo tiene que volver a ser un club formador en todo sentido y creemos que si logramos desarrollar un proyecto que vaya de la mano con este rol protagónico de la cantera, es la mejor manera de reinsertarnos y competir de mejor manera a nivel internacional”.

Colo Colo es un gigante. Cuenta con 32 ligas ganadas, frente a las 18 de la Universidad de Chile -su archirrival- y las 15 de la Universidad Católica -que ha dominado el fútbol nacional en los últimos años-. Tiene también 13 Copas de Chile, frente a las cinco de La U y las cuatro de Católica. Además, es el único club chileno que ha ganado la Copa Libertadores. En 2021, tras el alivio que supuso mantenerse en la élite, el Cacique alcanzó la marca de 60.000 socios, un indicio de la importancia de ese gol de Solari. Si no fuera ese tanto, Colo Colo ahora podría estar jugando en los campos humildes de la Segunda chilena. Pero no. El sábado pasado, el estadio Monumental bullía de emoción tras la victoria por 2-0 sobre Huachipato con goles de Bolados y Gil. La confianza en los niveles más altos para el partido del día 24 contra la Universidad Católica. El partido que puede encarrilar a los albos a ganar el doblete de una vez por todas. En ocho meses, los hinchas de Colo Colo han pasado del borde del abismo a las puertas del paraíso.

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Foto de portada bajo licencia Creative Commons 4.0.

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